Uno que no tiene amigos brasileños o no acompaña los medios en portugués quizás ni sepa que el país de Dilma Rousseff vive una de las catástrofes ambientales más terrible de su historia. Y quizás aun así es capaz de no saberlo.

Los medios chilenos prácticamente ignoran lo que pasó el 5 de noviembre en la ciudad de Bento Rodríguez, en el interior del Estado de Minas Gerais, a 110 kilómetros al este de la capital Belo Horizonte. Una represa de la empresa minera Samarco se rompió y empezó a despejar miles de toneladas de basura tóxica al Río Doce, uno de los más importantes de la región central de Brasil. Rápidamente, la basura consumió todo el valle del Río Doce, casi todo el pequeño poblado de Bento Rodrigues, perteneciente a la ciudad de Mariana, que es uno de los más importantes sitios históricos de Brasil – donde están las estatuas del artista barroco Aleijadinho, entre otras atracciones.

El lodo tóxico liberado por la ruptura de la represa fue devastando todo a su paso y avanzando por todo el Río Doce rápidamente, hacía el océano, en velocidad inversa a la que la noticia repercutía en los grandes medios de comunicación brasileños – aunque más que lenta, la información llegaba de forma imprecisa, y no de forma casual. Poco se sabía sobre el número de víctimas fatales, las especulaciones sobre la cantidad de desaparecidos, rescatados y desplazados no llegaban a un acuerdo. Los comunicados oficiales terminaron cerrándose en cifras que apuntaban 11 fallecidos y 15 personas desaparecidas, pero ¿desde dónde surgieron esos comunicados oficiales?

Los reporteros que fueron a la ciudad de Mariana – de medios de menor difusión o de agencias internacionales, ya que las grandes cadenas del país preferían cubrir solamente desde los comunicados oficiales – descubrieron la razón de esa inconsistencia informativa, e incluso de la falta de interés de los grandes medios, que reproducían el discurso de que lo que pasó fue un accidente, una trágica casualidad.

La empresa Samarco logró, en cosa de pocos días, controlar toda la zona, manejaba quien podría entrar y salir, qué periodistas podrían o no tener acceso al local y a los sobrevivientes rescatados, que fueron ubicados en hoteles e impedidos de dar entrevistas sin autorización de la empresa. Los comunicados oficiales eran básicamente información producida exclusivamente por los voceros de la empresa, que tenían vehículos, asesores, equipos comunicaciones y de seguridad por todos lados alrededor de distintas ciudades alcanzadas por el Río Doce, ante la completa ausencia del Estado de Minas Gerais y del Gobierno Federal.

Samarco es un nombre poco conocido en el mundo de la minería, pero gana otra dimensión cuando uno recuerda que es un joint venture entre la brasileña Vale y la anglo-australiana BHP Billiton.

Por su parte, Vale es el gigante minero de Brasil. Era estatal, la Codelco brasileña – pero especializada en mineral de hierro –, hasta ser privatizada en 1997, por el gobierno neoliberal del presidente Fernando Henrique Cardoso, hoy guía político de la oposición a Dilma Rousseff. Su nombre fue simplificado en los 90 para hacerla más agradable al capital extranjero, ya que originalmente se llamaba Companhia Vale do Rio Doce, por haber sido creada justamente allí, en el valle del Río Doce. Es cruelmente irónico que la referencia al Río Doce haya sido borrada para saciar el paladar de las grandes corporaciones, y ahora la empresa que ya no lo lleva en el nombre sea responsable por apagar el río del mapa.

La tragedia ambiental

Porque eso fue lo que pasó. El lodo siguió avanzando los días siguientes, consumiendo totalmente el río que era fuente de abastecimiento hídrico de una docena de pequeñas y medianas ciudades en los Estados de Minas Gerais y Espírito Santo y de trabajo para pequeños grupos de pescadores artesanales.

La tragedia ambiental ya era inmensurable si quedara en la extinción de los peces y otras especies que vivían en el río a los efectos en la vegetación aledaña y a los animales salvajes que vivían en la zona, en la crisis de falta de agua y empleo en las ciudades que dependían del Río Doce. Problemas que llegaron para quedarse. Grupos de ambientalistas y científicos, brasileños y extranjeros, que fueron a la zona dijeron que el daño causado al río es irreparable. Al analizar muestras del lodo la semana pasada, el director del Servicio Autónomo de Agua de Brasil, Luciano Magalhães, dijo que “el Río Doce está muerto”, e ironizó al comentar sobre la cantidad de químicos presentes en el material observado: “es como si hubieran tirado toda la tabla periódica de elementos al río”.

Pero el problema es que no quedó sólo ahí. Con el empuje de las aguas del manantial, las miles de toneladas de basura recorrieron los poco más de 600 kilómetros que lo permitieron llegar al Océano Atlántico, el último fin de semana. Luego, en pocos días se tomó casi todo el litoral del Estado de Espírito Santo, y ya empieza a afectar al sur de Bahía y norte de Rio de Janeiro, más de 10 mil kilómetros cuadrados de zona marítima.

Además, también ya amenaza alcanzar el archipiélago de Abrolhos, un local considerado santuario ecológico, por ser un local utilizado como sitio de reproducción por grupos de tortugas marinas en riesgo de extinción.

¿Dónde está el gobierno?

Nadie dudaba del  poder que tenía Vale, por ser la gran minera estatal que se convirtió en un monstruo, luego de ser privatizada. Pero lo que sucedió en la región de Mariana fue algo que nadie imaginaba que pudiera pasar. La empresa fue capaz de desplegar un gigantesco aparato técnico, comunicacional e incluso de seguridad privada en cuestión de algunas horas, y pasó a controlar toda la zona, determinando quien podría ingresar, quien podría salir, quienes podrían dar entrevistas o no, qué tipo de información se podría dar.

Por supuesto que eso solo fue posible gracias a la ausencia de los poderes del Estado, tanto en el ámbito regional cuanto en el federal. Pero es curioso mirar como la izquierda oficialista ató sus propias manos en ambas esferas en esa cuestión.

El Estado Minas Gerais es el segundo del país en términos de riquezas y tamaño de población. Es territorio político tradicional de la derecha – por ser una región de fuerte influencia de grandes productores rurales, uno se puede imaginar lo que sucede. Sin embargo, el año pasado salió elegido por primera vez un gobernador de izquierda: Fernando Pimentel, del Partido de los Trabajadores (PT), quien había sido alcalde de Belo Horizonte y ministro del primer gobierno de Dilma, desplazando a los aliados del senador Aécio Neves quien fue gobernador la década pasada, antes de ser el referente nacional de la derecha y principal rival de Dilma en 2014.

La mismísima Dilma Rousseff, que es nacida en Belo Horizonte, aunque haya construido su carrera política en el Sur – el hecho de que superó localmente a Neves, senador y ex-gobernador del Estado, fue considerada una de las claves de su victoria el año pasado.

Al asumir el cargo, Pimentel pasó a sufrir todo tipo de ataques de la prensa local y nacional, algo no muy diferente de lo que pasó con Dilma. No solo ellos personalmente, sino que la onda de pensamiento de derecha que trata de reinstalarse en el país y fortalecer nuevamente el discurso de la eficiencia empresarial versus la ineficacia del Estado. No es difícil deducir que ante los ataques mediáticos el gobernador percibió una baja en su aprobación, aunque no tanto como el sufrido por la presidenta.

Sin embargo, y aunque suene morboso decirlo, la tragedia siempre es una oportunidad en política. Era la oportunidad de Dilma y Pimentel mostrar la importancia de que el Estado este presente y firme en defensa de los intereses de las personas, de los afectados directamente, no importa si suena oportunista, no importa si mañana van a preguntar qué pasó con la fiscalización débil, los estudios que indicaban desde 2013 que el rompimiento de la represa era inminente y que fueron ignorados, la falta de un plan de contingencia y otros problemas resultantes de la improvisación. Había que actuar, al igual que actuó Dilma en enero de 2013, cuando abandonó la Cumbre CELAC-UE en Santiago luego que supo del incendio en una disco en el Sur de Brasil, que mató a 242 personas.

En esta ocasión, y aunque se encontraba en Brasilia, Dilma no actuó. No fue a terreno, tardó varios días en pronunciarse, y no pasó el mensaje esperado cuando lo hizo – no dimensionó el hecho de que uno de los ríos más importantes del país había sido completamente destruido, y no condenó de forma más enérgica a la empresa, anunciando solamente una multa de 250 millones de
Reales (poco más de 6 millones de dólares). Pimentel tampoco hizo grandes despliegues, se limitó a visitar ciudades donde el abastecimiento hídrico se vio perjudicado, y actuando más para contener los que querían aumentar los precios del agua embotellada y otros productos.

El derechista Aécio Neves fue el primero en visitar a la zona, y lo hizo casi como un vocero de Samarco. Defendió el discurso de que fue un accidente, culpó al gobierno por la falta de fiscalización y exigió que el gobierno “no se aprovechara el caso de forma oportunista”.
Cabe destacar que Neves es del mismo Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) que el ex-presidente Cardoso, el que privatizó a Vale, la que es socia de Samarco junto con BHP Billiton.

También es pertinente citar que Neves fue el candidato que más recibió fondos de Vale durante su campaña presidencial: 2,7 millones de reales (casi 7 millones de dólares). Pimentel y Dilma no recibieron donaciones de la empresa, pero si el PT, por una suma de más de 10 millones de reales.

Incluso la candidata de la tercera vía en Brasil, la mundialmente conocida ambientalista Marina Silva, recibió una pequeñísima donación de 480 mil reales, lo suficiente para que tuviera una reacción blanda e muy lejos de lo esperado por alguien que forjó su carrera política en la lucha por el desarrollo sostenible y se veía ante la más grande tragedia ambiental del país.

Finalmente, el Congreso Nacional creó una comisión de investigación del caso, ante la poca presión popular sobre el caso, resultado de la falta de información. Sin embargo, de los quince diputados que integran la comisión, trece recibieron donaciones de Vale para sus campañas el año pasado – incluyendo a uno del ambientalista Partido Verde (PV).

El discurso y limpieza de imagen

De todas formas, la reacción popular ha sido contenida por la poca información sobre el caso en los grandes medios de comunicación. El tema ha tenido una repercusión contenida, y pocos son los que se atreven a buscar información fuera de las entregadas por la empresa – los que lo intentaron llegaron a acusar amenazas de muerte.

Una muy efectiva estrategia comunicacional aplicada por los asesores de Samarco logró que las grandes cadenas de noticias omitiesen los resultados de estudios técnicos del año 2013, los que decían que la represa era muy antigua, presentaba pequeñas grietas y otros problemas estructurales, y que pasó dos años bajo el riesgo inminente de rompimiento, lo que terminó sucediendo este mes.
La idea era reforzar la idea de que fue un accidente y que la empresa no tuvo responsabilidad. Se usó desde un principio argumentos como el del senador Neves, de que la culpa la tiene el gobierno por no haber supervisado y se adelantado a los hechos, entre otras chicanas que buscaban no dañar el discurso de la eficiencia privada contra la incapacidad del Estado.

El punto más burlesco de la movida comunicacional fue la campaña lanzada en redes sociales horas después del rompimiento de la represa, dirigida a la victimización de la empresa, bajo la hashtag #SomosTodosSamarco, una versión espantosa del #JeSuisCharlie – que tuvo relativo éxito y adherentes como el mismo senador Neves, otros políticos y algunas celebridades televisivas.
El punto más vergonzoso se dio el domingo 15 de noviembre, cuando Fantástico, el tradicional noticiero dominical de la cadena televisiva Globo (el gigante de las comunicaciones de Brasil), presentó una cobertura especial de más de una hora, con un sin fin de reporteros, decenas de entrevistas con las algunas víctimas, familiares de otras, especialistas, académicos, autoridades políticas y todo más. Pero calma, no me refiero a la tragedia ambiental en el Río Doce y las decenas de ciudades afectadas, sino que a los atentados de París, que ocurrieron dos días antes, y que provocaron un despliegue periodístico impresionante, capaz de producir tamaño material en poco más de 48 horas.
En el último bloque del programa, salió una nota de poco más de cinco minutos, sobre los efectos que el lodo tóxico iba causando en su paso por el interior de los Estados de Minas Gerais y Espírito Santo, y su entonces inminente llegada al océano, basada en la idea ganadora, de que fue un accidente que la empresa no pudo prever y que la culpa la tenía el Estado. No más que eso.

Los medios chilenos, cuya cobertura de Brasil suele ser lo publicado por los grandes medios de allá, como Globo y Folha, casi no tocan el tema, y lo mismo pasa en muchos países del mundo. Algo que quizás puede cambiar a partir de los primeros informes de organismos ligados a la ONU condenando los hechos.

Efectos sociales

Finalmente, los movimientos sociales y las pequeñas organizaciones de pobladores afectados, creadas tras la tragedia, tratan de no dejar que ella caiga en el olvido, y montaron juntos toda una red de solidaridad casi sin apoyo de ningún medio comunicacional masivo, solamente los pequeños y los de alcance regional.
Aun así, ha sido capaz de movilizar ayuda a los desplazados y a la gente que quedó sin agua, aunque el problema es mucho más profundo – algunas pequeñas ciudades no cuentan con una alternativa de suministro de agua en sus cercanías, y ahora, ante un río que no podrá ser recuperado, enfrentan en riesgo de desaparecer.
Este miércoles (25/11), algunos movimientos sociales marcharon por Brasilia para protestar contra la situación que se vive en las ciudades de la región, como Mariana y Valadares, en Minas Gerais, Serra y Colatina, en Espírito Santo, entre otras. Con el apoyo de entidades como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y la Central Única de los Trabajadores (CUT), los manifestantes llevaban carteles y gritaban contra la omisión del Estado en el caso.

Algunos de los manifestantes que llevaban botellas con agua contaminada por el lodo tóxico en el Río Doce, y que intentaron entregárselas a los diputados miembros de la comisión investigadora del Congreso, acabaron presos.

No hay ningún indicio hasta el momento de que la empresa Samarco y  sus altos ejecutivos sean llevados a la justicia.

Puedes revisar el vídeo:

http://climatologiageografica.com.br/onda-de-lama-se-espalhara-e-atingira-10-mil-quilometros-de-litoral/