La mañana del 8 de diciembre de 2010, César Pizarro llamó a la cárcel de San Miguel para preguntar si su hermano, Jorge, estaba fuera de peligro. “No se preocupe, está vivo. Está en el sector tercero sur de la torre cinco”, le dijo un gendarme al otro lado del teléfono.

La preocupación de César de que su hermano hubiera sido víctima de las llamas del incendio de esa madrugada se calmó por un rato. Pero al no tener noticias de Jorge, su pensamiento volvió a nublarse mientras veía el humo salir por las ventanas del recinto penal en la pantalla de la televisión. Después se enteraría de que su hermano menor, de 21 años, primerizo en la cárcel por robarle a un camión con cigarros y a solo dos meses de obtener el beneficio de salidas dominicales por su impecable conducta, había muerto calcinado junto a 80 presos más por no recibir asistencia a tiempo en el sector cuarto sur del penal, donde vivía hace meses a diferencia de lo que aparecía en los registros de Gendarmería.

A cinco años de la tragedia, César Pizarro preside la ONG 81 razones por luchar, que reúne a sobrevivientes y familiares de víctimas del incendio de la cárcel de San Miguel y se dedica a luchar por los derechos de las personas privadas de libertad.

“El Estado y la sociedad quieren combatir la delincuencia pero no se van a combatir la pobreza o la desigualdad. Empecemos a poner igualdad en la sociedad cosa que si algún día alguien delinque podamos decir: “Los sueldos son dignos, tienes buena salud, educación, transporte público. Tú no has tomado las oportunidades, pero las oportunidades están. ¿De qué te quejas para ser delincuente?”

¿Qué pasaría si el incendio fuera hoy?

Yo creo que moriría más gente. Gendarmería en vez de tomar esto como una enseñanza, sigue dejando morir gente, maltratando a los presos. No les sirvió de nada. Están a la merced de lo que les diga el que tiene poder. Dicen ‘Dejen que estos weones se mueran, se maten, se caguen de hambre y si hubiese otro incendio que ojalá se mueran 500’. Hay una indolencia.

¿También de parte de la ciudadanía?

Está el olvido, el descariño con la gente que está cometiendo la falta. De dejarlo que se muera por el daño causado. Está ese sentimiento de venganza. Pero también hay mucha gente más consciente que comprende que algo le pasa a ese joven que le roba a otro y quiere ayudar a los presos. Hace poco hablé con un preso que está condenado como a 90 años, pero pide una oportunidad. ¿Seremos capaces, como sociedad y como seres humanos, de perdonar a una persona que ha cometido delitos?, ¿merece una oportunidad por su hijo y su familia o será mejor prenderle la pieza y que se muera quemado?

Respecto a la posibilidad de que la sociedad perdone, ¿qué opinas de los cacerolazos en el barrio alto contra la delincuencia y de la agenda corta del gobierno que buscan mayores penas?

Yo quiero a las personas que están dentro de la cárcel, pero también pienso en los que fueron sus víctimas. Ellos están en su pleno derecho de manifestarse porque también les afecta la delincuencia, pero no se dan cuenta de cuál es el real problema. Creen que encerrando a la gente y dándole más años de cárcel van a solucionar la delincuencia. Nunca, históricamente, han solucionado el problema con más cárceles, entonces demos vuelta la página y probemos con otra cosa. El Estado y la sociedad quieren combatir la delincuencia pero no se van a combatir la pobreza o la desigualdad. Empecemos a poner igualdad en la sociedad y probar cómo reacciona la población, cosa que si algún día alguien delinque podamos decirle: “Oye, si los sueldos son dignos, tienes buena salud, educación, transporte público. Tú no has tomado las oportunidades, pero las oportunidades están. ¿De qué te quejas para ser delincuente?”. Que primero el Estado sea cumplidor con la gente. Pero las oportunidades no están y lamentablemente son una manga de delincuentes la mayoría de los políticos y los agentes del Estado. Deberían ser un ejemplo para la sociedad.

“Gendarmería invierte el 2% en reinserción, para que les digan a las señoras que tocan los cacerolazos que le pidan al gobierno primero que reinserte a esas personas, no que las vuelva a encerrar y las saque más enajenadas. Adentro transforman a un ser humano en una bestia”

¿Qué opinas de la denuncia que se hizo contra José Antonio Gómez por no firmar la libertad de más de 500 personas cuando era ministro de Justicia?

Gómez es incompetente, no debería trabajar para el Estado. Jugaron con la gente. ¿Para qué les dicen que se porten bien, que estudien, trabajen y les prometen salir unos meses antes y después, cuando se los ganan, no se los dan? Que piensen lo que cuesta en una cárcel mantener una buena conducta, trabajar, estudiar. Que al que lo logra no le den el beneficio es una burla, un abuso, una arbitrariedad; todas las palabras malas.

¿Qué crees que motivó al ministro a no firmar?

Son estrategias de gobierno, porque el gobierno de Piñera firmó los decretos y fueron liberadas más personas que en el gobierno de Bachelet. Cuando llegó el gobierno de Bachelet dicen “Nosotros no les damos beneficios a los delincuentes”, como Gómez nos dijo por ahí extraoficialmente. Son estrategias políticas, cosas de opinión pública para que no se les vaya encima la ciudadanía. Pero además no eran beneficios, fueron derechos establecidos por ley los vulnerados.

¿Cuál es el principal problema que explica que, según tú, si el incendio fuera ahora volvería a ocurrir una tragedia?

La venganza institucional, del Estado. Si nos pasó una masacre tan grande como la de San Miguel, si seguimos viendo cómo se mueren los cabros chicos en las poblaciones, todos drogados, si sigue la corrupción, es porque no hay una intención real de parar esto.

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La investigación del caso indicó que había muy pocos gendarmes (100) en relación al hacinamiento de presos en la cárcel (1.961). ¿Sería una solución construir más cárceles?

No. Si hacemos más cárceles, vamos a llenarlas y van a ser las mismas que ahora, las mismas rejas, los mismos apaleamientos, la misma asquerosidad de comida.  La idea es hacer más centros de reinserción, como en otros países que se hacen cárceles dignas, con huertos, talleres de teatro, deportes. Acá de 200 mil millones de pesos que tiene, Gendarmería invierte el 2% en reinserción, para que les digan a las señoras que tocan los cacerolazos que le pidan al gobierno primero que reinserte a esas personas, no que las vuelva a encerrar y las saque más enajenadas.

Cuando fue el incendio el entonces ministro de justicia, Felipe Bulnes, dijo que era la peor tragedia del sistema carcelario chileno. ¿Se le quita importancia a otras tragedias que ocurren diariamente en los penales?

Esto fue una muerte masiva en un solo día, pero si sacamos la cuenta anualmente mueren más que 81 personas en las cárceles. Con nosotros por lo menos tuvieron la dignidad de pagar el servicio fúnebre y hacer noticia de lo que pasó, pero la mayoría de las muertes en las cárceles quedan en completa impunidad.

¿Cuál es la situación actual de las familias de las víctimas y los sobrevivientes?

Los sobrevivientes olvidados por siempre. Los han sentado en el psicólogo, asistente social, una conversación de 10 minutos, una pastilla para que duerma y chao. Jamás se ha tomado la dimensión de lo que es sobrevivir a un incendio donde uno ve morir a 81 amigos quemados. Mi cuñado, que es sobreviviente, hasta el día de hoy siente dolor, tose y se marea. Nadie se preocupa por cómo estarán estos cabros y muchos han reincidido.

El año pasado se absolvió a los ocho gendarmes que estaban siendo investigados por el incendio, ¿se está llevando alguna nueva acción legal?

Fue ridículo que dijeran que los gendarmes no son responsables. ¿Eran voluntarios gratuitos?, ¿nadie les pagaba por hacer su labor? No hiciste tu pega y no tienes humanidad para abrir la puerta para que arranquen del fuego. Después de que quedaron absueltos, dos abogados mandaron el caso de los 81 a la Comisión Internamericana de Derechos Humanos y también hay demandas civiles por indemnizaciones.

Para conmemorar los cinco años de la tragedia, el lunes 7 de diciembre la ONG 81 razones por luchar y los familiares de las víctimas harán una misa, luego pintarán un mural junto a los niños y en la noche harán una fiesta con bandas de música a las afueras de la cárcel de San Miguel. A las 12 de la noche, cuando ya sea martes 8, los presos de todo el país golpearán los barrotes de sus celdas para exigir mejorías en el sistema penitenciario y recodar a sus compañeros caídos.