Carola fuentes

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A mediados de los años cincuenta, la Universidad Católica firmó un convenio con la Universidad de Chicago cuyo resultado fue la formación, inspirada en las enseñanzas liberales de Milton Friedman, de cerca de 25 jóvenes economistas : Los Chicago Boys. Años más tarde, al alero de la dictadura de Pinochet, tuvieron la oportunidad de poner en práctica sus conocimientos casi sin límites. ¿El resultado? El Chile neoliberal que conocemos hoy.

Para indagar en la historia de este grupo de economistas que cambiaron el destino del país, la periodista Carola Fuentes investigó durante cuatro años el tema y conversó con cinco de los Chicago Boys, que por primera vez revelan detalles de esta historia: Sergio de Castro, Ernesto Fontaine, Rolf Lüders, Carlos Massad y Ricardo Ffrench-Davis, además de su profesor de Chicago Arnold Harberger. La información recopilada dio vida al documental Chicago Boys, que ganó el premio a mejor director -para Carola Fuentes y Rafael Valdeavellano- en el último Sanfic y se estrena mañana, 5 de noviembre, en el Cine Arte Alameda.

En el documental queda claro que la dictadura fue refundacional. Pero antes de eso existió una pugna entre el estatismo militar y el neoliberalismo de los Chicago Boys. ¿Cómo convencen a la dictadura de implementar este modelo tan nuevo?

Fueron de a poco convenciendo a Pinochet de que este era el camino. Al principio el  ministerio (de Economía) estaba a cargo de los partidarios de que las reformas se fueran aplicando de forma gradual porque tenían temor del impacto que podían provocar en la población. Por otro lado estaban los Chicago Boys, muy impacientes porque encontraban que esto se demoraba mucho y que si se hacía de manera gradual no iba a tener el impacto que ellos creían que tenía que tener. De Castro cuenta que estaban en una reunión con los gradualistas y Pinochet dijo algo así como “Señores, lo que tenemos que hacer es tomar el sartén por el mango”. Entonces De Castro, desde atrás, tiró una talla: “¡Si es que queda mango!”. Pinochet lo miró enojado y lo llamó a reunión. En esa reunión más personal De Castro le pudo explicar cuáles eran los fundamentos de lo que querían hacer y parece que Pinochet de verdad se fue convenciendo y terminó siendo el gran aliado de ellos para aplicar estas medidas liberales.

Ricardo Ffrench Davis, que a pesar de ser Chicago Boy se muestra bastante en desacuerdo con lo que ha ido pasando, dice que sin la dictadura este modelo no se hubiera podido implementar.

Lo que dice es que en dictadura se hicieron cosas que en democracia no se podrían haber hecho. Se refiere a, por ejemplo, lo que pasó cuando se abrieron las fronteras. Quebraron muchas industrias porque no podían competir contra los productos importados que entraron con menores precios debido a los bajos aranceles. La quiebra provocó que Chile llegara a tener más del 40% de desempleo en los 80. Eran medidas tan impopulares que si no tenían la represión y la fuerza de los militares para contener este malestar popular… eso en democracia jamás se habría hecho. Todos los Chicago Boys están de acuerdo con eso: la dureza y la radicalidad de las medidas, debido a los efectos que provocaron en la población, hubieran sido insostenibles en una democracia porque la gente no lo habría permitido.

Deben estar agradecidos de la dictadura, antes de eso nadie pescó sus ideas.

Para ellos el golpe de Estado les dio la oportunidad de llevar las ideas al gobierno.

Sergio de Castro dice que cuando retomaron El Ladrillo (estudios económicos para aplicar un modelo neoliberal) nunca pensaron que esto iba a ser usado en dictadura, sino que era un “simple ejercicio intelectual”. ¿Qué opinaste de esa respuesta?

Le pregunté varias veces si es que él no sospechaba que lo que estaban escribiendo era para que lo aplicara un gobierno que estaba planeando en ese minuto derrocar a Allende. Pero él se quedó siempre en una sola respuesta. Incluso en un minuto le pregunté si él pensaba que esto podía ser aplicado por Allende. Me dijo “no, difícil en verdad”.

Algo similar pasa con el tema de los detenidos desaparecidos y las torturas. Él es enfático en responder que no tenía idea, que pensaba que eran rumores. ¿Realmente estaba nublado?

Ese fue un punto que yo investigué bastante y la explicación es que estaban concentrados en una sola cosa. Tenían que definir: si manifestaban su preocupación por los derechos humanos con la posible consecuencia de salir del gabinete y, por lo tanto, se quedaban sin la posibilidad de aplicar sus medidas; o seguían trabajando en lo que estaban haciendo sin interferir en lo que estaba haciendo el aparato de inteligencia de la dictadura. Y los hechos lo dicen por sí solos: ellos prefirieron y siguieron trabajando en los ministerios de Economía sin interferir en los otros ámbitos del gobierno. Tiene mucho que ver con los valores que tiene cada persona, porque hay otros Chicago Boys, por ejemplo Massad, que reclamaron y se alejaron.

Ahora que está sumamente clara la existencia de detenidos desaparecidos, torturas y fusilamientos, los Chicago Boys más duros, ¿sienten arrepentimiento de lo que hicieron?

No. Por los que yo entrevisté, la palabra arrepentimiento nunca fue pronunciada. Y las preguntas se las hice.

Sorprende que hablen con tanta libertad, ¿tuviste que convencerlos?

La mayoría accedió al tiro a la entrevista porque les pareció una buena oportunidad para dar su punto de vista y contar su versión de esta historia.

¿Están satisfechos con el modelo que impusieron en Chile? Se habla del “milagro de Chile”.

Están muy satisfechos del crecimiento económico que ha tenido Chile, pero creen que todo es mejorable. De hecho algunos creen que lo que está pasando (descontento social) es por culpa de las restricciones que hay a la libertad de mercado, que si hubiera más libertad de mercado esto funcionaria todavía mejor. Creen que las críticas al modelo vienen desde una izquierda muy política que quiere destruir todo lo que ellos han logrado avanzar. Y sus repuestas suelen ser muy en blanco y negro: si no te gusta este modelo, ¿entonces quieres volver a la UP? es como que no hubiera ninguna posibilidad de evolucionar o intentar otras alternativas.

Sergio De Castro y Arnold Harberger dicen que no logran entender las manifestaciones de los chilenos porque esta es la mejor economía de América Latina. ¿Hay una negación?

Más que negación, pareciera ser que a los economistas les cuesta conectarse con lo que le pasa a la gente común y corriente en la calle. Hemos vivido en Chile una desconexión cada vez más grande entre los economistas que toman las decisiones y los chilenos que viven los resultados de las decisiones que ellos toman.

Dicen que no les preocupa la desigualdad, que el problema es la pobreza y que la desigualdad es más bien envidia.

Esta es una respuesta decidora. Ellos dicen es que las cifras muestran desigualdad pero disminución de la pobreza. Pero eso es reducir el problema de la desigualdad a las cifras cuando en realidad lo más grave de la desigualdad es la sensación que sienten los que están más abajo: que están perdiendo y que hay otros que se están enriqueciendo a costa de ellos. Ese abuso, esa envidia, existe, y es lo que muchos dicen que nos está haciendo mal a los chilenos. Hay datos del impacto que tiene la desigualdad por ejemplo en obesidad infantil, delincuencia, conflictos sociales, suicidios, depresión.

Antes de mostrarlo, dijiste que este documental era para pensar en cómo queremos que sea Chile. Después de toda la investigación, ¿cuál concluyes que es el modelo que debería tener el país?

A mí me gustaría que viviéramos en un país que le diera más importancia a la colaboración que a la competencia. Donde nos preocupara más el bienestar de nuestra comunidad que el éxito individual, donde estuviéramos más concentrados en las palabras y los contenidos que en las cifras y las planillas Excel.

Eso es totalmente opuesto a lo que los Chicago Boys proponen y llevaron a cabo. Ellos hablan del egoísmo como motor, tú dices todo lo contrario.

Sí.

Mira el trailer a continuación: