La profunda necesidad de levantar medios alternativos al establishment ha sido una imponderable de muy difícil resolución en los medios de comunicación chilenos.

El panorama desolador del discurso público nacional establece como en todos los sectores de la sociedad hay una concentración altísima de los medios y sus estructuras de propiedad, por tanto, de sus relatos y posicionamientos en la opinión pública. Así la reproducción de este modelo ha implicado a estas alturas la construcción de un imaginario colectivo mass mediático donde se opina en muchos casos tecleado por lo que instalan los grandes intereses.

La carencia de un periodismo investigativo de buen nivel en Chile también da señales de una fiscalización exigua por parte de los medios, pensados como el ideal de un contrapoder democrático. Aquí los soportes construyen más bien una realidad particular, segmentada, cosista, y carente de toda profundidad. Es la labor de los medios alternativos generar un registro y una imaginería distinta donde los sujetos invisibilizados tengan vos y donde los contenidos no mostrados tengan difusión.

Se trata de identidades históricas, pero también de identidades nuevas, el barómetro de fenómenos sociales subyacentes, las nuevas baterías culturales de la composición más tribal de las subculturales deviene en complejidades alternativas, donde la hebra no es siempre interpretable desde la matriz de un marxismo añejo, ortodoxo y estructural, donde más bien se modela la conciencia del sujeto fuera del sujeto, fuera de su diacronía, y esto es una necesidad fundamental, el interpretar las claves con la historia y complejidad que tienen, los modelos facilistas construidos para interpretar son muy estrechos y superados por la gran complejidad que han adquirido las dinámicas sociales de la globalización, y los cambios en la densidad interviniente de los capitales en el mundo, transformados en un capital financiero que actúa como un fantasma microfisico, como diría Foucault, que está en todas partes al mismo tiempo como una red preponderante que asfixia la vida social transmutándola como un producto directo del capital, sin mediaciones, a la larga la consolidación de este modelo en el mundo es lo que ha significado que la pulsión del capital actúe remoto en la conciencia de miles, en la construcción de ese “hombre imaginario” que declara la posmodernidad poética de Parra como un sustrato que al final vive en una parte y que es una arquitectura epocal de la conciencia, lo que Marx describiría en uno de sus aciertos más fundamentales de su producción intelectual, la idea de la “falsa conciencia”, esta idea es central para definir como se articula un sentido mundial con las ideas del terrorismo, la democracia, la seguridad, y otros conceptos que vehiculan formas de esgrimir la realidad.

En este, y otros sentidos la posmodernidad como espacio crítico es una oportunidad de revisión para mejorar las teorías y prácticas de la emancipación que es un horizonte siempre pendiente y hasta ahora inacabado en la historia de la humanidad.

La cuestión epocal no es posible abordarla con las tecnologías críticas anquilosadas, es necesario mantener posiciones en un marxismo interpretativo que ha demostrado a pesar de los devenires que su fortaleza conceptual y explicativa sigue teniendo una de las visiones más completas sobre la radiografía al capitalismo, y esto es irrefutable. Pero las concepciones de vanguardia y la necesidad de prácticas sociales distintas para construir unas políticas distintas, es una necesidad de discusión problemática absolutamente abierta, la experiencia de los “socialismo reales” plantea esta cuestión en el fondo como un ineludible y solo un profundo pragmatismo estrecho puede presentar esto como algo que podemos obviarlo.

El triunfo cultural del neoliberalismo a través de la configuración discursiva de los medios, también es una demostración más de su hegemonía ideológica sistémica, jurídica, técnica, discursiva y militar, pero antes que todo eso, y como una instalación al centro está la hegemonía cultural, en un enclave donde los discursos de la emancipación habían generado avances y posicionamientos hegemónicos importantes en el siglo pasado, hoy eso es historia y la dominación monetarista nos tiene inyectados hasta la medula de las pulsiones deseantes que dimensionan una red de sentidos, al final la legitimidad de una forma de dominación, cuestión en la cual los medios de comunicación tienen un rol hermenéutico muy relevante.

Es imposible hoy construir un discurso representacional coherente sin abordar los contenidos profundamente culturales que nos depara la encrucijada de América Latina, nuestra identidad y nuestras premisas proyectuales como región solo pueden validarse en el mundo global como una región de profunda desigualdad, y donde los derechos sociales deben ser el pilar de los derechos políticos, donde la diversidad y el multiculturalismo asoman como una condición de planteo de las teorías de la emancipación.

Es por eso que medios como el diario electrónico el Desconcierto cumplen un rol de extremada relevancia, porque sus dinámicas están asociadas a la visibilización de los actores sociales, a la producción divergente, a la opinión crítica, tan necesaria para no construir visiones de la emancipación a la medida de actores que utilizan ese espacio simbólico, pero que al final siempre han sido funcionales al statuo quo, nos referimos a hace gatopardismo cultural tan enquistado a estas alturas en nuestra convivencia nacional.

Abrir la matriz, tiene que ver con la impronta de este diario, abrir el sentido de un país distinto, sentido que la sociabilidad chilena comienza a sospechar como un horizonte posible, como un espacio para ensanchar las alamedas hasta parir un país y un mundo libres de las cadenas prehistóricas de un capital que con nuevo rostro intenta confundir las explicaciones de fondo y sus soluciones estructurales, epocales, revolucionarias.

Ya quisiéramos una ley de medios que reflejará una real matriz democrática, avanzar en esto como en la difusión crítica del modelo es una necesidad y una responsabilidad que Desconcierto cumple en su espíritu de existencia.


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