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El encarcelado coronel Clovis Montero por el caso  de defraudaciones de diez millones de dólares, cometidas en el Ejército con los fondos de la Ley Reservada del Cobre, incluyó en la red de corrupción a un empleado civil de la institución, Danilo Alarcón.

Sin embargo, Alarcón negó todas las imputaciones ante la Justicia Militar. Eso sí, lo tienen en la lista de eventuales sospechosos por su amistad con Juan Carlos Cruz, el cabo que gastó más de dos mil millones de pesos en el casino Monticello y con quién compró un caballo fina sangre.

Según informa un reportaje de The Clinic, la relación de Alarcón con Cruz surgió paulatinamente en medio del trabajo y se reforzó con la afición compartida por las carreras de caballos. Ambos solían acudir al Club Hípico y festejar allí los premios que el cabo ganó en sus interminables jornadas de juego en el casino Monticello. En el 2008, incluso, compraron juntos el finasangre “El Concierto”, con el que ganaron algunas carreras corriendo bajo los colores del Stud Damaf, propiedad de Alarcón, cuyo interés en la hípica se remontaría a lo menos dos décadas.

Cabe destacar que actualmente, en medio de los malos ratos que le provocó el destape del caso, Alarcón dejó de tener caballos.

Alarcón, quien no quiso dar declaraciones en el reportaje, visita a hasta el día de hoy a Juan Carlos Cruz en su lugar de reclusión, el Regimiento de Policía Militar ubicado en Peñalolén. Con Montero, en cambio, la distancia es absoluta.

Pero no siempre fue así. Alarcón aseguró en un interrogatorio efectuado en agosto de 2014 que “el coronel Clovis Montero, previo a que lo ingresaran detenido, me pedía que lo fuera a buscar a su casa, ocasiones en que varias veces llorando me pidió que convenciera al cabo Cruz que se echara la culpa por los delitos investigados”.

Y así comenzó el fuego cruzado. El coronel Montero negó siempre estas supuestas escenas a la fiscal Jofré y apuntó que Alarcón acompañó a Cruz, cuando él le entregó una bolsa con 35 millones de pesos en el Club Hípico, dinero proveniente del cobro fraudulento de facturas ideológicamente falsas de la empresa Frasim, propiedad de Francisco Huincahue, el “indio”, otro civil formalizado y libre.

Luego el ingeniero en informática rechazó todo ante la VI Fiscalía Militar y aseguró que fue un invento de Montero. Comentó que estaba al margen de las defraudaciones cometidas por años con las compras de repuestos para vehículos militares, cuyo corazón operativo fue el Comando de Apoyo a la Fuerza, la unidad encargada de procesar justamente los gastos realizados con los fondos provenientes de la Ley Reservada del Cobre. Además, negó haber inutilizado uno de los servidores del Ejército, asegurando que ni siquiera lo conocía.

Sin embargo, Montero insistió sus acusaciones. Dijo que Alarcón y Cruz se llevaron parte del dinero defraudado al Ejército, el que supuestamente iba dirigido al general Héctor Ureta, de la División de Mantenimiento, llamado hoy a retiro. Montero también aseguró que fueron Alarcón y el cabo Cruz quienes le pidieron conseguir facturas ideológicamente falsas para Ureta.

Las investigaciones de la fiscal Jofré hasta ahora revelaron que existen unas 2.500 facturas presuntamente irregulares, algunas ideológicamente falsas y otras que ni siquiera tienen el timbre de Impuestos Internos. Las indagaciones apuntan, además, a que hay una veintena de sospechosos civiles y militares, supuestamente involucrados en el desvío de fondos provenientes de la Ley Reservada del Cobre. El fraude, ante el cual el gobierno ha mantenido un vasto silencio, supuso el pago durante años de reparaciones y compras de repuestos para vehículos militares que jamás fueron realizadas.

La fiscal Paola Jofré no puede detener a Danilo Alarcón porque la Justicia Militar ya no procesa a civiles, quien solo figura como testigo en la causa donde dos hombres que conocía terminaron transformándose en los principales sospechosos. La única autoridad que podría acusar a Alarcón es la fiscal Ximena Chong, quien encabeza la investigación contra los civiles que participaron en las defraudaciones, causa que es sustanciada desde 2014 en el VII Tribunal de Garantía de la Región Metropolitana. Hasta ahora, sin embargo, la fiscal Chong no ha entregado ninguna señal de que tomará medidas contra Alarcón, un ingeniero con amplios lazos en el fútbol y la hípica, además del propio Ejército, que ha sorteado con relativa inmunidad el terremoto del “Milicogate”, una de las mayores crónicas de corrupción en la historia del Ejército.

La amistad con Arturo Vidal

El 27 de septiembre de 2014 Alarcón junto a su señora llegaron hasta el Club Hípico de Santiago para asistir a la boda del volante del Bayern Münich, Arturo Vidal, a quien el ingeniero conocía en el ambiente de los caballos finasangre.

La televisión y los diarios captaron a Alarcón entre los asistentes, en medio de la sorpresa de sus superiores. Pero sus redes con gente del fútbol comenzaron antes, desde su amistad con Osvaldo “Arica” Hurtado, con quien comparte asados en Batuco.

Alarcón se ha alejado de gran parte de sus amistades, por eso confesó a través de su Facebook que se ha portado “ingrato”. Sin embargo, no ha dejado de acudir regularmente a ver a Juan Carlos Cruz al recinto penal ubicado en Peñalolén.