Veo con sentida preocupación la desprolijidad e improvisación con que la clase política de este país aborda el problema de la integración regional y por cierto, la globalización. Al final, solo se trata de cumbres inútiles donde infladas y barrocas retóricas cacarean acerca de colaboración, quedando solo en los discursos y escasamente en los hechos.

En tiempos de economía global, de cambios acelerados, de tecnologías cada vez más avanzadas, las naciones deben enfrentar desafíos de proporciones, políticas inclusivas tendientes a ensanchar los límites de las fronteras nacionales. Me parece que no sólo deberíamos concentrarnos en iniciativas como los tratados de libre comercio con las grandes potencias, los acuerdos económicos entre países vecinos al estilo Mercosur o la feliz idea de la Unión Europea, sino afrontar seriamente la integración intergaláctica.

Vivimos en un país profundamente terricolista. Soy enfático al respecto, es probablemente el terricolismo aquel gran flagelo de nuestro siglo. Concentrar tanto la mirada en nuestro propio planeta nos hace desviar la atención en otros sistemas galácticos donde tenemos tanto que aprender, tanto que aportar.

Hace menos de cuatro meses un grupo de ufólogos de impecable trayectoria en investigación y docencia presentó un voluminoso documento al Senado de Chile y a la cámara de diputados. Me tocó presidir esa delegación y era sintomático observar cómo nuestros honorables no asumen con responsabilidad que las cancillerías del futuro tendrán como preocupación cardinal: Las relaciones planetarias, la integración e intercambio entre razas alienígenas y la innovación tecnológica ligada a la exploración espacial. Al único que noté interesado en nuestras opiniones fue al senador Guido Girardi y tan sólo  el diputado Urrutia acusó recibo del documento entregado a través de un breve comunicado.

Este país es una vergüenza en lo falto de imaginación para enfrentar coyunturas limítrofes. Desde tiempos pretéritos sabemos de los conflictos con Perú en el límite costero y con Bolivia por la salida al mar. ¿Qué va ocurrir como país- y por qué no decirlo, como planeta- cuando nos toque disputarnos la Cruz del Sur con otros sistemas planetarios? Es un hecho que en poco tiempo más, cuando los viajes intergalácticos no sean monopolio exclusivo de la Nasa y cualquier agencia de viajes del centro de Santiago te venda un paquete turístico a las playas de Mercurio o a las dunas del planeta Tatooine, no tendremos una institucionalidad coherente que entregue musculatura a este gigantesco potencial turístico.

Como en estos asuntos, no sólo se trata de criticar sino también de ser propositivo, planteo que desde ya miremos por sobre nuestras diferencias y la FACH con Sernatur tengan convenios de programación que puedan generar una agenda concreta al respecto. Por una parte, liberar toda la información sobre ovnis y razas extraterrestres que tienen, y por otro lado, canalizar mecanismos de promoción concretos de nuestra identidad nacional en otros planetas.

¿Se imaginan ustedes en el futuro ver una cocinería de Angelmó en Venus, comer centolla magallánica en Nibiru o hacer un rodeo a la chilena en Arcturus? O viceversa, podríamos tener- en vez de hipódromos- alienódromos, es decir carreras de Aliens. Ya me estoy imaginando ese gran derby, esa copiosa fiesta humano- alienígena. Las posibilidades de relaciones comerciales y expansión son infinitas.

Chile debiera llevar la delantera y convertirse en sede de la primera cumbre intergaláctica. Regalarles a los mandatarios invitados algo típicamente nacional, un jarrón de pomaire, un indio pícaro o un moai de Rapa Nui, que dicho sea de paso tampoco le es tan ajeno a ellos, ya que los primeros que llegaron con esos gigantes de piedra a Isla de Pascua fueron justamente los extraterrestres.

Pero la falta de visión de toda nuestra clase política, sin excepciones, no tiene parangón. Ignorantes de la importancia que este tema concita en el mundo, no prestan oídos a un reporte del Kremlin que detalló el encuentro entre el Primer Ministro Putin y el Vice- Presidente Biden de Estados Unidos con el fin de generar un programa de protección ante una futura ocupación extraterrestre. Para ello se requiere tecnología de punta. Hace algunos años en nuestro vecino país, el ex presidente Menem propuso instalar una máquina de teletransportación en la provincia de Córdoba. Una vez más, los argentinos nos llevan la delantera.

Cuando hablo de una clase política sin altura de miras, no hago distingos y quiero hacer hincapié en ello. Los sectores de derecha abogan por el emprendimiento y el libre mercado sin darse cuenta que en planetas como Alfa Centauris, afines a su ideario de emprendimiento popular, la UDI, por ejemplo, podría perfectamente instalar una sede ampliando su membrecía mucho más allá de nuestras fronteras. El centro político (llámese DC y otros afines) no se percata del enorme potencial que tendría la idea de un conglomerado moderado y sobrio en otros confines estelares que están al borde del caos, podrían generar clones de Ignacio Walker y Gutenberg Martínez que viajen por la galaxia propagando no caer en extremismos que alteren la paz de la galaxia. Por otra parte, la izquierda tampoco percibe que si naves de otros sistemas han visitado nuestro planeta reiteradamente significa que han perfeccionado de tal forma sus sistemas de producción que ya han suprimido el estado y alcanzado el socialismo.

El otro día en mi programa radial de ufología hablé que en esta era debemos entablar relaciones de paz e intercambio con otras razas alienígenas, como única salida para garantizar nuestra sobrevivencia. ¿Están preparadas nuestras FFAA para una invasión extraterrestre?  ¿Tenemos carreteras y aeropuertos adecuados para esa contingencia? Y esto debería importar en todos los estratos de la sociedad. Sin ir más lejos como miembro de la directiva de mi Junta de Vecinos propuse una capacitación con código Sence para sistemas de defensa vecinal ante el posible arribo de naves de otros mundos, partiendo por un plan Deyse adecuado. Como era de esperar, nadie me sacó un gramo. Pensé en ese instante cómo el terricolismo había penetrado hasta en los sectores más básicos de la sociedad, nada menos que en el barrio, a la manera de una droga que entontece el juicio y nubla la posibilidad de algo tan básico: la relación del hombre con el cosmos.

Y este mensajito va para los políticos chilenos.

Chile se encuentra al borde de jugarse una oportunidad histórica, de dar el salto hacia el futuro. Cortemos el nudo gordiano, terminemos con el terricolismo asfixiante. Desde Chilito conquistaremos la galaxia. Esa es la consigna.


Ufólogo y cientista político