Es un hecho. La agonía de los estados de bienestar, el declive de la social democracia, el fracaso de los gobiernos socialistas y populares, las crisis económica y humanitaria, junto a la llegada de refugiados sirios, marcan el ascenso de la xenofobia y las posiciones más radicales en el viejo continente.

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Mientras la canciller alemana, Angela Merkel, a finales de agosto de este año exigía una mejor repartición entre los Estados europeos para recibir a los refugiados sirios, aparecía un camión en la frontera entre Austria y Hungría con 50 cadáveres, una embarcación con cientos de personas naufragando en el Mediterráneo y la muerte de Aylán Kurdi, el niño sirio de tres años hallado en las playas de Turquía, conmovía a todos.

El mundo ha sido testigo de cómo Europa ha tenido que afrontar el éxodo de refugiados, junto al auge de las protestas contra la inmigración y apogeo de la islamofobia en el corazón del continente. Exactamente dos días antes de que Francia sufriera el ataque a la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, en Alemania, el movimiento Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida por sus siglas en alemán), concentraba 18 mil personas en Dresden, una manifestación que se replicaba en Berlín, Colonia y Stuttgart. El miércoles 7 de enero, cuando la redacción francesa se tiñó de sangre, Pegida creyó tener razón.

Automáticamente se alzaron las voces contra los asesinos que sesgaron la vida de 11 caricaturistas franceses, en lo que fue calificado de un atentado contra la libertad de expresión y producto del fanatismo religioso. Aquel discurso, que no se oyó ante el secuestro de niñas en Nigeria y ante los atentados en Túnez, fue capitalizado por los grupos de extrema derecha europeos quienes habían hallado el “enemigo común” al que se refería el ministro de Propaganda Nazi, Joseph Goebbels.

Unión Europea y euroescepticismo

Escudados bajo la bandera del fracaso del proyecto de la Unión Europea y con el pretexto de la crisis económica, los partidos de extrema derecha han coincidido en agruparse entorno al euroescepticismo. Así las cosas, la disputa entre derecha e izquierda es desplazada por una nueva contradicción: unión vs euroescepticismo.

El triunfo en las últimas elecciones de Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional francés, marcó el inicio de la disputa con la creación de un nuevo grupo parlamentario de extrema derecha en la Eurocámara. El 15 de junio de este año nació Europa de las Naciones y las Libertades (ENF), alianza integrado por el partido de Le Pen, el holandés Partido por la Libertad, el Partido de la Libertad de Austria, el partido Interés Flamenco de Bélgica, Liga Norte de Italia y dos eurodiputados independientes del Reino Unido y Rumania. En total conforman un grupo de 38 europarlamentarios.

Poco más moderados que el ENF, Europa de la Libertad y la Democracia Directa (EFDD) marca también distancia ante populares, socialistas y liberales. La alianza es encabezada por el xenófobo y nacionalista Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), que si bien sólo obtuvo 1 escaño en las elecciones locales, consiguió casi 4 millones de votos. Junto a UKIP, en el EFDD cohabitan partidos y eurodiputados independientes de Italia (Movimiento 5 estrellas), Francia, Suecia (Demócratas de Suecia), Polonia, República Checa (Partido de los Ciudadanos Libres) y Lituania (Orden y Justicia), son igualmente euroescépticos y comparten el criterio junto al grupo de Le Pen en agudizar las políticas que frenen la inmigración, sancionen a indocumentados, aumenten las deportaciones, recorten los derechos a quienes ya están en Europa y aumente la represión contra los que intenten llegar al contiene. Ellos tienen 45 escaños en la Eurocámara.

Estas dos facciones, sumando los votos del grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (euroescépticos también), congregan un núcleo que representa el 20,5% del Parlamento Europeo frente a socialistas (25,3%), liberales (9,3%) y populares (29%), estos últimos, miembros de la Unión Internacional Demócrata con sede en Oslo y a la que en Chile pertenece la UDI.

Una nueva Europa

Tras la caída del Muro de Berlín, la Unión Europea adoptaron las ideologías y políticas neoliberales. Una Europa consolidada se avecinaba, hasta que la recesión que inició el 2008 debilitó los cimientos del sistema y aceleraron el empeoramiento en los índices de pobreza y salud de las clases medias europeas, significativamente más en los países denominados por los medios financieros anglosajones PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España).

Poco a poco va quedando en el olvido la Europa que acogió en su seno a miles de inmigrantes y refugiados políticos latinoamericanos, africanos y asiáticos que huían de las represiones y las dictaduras en sus países durante la década de los 70. Una de las naciones que más se destacó en este tipo de gestos fue Suecia, principalmente durante el mandato del socialdemócrata Olof Palme. Pero ahora los suecos demandan mayor interés para los ciudadanos de ascendencia local, mientras que la xenofobia y el racismo se hicieron visibles en las elecciones presidenciales de 2014, que si bien marcó el retorno de la socialdemocracia a la cabeza del gobierno, también signó el auge del partido de extrema derecha Demócratas de Suecia, como la tercera fuerza política del país escandinavo.

El peligro de una quiebra del Estado de bienestar, el final de las prestaciones sociales, los sistemas públicos de salud, son armas políticas utilizadas contra la población extranjera. Pero sin dudas que la herramienta que mejor ha funcionado ha sido la alarma constante que ha generado el terrorismo islámico, el cual los partidos de extrema derecha tratan de vincular con la inmigración excesiva y los dos atentados ocurridos durante este año en Francia.

Hay que anular Schengen (acuerdo para que quienes entran o residen en un país de la Unión Europea, circulen libremente por el resto de los países) , impedir a los excombatientes extranjeros que vuelvan. Europa nos ha debilitado imponiendo una apertura total de las fronteras”, señaló Marine Le Pen, líder del Frente Nacional en enero pasado ante el Parlamento Europeo.

Precisamente es Francia uno de los países donde la extrema derecha ha alcanzado una importante cuota de poder institucional. Es tanto el auge de la extrema derecha francesa, que en el caso de ser hoy la primera vuelta de las elecciones presidenciales, y no en 2017, Le Pen ganaría (27%), secundada por el conservador ex primer ministro, Nicolás Sarkozy (24%), según las encuestas locales, dejando fuera al socialismo de François Hollande y a la izquierda.

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