En una ciudad que aún se encuentra bajo el estado de emergencia impuesto luego de los atentados perpetrados por fanáticos religiosos financiados y armados por occidente, se darán cita autoridades políticas con el objetivo de alcanzar un pacto global contra el cambio climático. Con la meta de promover un proceso mundial de descarbonización que impida que el planeta se caliente peligrosamente por sobre los 2 grados de aquí a fines de este siglo.

La preocupación para el mundo entero debiese estar en el actual ritmo de emisiones de gases contaminantes, ya que de no existir un acuerdo contundente para disminuir las emisiones, de aquí a fines de siglo la temperatura de la Tierra aumentaría entre 3.7 y 4.8 grados, generando devastadoras consecuencias para la humanidad, como el aumento de la temperatura, derretimiento de glaciares, aumento de los niveles del mar, inundaciones, sequías, huracanes y diferentes fenómenos extremos provocados por el modelo productivo capitalista a escala global, los cuales según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el 50% de estos registrados en 2014 son consecuencia directa del calentamiento global.

Con un planeta que se calienta día a día, la COP21 tendrá como responsabilidad, levantar un pacto global que entraría en vigencia el 2020, sustituyendo el antiguo y nada efectivo Protocolo de Kioto, en el cual los países industrializados se comprometieron a reducir sus emisiones, lo que en la práctica no fue más que un gélido gesto diplomático del cual se ausentaron varios responsables de la contaminación global.

A diferencia de aquello de la COP21 debiese emanar un compromiso de todas las naciones del mundo, para disminuir sus emisiones de gases, que en lo que va del año tiene a EEUU, China y Brasil como los principales responsables de la contaminación mundial.

Para frenar el calentamiento global, se necesitan más que buenas intenciones como las ya expresadas por EEUU y China, según datos de la Agencia Internacional de Energía, el planeta requiere una inversión de US $13.5 billones de dólares para alcanzar el objetivo a fines de este siglo, para ello la COP21 tendrá que dirimir si existirán subvenciones de los países ricos del hemisferio norte principalmente, a los países del sur del planeta, ya que es la población que más expuesta se encuentra a los problemas ambientales y sociales que genera la producción capitalista en la temperatura de la Tierra.

El tratado que emane de la COP21 no impondrá metas para que cada país disminuya una cierta cantidad emisiones, esto podría nuevamente en peligro el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global, ya que la fórmula que se eligió es que cada país voluntariamente presente sus compromisos, hasta ahora más de 170 lo han hecho, entre ellas todas las potencias productivas del orbe. Estos compromisos y objetivos debiesen ser revisados cada cinco años, de manera que con el tiempo vayan siendo más ambiciosos y se pueda alcanzar el límite de los 2 grados antes de finales de siglo.

LOS COMPROMISOS DE CHILE

Nuestro país también se ha hecho parte de estos compromisos, aun cuando existe un claro desprestigio de nuestros gobiernos respecto a la protección del medioambiente ya que por décadas de norte a sur Chile se ha transformado en una zona de sacrificio, en beneficio de grandes proyectos energéticos y de mega minería, que han destruido a su paso comunidades enteras.

El compromiso de Chile es el conocido 30/30, reducir en 30% las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030, lo que según el Ministro Badenier podría llegar “con el financiamiento internacional adecuado a un 45%”. Además, está el compromiso de reforestar 100 mil hectáreas de bosque, que podría capturar 600 mil toneladas de CO2 cada año. En este punto se ha encontrado activa oposición de organizaciones socioambientales, quienes exigen que el 100% de esta reforestación se haga con especies nativas en zonas de protección que impidan hacer negocios a futuro.

Tal vez no han existido mejores condiciones que las actuales para resolver, al menos de aquí a fin de siglo, el grave problema que amenaza a la humanidad. Las dos superpotencias mundiales, China y EEUU han asumido un compromiso de enfrentar unidos el calentamiento global, el qué y el cómo, es algo que tendremos que ver. Del mismo modo, el Papa Francisco ha puesto todas sus fichas en el cuidado de la “Casa Común” como denominó a la Tierra en la encíclica verde “Laudato Si”. A esto se suma que el G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido), han emitido una declaración conjunta comprometiéndose a terminar con los combustibles fósiles al año 2100, lo que sin duda, marca un precedente al menos en cuanto a intenciones en esta materia.

La COP21 en su proceso de negociación, afrontará los principales puntos de desacuerdo en torno al financiamiento para la mitigación y adaptación al cambio climático en los países más expuestos a sus efectos y si definitivamente se hará eco de la demanda de los países pobres de que las potencias mundiales se hagan cargo del problema del que son en su amplia mayoría responsables.

Quienes participen de la COP21 deben entender que nos enfrentamos a una disyuntiva mayor ante la cual debemos dar respuestas claras y contundentes. Nunca la humanidad nunca había enfrentado este escenario. Existe una crisis política a gran escala, con las grandes potencias asumiendo papeles protagónicos en conflictos bélicos, con sus respectivos efectos sociales y económicos. Y la más peligrosa de todas que es la crisis ambiental, que está calentando el planeta generando catástrofes sociales y ambientales en las zonas más pobres del planeta.

Hay que tomar partido por la Tierra o por el actual modelo de producción global, que es el gran responsable de esta catástrofe, ante la cual hay menos margen de acción cada día.

Este domingo tú también toma partido, súmate al #YoMarchoEl29N por la Justicia Ambiental y la Justicia Social.

 


Luis Jaqui, Editor El Reverde