… “este es el tipo de éxitos que puede obtener una ciudadanía perseverante y organizada, acompañada por autoridades decentes y cercanas”.

Ya nos había pasado con los anuncios de congelamiento de las cuentas del agua y las rebajas en las cuentas del gas. Las aceptamos sin hacer escándalo porque nos convenía aunque en nuestro fuero interno, todos supimos que esto era extraño. Los paranoicos aseguraron que se trataba de un encubrimiento de ganancias exorbitantes e indebidas de las empresas de servicios.

La Farmacia Popular del alcalde Jadue y de los habitantes de Recoleta es de esas noticias que de tan buenas nos dejan inconscientes. Ha pasado una semana desde su anuncio y ya está claro que el Estado compra los remedios cinco o cuarenta veces más barato que los particulares. Las cifras son muy grandes. Llevamos muchos años quejándonos de la carestía de los remedios y de pronto, resulta que con una adecuación reglamentaria y poco más, la población podría acceder a medicamentos baratos.

Seamos sobrios. Este viejo comentarista sacó la cuenta de que su ahorro mensual en remedios podría ser de 45 mil pesos –sobre un costo actual de noventa mil durante los últimos diez años-. Lo que he pagado de más, contribuyendo al desarrollo de la industria de laboratorios y farmacias en diez años, son cinco millones cuatrocientos mil pesos.

Esta es una de las mayores contribuciones forzadas del público a las ganancias de sectores empresariales maleados. Lo increíble es que las autoridades lo sabían y, en el mejor de los casos no lo entendían. En el peor, estaban coludidos. No se nos ocurrió que el Estado podría compartir las ventajas enormes de su capacidad para comprar barato.

Farmacia

¿Tenemos tan interiorizado el Estado subsidiario que no vemos más allá del mundo que nos pintan los carteles privados? Lo cierto es que nuestra ceguera y la ineptitud de nuestros controles transforman a este sector en el modelo perfecto y concreto de la economía chilena del abuso.

Tengo amigos que no le dan importancia a las colusiones y los monopolios. Después de todo, el desarrollo tiene costos y desbordes que no empañan el desempeño del país.

Lo que la economía no mide es la extensión y la profundidad del daño causado por las colusiones. La suma del sobre pago ilegal por los remedios, el papel confort, el transporte, los servicios básicos, las comisiones de servicios financieros, los pollos, los chanchos, los aviones, los buses y las carreteras, pueden llegar a representar hasta un quince por ciento de los ingresos de familias vulnerables.

Lo increíble es que las autoridades lo sabían y, en el mejor de los casos no lo entendían. En el peor, estaban coludidos. No se nos ocurrió que el Estado podría compartir las ventajas enormes de su capacidad para comprar barato.

Los monopolios afectan a las familias en las que los gastos pesan, no afectan necesariamente a la economía. La economía es un sistema de estadísticas que, en la teoría, chorrea buenos números del más grande al pequeño pero que, en la realidad se da por conforme con el crecimiento de los grandes.

Lo que la economía no mide es la extensión y la profundidad del daño causado por las colusiones. La suma del sobrepago ilegal por los remedios, el papel confort, el transporte, los servicios básicos, las comisiones de servicios financieros, los pollos, los chanchos, los aviones, los buses y las carreteras, pueden llegar a representar un quince por ciento de los ingresos de familias vulnerables.

Si un sexto de sus entradas no lo emociona, supongamos que su ingreso es de 450 mil pesos al mes, entonces, el 15% que usted generosamente dona a la suma de los monopolios es de 67.500 mil pesos mensuales. Sin contar en este chaucheo la donación del vuelto en los supermercados.

Foto: eldesconcierto.cl

Foto: eldesconcierto.cl

¿Cree que estoy exagerando? ¡Haga el ejercicio! Haga memoria de los escándalos de colusión de los últimos tres años y saque las cuentas. No crea en que ‘así son las cosas’. La resignación de la gente es la principal fuente de ingresos de todos estos frescos.

Es cierto que en la canasta familiar hay bienes que se favorecen de la libre competencia. La ropa, la tecnología y aparentemente las hortalizas obedecen a precios de mercado. No estamos completamente sumergidos por los monopolios.

Es cierto también que los medios simplifican y que las cosas son más historiadas y más complejas que un simple acto de engaño extracción general de sobre precios. Los relieves y los matices no disminuyen, sin embargo, la monumentalidad del problema. ¿Cuántas veces cabe La Polar en este acto de inflación artificial? ¿Cuánto pesa aquí el fracaso de las instituciones? Trabajo para algún economista curioso, si hubiera alguno.

No crea en que ‘así son las cosas’. La resignación de la gente es la principal fuente de ingresos de todos estos frescos.

Los riesgos de no estar alertas son los siguientes: Con el paso de los días, el impacto de este hallazgo genuinamente popular se va a amortiguar. Las nuevas farmacias van a ser enredadas en innumerables trámites burocráticos, en objeciones técnicas y maniobras de manipulación de laboratorios y grandes grupos farmacéuticos. El rango de los remedios disponibles se va a ir reduciendo y vamos a terminar en un episodio de moderación menor de los precios. Esto es demasiado bueno para permanecer, demasiado grande para los políticos y difícil de sostener por los medios. Es cuestión de ver la rapidez con la que se recomponen las empresas coludidas después de los escándalos que han generado.

Sin embargo, no hay que olvidar que este es el tipo de éxitos que puede obtener una ciudadanía perseverante y organizada, acompañada por autoridades decentes y cercanas.


Director Fundación Chile Ciudadano