¿Cuáles son los impactos en la salud mental de las mujeres afectadas por la violencia sexual y la tortura?
-Los impactos en la salud mental de las mujeres son variados. En nuestra experiencia, hemos encontrado varios ciclos; al principio, el desamparo es total pues se revive el miedo a la violencia sexual que tenemos las mujeres en las sociedades patriarcales, y está unido a un dolor emocional. Además hay una desconexión con el cuerpo -como mecanismo de defensa- ya que el cuerpo es la prueba de la experiencia traumática.
¿Cómo se manifiesta esto?
-Lo que pasa es que las mujeres re-experimentan el hecho traumático. Tienen pesadillas, ataques de pánico en distintos contextos: en el bus, en una noche cualquiera mientras caminan cuando algo les recuerda el hecho. A veces hay reacciones de mucha agresividad hacia algunas personas, hacia los hombres, o el compañero afectivo. Esto depende de las circunstancias en que se dieron los hechos.Cuando el evento ocurre en presencia del compañero afectivo, esto afecta la relación de pareja, se culpa al otro, se le exige lo que no puede hacer, la agresividad aparece como mecanismo de defensa. Muchas veces las mujeres se culpan por los hechos y, de una manera inconsciente, se castigan.
¿De qué forma?
-Cuando vuelven a sentir placer sexual, por ejemplo, hay una tendencia a no sentirse merecedoras de volver a disfrutar la sexualidad porque es como si estuviera mal, esto afecta sus experiencias eróticas y afectivas.

Otras afectaciones están relacionadas con la desconfianza hacia los hombres, es una afectación alrededor de lo masculino, muy fuerte, y obviamente hay daños físicos -pues comprendemos la salud de las mujeres de una manera holística- no separamos el cuerpo de su universo emocional.

La violencia sexual tiene consecuencias físicas como un embarazo no deseado, el VIH, el papiloma y algunas veces, por la sevicia con la que se comete la violación, hay afectaciones en las rodillas y los brazos porque la violencia ocurre en una situación de tortura. Estas experiencias dejan mucho dolor y son difíciles de procesar.

No a todas mujeres les ocurre lo mismo, pero hemos encontrado estas constantes.

 

¿Qué lenguaje utilizan ustedes para referirse al impacto de la violencia sexual en la salud mental?
-Nosotras hablamos de daños psicosociales, daños en la salud mental, entendiéndola como la posibilidad de bienestar que tienen las mujeres. En esa medida los daños son interpretados como los malestares asociados a las experiencias traumáticas como la violencia, que dejan secuelas tanto en quienes las padecen como en quienes son testigos.

No hablamos de patologías. Creemos que lo que les ocurre a las mujeres después de las experiencias de violencia son reacciones normales que tiene un ser humano y que lo anormal es la experiencia de violencia. Que hay algunos casos que tienen algunos agravantes sí, pero desde nuestro enfoque de acompañamiento no privilegiamos ese lenguaje.

 

¿Qué tipo de acompañamiento ofrecen ustedes a las mujeres?
-Nuestro acompañamiento promueve lo colectivo y que las mujeres compartan con otras mujeres que han sido víctimas porque así crean lazos de solidaridad, de comprensión. Además van de la mano lo psicosocial y lo jurídico, y en algunos casos ofrecemos espacios terapéuticos porque no tenemos la capacidad institucional para hacerlo siempre.
¿Qué metodología siguen en los programas?
-Por ejemplo tenemos un proceso de acompañamiento que se llama Memoria Soy Yo, en el que las mujeres pasan por tres espacios: una reflexión crítica feminista de la memoria alrededor de las mujeres; luego se les enseña lo básico en fotografía, las invitamos a tomar fotografías de sus experiencias de vida, a que narren lo que quieran, y, posteriormente, se hace una exposición y se publica un libro. Las mujeres son las expositoras de la galería, este es un proceso catártico. Después de los procesos colectivos quienes lo deseen pueden tener un espacio de acompañamiento individual.

 

¿Y cómo es ese acompañamiento indivual?
-En los espacios individuales hacemos una revisión muy cuidadosa de sus experiencias de dolor y aportamos elementos, desde la teoría crítica feminista, que permitan comprender por qué ocurren estas violencias. Esto les ayuda a no culpabilizarse, a fortalecer la autoestima y promover la autonomía. Hay casos en los que hemos acompañado a una mujer durante seis meses, pero llega un momento en que no vuelve y, de pronto, regresa al año; otros, los atendemos con mucha intensidad, viéndonos cada quince días, y otros cada mes. Las mujeres tienen sus tiempos y hay que respetarlos.

 

¿De que manera afecta a las mujeres la imposibilidad de ejercer su liderazgo político?
-Muchísimo. En el caso de las lideresas el patriarcado ejerce una presión muy fuerte sobre ellas con el fin de constreñirlas en el ámbito privado. Muchas veces, los castigos por participar políticamente son la violencia sexual, las amenazas, el reclutamiento de sus hijas e hijos y el asesinato de sus familiares.

La restricción de la participación de las mujeres, además de quebrantar la posibilidad de ejercer su ciudadanía plena, deja daños muy fuertes.

A veces los actores armados logran que las mujeres bajen su perfil político, pero muchas continúan pues las mujeres que ejercen liderazgo tienen unos niveles de resistencia impresionantes. Entre las afectaciones más comunes que experimentan están la zozobra -ante las persecuciones constantes y las amenazas- la desconfianza, el miedo, y la irritabilidad porque está en riesgo la vida.

 

¿Qué recursos emocionales de las mujeres favorecen su recuperación?
-El baile, el arte y la escritura son algunos de esos recursos que usan las mujeres para llevar a cabo sus procesos y nosotras las acompañamos.
Algo que motiva mucho es que esto no le ocurra a otra mujer. Para algunas se vuelve muy importante narrar lo ocurrido, hacer visible lo que pasa con las mujeres en Colombia y ser una voz de esperanza para otras; en otras es una apuesta política que la violencia sexual no quede en la impunidad. Las mujeres se ayudan espontáneamente, se conectan a través de las redes sociales y los conversatorios, tejen sus propias redes de apoyo.

Nosotras las guiamos para que la primera motivación sean ellas mismas porque a veces las motivaciones son otras, como por ejemplo los hijos, y es válido pero en el proceso de ganar autonomía se espera que lo más importante sean ellas mismas. Es un proceso lento.

 

¿Qué importancia tienen los elementos culturales en la recuperación de estas mujeres?
-Son fundamentales y lamentablemente son precarios porque en nuestra sociedad hay un sistema de creencias y de prácticas alrededor de la violencia sexual donde se termina revictimizando a la víctima. Esto ocurre sobre todo en los sistemas judiciales y de salud donde se crea un contexto agresivo y esto se convierte en una experiencia traumática adicional. Creo que las organizaciones sociales de mujeres terminan siendo el único lugar acogedor.

 

¿Qué les dicen las mujeres víctimas?
-Algunas nos han dicho: “Yo acá es la primera vez que dejé de sentirme loca porque en todos lados sentía que me trataban como si estuviera loca”. Además, los medios de comunicación son terribles; la forma como hablan en las emisoras sobre casos de violencia sexual con amarillismo y cuestionando la ocurrencia de los hechos.

Estamos en una cultura patriarcal en la cual las acciones de resistencia de la mujeres se ven con sospecha y hay una naturalización, en zonas de conflicto, de la violencia y de la prevalencia de la violencia sexual.

Entonces uno encuentra relatos como: “Pues es que acá a las niñas las violan a los diez años”, casi como un orden social y se convierte en algo natural. ¡Es muy difícil! Hay mucho miedo, una de las formas en las que opera la violencia sexual es instalando la vergüenza y la culpa.

campañamujeres
¿Aplican ustedes un enfoque diferencial para las mujeres afrodescendientes e indígenas?
-Tenemos una mirada crítica frente al proceso de colonización de las mujeres afro e indígenas. Somos conscientes y lo hacemos explícito, hablamos sobre ser mujer y estar en un contexto geográfico particular y racista que incrementa los tipos de violencia; esa es nuestra mirada diferencial, la reconocemos y la ponemos sobre la mesa.

Entendemos nuestras diferencias, porque nosotras somos mujeres académicas, estamos en la ciudad y tenemos privilegios. Por eso, nos comprometemos a contribuir en la construcción de un país a medida de todas las mujeres porque somos bien distintas.

Hacemos unos acuerdos con las mujeres: hablamos de que somos diferentes, ponemos límites, hay temas de los que no conversamos como la política partidista y la religión. Los espacios de cierre de los talleres los construimos con ellas; con las mujeres afro cantamos alabaos.

 

¿Las mujeres evalúan el acompañamiento que ustedes les ofrecen?
-Cuando tenemos proyectos que nos permiten sentarnos con las mujeres y evaluar, se hace. Las mujeres tienen autonomía sobre sus casos y su experiencias, algunas sienten que no tienen un contexto seguro para denunciar y no denuncian. En todo caso, la violencia sexual no prescribe y en cualquier momento pueden denunciar.

 

¿Cree que el Programa de Atención Psicosocial y Salud Integral a Víctimas[i] (Papsivi) responde a las necesidades psicosociales de las mujeres que sobrevivieron la violencia sexual y la tortura?
-Frente al Papsivi cuestionamos su ejecución, su implementación, el tiempo en que tardó en formularse, los contratos que hubo no fueron muy explícitos, las formas poco participativas en que se consolidaron las guías, pero también creemos que las instituciones van avanzando y haciendo esfuerzos, muchas veces en cobertura, pero no sabemos qué tanto en calidad.

En nuestra experiencia, el Papsivi en Buenaventura en el año 2014 no operó. Entonces uno dice: ¿Buenaventura uno de los sitios más críticos en violencia sexual y que no opere el Papsivi[ii]? Que la Unidad de Víctimas estuviera en Cali y sea esto difícil para la gente, son aspectos cuestionables.

Existe una página que permite ver cómo está operando el Papsivi pero no conocemos un informe oficial que dé cuenta de la calidad de esa atención.

También creemos que, a veces, hay desarticulación entre el Ministerio de Protección Social y la Unidad para las Víctimas. No obstante, en el sistema de salud hay algunas instituciones que han avanzado más que otras, muy lentamente, como por ejemplo Medicina Legal; pero jamás los avances son suficientes para las necesidades del contexto.

 

¿Cuáles son sus recomendaciones para periodistas y académicos que escriben sobre violencia sexual y tortura?
-Primero revisar cuáles son sus prejuicios frente a la violencia sexual y cómo se evidencian cuando narran un caso de violencia sexual; segundo, respetar el principio de confidencialidad porque muchas veces en los afanes del sensacionalismo se flagela la dignidad de la persona; tercero, centrarse en la relación de subordinación entre la víctima y el victimario para que se cree una solidaridad social alrededor de la víctima y una sanción social alrededor del victimario.

No crear especulaciones en las cuales se cuestiona el relato de la víctima, ser cuidadoso con las fuentes, no acelerarse a comprender demasiado rápido, tener una postura reflexiva y crítica sobre por qué ocurre la violencia contra las mujeres.

Hay que leer alrededor de las cifras, oficiales y no oficiales, sobre violencia sexual, evitar el uso sexista del idioma y cuidar la forma en que se enuncia la experiencia de la persona porque muchas veces ésta resulta revictimizante.

¿Es necesario utilizar siempre la imagen de una mujer sexualmente victimizada?
-Yo creo que no. ¿La pregunta es para qué? ¿Es útil?

[i] https://www.minsalud.gov.co/proteccionsocial/Paginas/Victimas_PAPSIVI.aspx

[ii] Este año, 2015, el Papsivi es ofrecido también en Buenaventura.