Fue presentada como la “Reina de la Poesía de toda América Latina”por el Rey Gustavo de Suecia. Un reconocimiento que salió a la luz un 10 de diciembre de 1945 y que convirtió a Lucía Godoy Alcayagaen la primera latinoamericana en recibir el Nobel de Literatura.

Una noticia que la “aturdió” porque no la esperaba, y es que hasta entonces, todos sus libros habían sido publicados por primera vez en el extranjero. Seis años más tuvieron que pasar, para que Chile le entregara el máximo reconcomiendo nacional en las letras, Gabriela no era profeta en su tierra, y recién en 1951 fue nombrada Premio Nacional de Literatura.

Detrás de los reconocimientos y las pretensiones del mundo literario al que las elites culturales la invitaban, su pluma transformadora persistió hasta los últimos momentos de su vida, “hay que medir el país desdoblando los pliegues de la cordillera y volviendo así, horizontalidad lo vertical”, decía Gabriela Mistral.

Pero su legado más político, el de la profesora de provincia formada de manera autodidacta, más crítica que cómplice de la educación pública, ha tardado décadas en llegar a la gente que la inspiró. Da la impresión de que para Chile, es más relevante saber sobre su sexualidad o escrudiñar en su vínculo maternal con Yin Yin. Gabriela Mistral fue una mujer de su época, una sociedad que no estaba preparada para el virtuosismo de una mujer sencilla, que sorprendió al mundo con la fuerza de sus palabras.

Pero nunca es tarde. El investigador Diego del Pozo realizó una importante selección de los artículos de la poeta que componen Por la Humanidad Futura. Antología política de Gabriela Mistral, publicado por la Pollera Ediciones. Un trabajo que rescata su posición frente a la contingencia política, social y del ámbito de la pedagogía.

Sobre la falta de reconocimiento a la obra mistraliana, del Pozo sostiene: “Aparte del conocido poema Piececitos (Piececitos de niño, / azulosos de frío, / ¡cómo os ven y no os cubren, / Dios Mío! …) que mayormente ha sido leído como un poema de carácter pueril a pesar de su fuerte discurso crítico ante la pobreza infantil, el resto de la obra de Mistral aún permanece distante de los escasos lectores nacionales”.

Y es que el vínculo de Gabriela Mistral con el folklore no fue una relación teórica, el folklore fue una de las materias que “le formaron el estómago”, decía el investigador Fidel Sepúlveda Llanos, “era normal. El Valle del Elqui hasta la fecha es un nicho antropológico prieto de folklore. Mitos, leyendas, ritos, creencias, cuentos, artesanías, etc. Capilaridad entre lo cósmico, lo humano y lo divino”.

Nada más elocuente para comprender la prosa de Mistral que las palabras del poeta Germán Carrasco, “nada más lejano al corsé de la métrica preciosista o pseudoperfeccionista que la poesía de la Mistral: lo de ella es canto sin patrón en el sentido métrico y en el sentido social. O por decirlo de otra manera, se trata de una vanguardia natural”.

Gabriela Mistral fue profesora antes que escritora, y es que la educación jugó un rol fundamental en su vida. Sus capacidades traspasaron fronteras, y fue invitada por el gobierno mexicano a colaborar con la reforma educacional y la creación de bibliotecas populares en 1922.

Su fama de escritora corría de forma paralela, ya que fue ese mismo año en que apareció en Nueva York, Desolación, su primer libro publicado bajo el alero del Instituto de Las Españas, dirigido por el crítico literario español Federico de Onís.

Para la poeta, el contacto con el mundo exterior se convirtió así en una oportunidad para mostrar al mundo su prosa, una extranjera que sabía hablar de la diferencia,”el xenófobo ha ganado la batalla: ahí está un hombre muerto diciendo, con las facciones de su rostro y con las rigidez de su cuerpo, que es posible morir en un mundo cristiano, budista o mahometano, sólo porque las facciones de su rostro difieren de las suyas”, sostenía Gabriela.

Para Mistral, su condición de mujer también la inspiró a levantar un discurso claro en contra de toda opresión: “y es que a medida que la luz se hace en las inteligencias, se va comprendiendo su misión y su valor y hoy ya no es la esclava de ayer sino la compañera igual. Para su humillación primitiva, ha conquistado ya lo bastante, pero aún le queda mucho de explorar para entonar un canto de victoria”.

Hoy regresa Gabriela Mistral de forma pasajera, vestida de homenajesy celebraciones, pero es justo acercar sus ideas a quienes las inspiraron, “recuerdo la legión de profesores y maestros que muestran al extranjero sus escuelas sencillamente ejemplares y miro con leal amor hacia los otros miembros del pueblo sueco: campesinos, artesanos y obreros”. Así saludaba Mistral al mundo, al recibir el máximo reconocimiento en las letras.