En Punta Arenas dicen que Barrientos es un apellido chilote muy común. Como se sabe, los chilotes son uno de los pueblos más extensivamente presentes en la población de la ciudad. Los otros son los descendientes de croatas, avencindados allí desde el siglo XIX. Oscar Barrientos Bradasic tiene, al parecer, de ambas cosas. Es novelista, poeta y profesor en la Universidad de Magallanes y ha obtenido en Cuba el premio Julio Cortázar en agosto pasado.

Recientemente la revista cubana Bohemia conversó con Barrientos sobre literatura, política, y por cierto, sobre Cuba. Allí confesó el escritor haber estado ya una vez en la isla, en 1998. “Fue una experiencia inolvidable  haber compartido con amigos en las calles de La Habana Vieja y en el soberbio malecón a mar abierto. Es un país donde el Caribe y el barroco encuentran un singular coloquio de luces y sombras. Recordé el poema “Escrito en Cuba” del chileno Enrique Lihn”, y añadió: “Percibo que la literatura -y por cierto la cultura cubana- es una de las más vitales.”

Los contextos formativos del escritor son sin embargo muy diferentes, y están relacionados con el especial arraigo que exhiben los magallánicos. “Tengo una visión profundamente territorial y sin duda que haber nacido a orillas del estrecho de Magallanes genera en sus habitantes una mirada de dos océanos. De igual manera mi escritura está marcada por el viento, por una concepción rotunda de lo meridional, por la necesidad fundacional de construir un discurso desde el fin del mundo.

“Naturalmente, que vivir en la ciudad continental más meridional del globo condiciona una práctica territorial de la escritura, algo ligado profundamente al oficio cotidiano de la antípoda. La bitácora de Pigafetta, la novela de navegación desde Conrad hasta Coloane, la poesía tremendista, el cine de ciencia ficción forman parte de mi construcción cultural. Escribir en la provincia es probablemente un mal cenáculo, pero un gran laboratorio donde operan todos los materiales de la alegoría. Quiero decir que el escritor está invitado a reconciliar tradiciones variadas, a repensar los símbolos de su territorio, quizás desmitificándolos”, añade. De esa suerte, la suya es una escritura humedecida por los mitos del último sur, por el influjo de la Antártica, y por cierto, por la experiencia del viento.

“Mi escritura está marcada por el viento, por una concepción rotunda de lo meridional, por la necesidad fundacional de construir un discurso desde el fin del mundo.”

El Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2015, concretamente, le fue otorgado a Óscar Barrientos por el cuento “Quillas como espadas”, del que el escritor ofreció una primera mirada en la entrevista: “Quillas como espadas surge producto de un viaje que hice a la Antártica hace un par de años, lo que resultó una experiencia alucinante, de explorar un lugar onírico, casi como visitar otro planeta. En ese territorio se genera la noción de un viaje hasta el límite donde se fragmenta la tierra y donde emerge un mundo tan cercano para nosotros los magallánicos pero tan profundamente desconocido. Sitúo una especie de pareja pos-apocalíptica en el universo antártico.”

En la conclusión, Barrientos Bradasic añadió que “simplemente -como chileno- quiero reiterar mi admiración por la tenacidad del pueblo cubano, que ha inspirado a América Latina en sus luchas de liberación y forja de su destino”, recalcando la enorme relación que desde el gobierno de Salvador Allende han tenido ambos países.