La Batalla de Yungay se viene librando hace mucho, y es absolutamente desigual, se trata de los vecinos contra el capital inmobiliario. Es una lucha que se libra todos los días en cada rincón y esquina de este barrio emblemático.

Los vecinos han logrado avances sustanciales porque han defendido lo que consideran de ellos, un intangible que es la vida de barrio, que tiene base material en inmuebles que resumen la historicidad de esta latitud céntrica del espacio cívico de Chile.

Los fenómenos de gentrificación vienen sucediendo progresivamente en el barrio como corolario del avance de los edificios en altura, ese es el motor de la expulsión del barrio de sus habitantes naturales y no las fiestas populares.

Plantearse de esa forma es calumniar al movimiento social y establecer vinculaciones inexistentes entre fiestas que solo persiguen mantener vivas tradiciones e identidad barrial y un proceso de expulsión que está viviéndose desde hace mucho.

Más aún la violencia que se ha desatado en ciertos espacios no tiene nada que ver con las organizaciones del barrio, al contrario los violentados somos todos los vecinos que deseamos un mejor barrio, y la violencia tiene una raíz ya instalada en la sociedad chilena, y llegó para quedarse porque se ha transformado en un lenguaje social que es la respuesta anómica a la segregación estructural.

Pero la violencia institucional puede ser aún peor, porque sustenta las bases de la otra, y en esto el municipio ha violentado al movimiento social porque no baila un baile clientelar y se somete a los designios endogámicos de un progresismo supuesto que es absolutamente falso.

El municipio no juega su rol en nuestro territorio porque pretende criminalizar nuestro espacio, no interviene a pesar de las múltiples mesas y conversaciones que hemos tenido con ellos, no nos presta ropa han dicho textual “porque somos de izquierda”, solo una visión muy retrograda pudiese trabajar con esas categorías para construir su mapeo de colaboraciones.

Aquí lo que se ve, es la visión de Ranciere sobre el actuar filosóficamente policiaco que toman las instituciones cuando hay otro sensible que quiere irrumpir, una sensibilidad nueva que no son capaces de interpretarla en sus registros, por eso la categorizan con lo primero que su reducido léxico intelectual les otorga, porque lamentablemente el reclutamiento en ese municipio es digno de una parodia cómica.

Recordarles que estamos en la circunstancia epocal de la posthegemonia, que cansados de vanguardias sinuosas, los vecinos desprovisto de credos falsos nos salimos a organizar y a poner las cosas en su lugar.

Que la crisis de los socialismos reales acabo con las organizaciones estalinistas porque solo sirvieron para perseguir a los propios compañeros, que se ha declarado la era de los movimientos sociales, y de la lucha por una sociedad de derechos, y que hay una exigencia central de cambio de los parámetros de organización porque la gente se cansó de que le impusieran formas desde un centralismo iluminado.

Los vecinos están hoy día experimentando nuevas prácticas sociales para construir una nueva política, no para que nos vendan que un futuro todo será distinto, sino para construir los cambios hoy en las mismas formas de organizarnos, con expresión de la diversidad cultural que nos caracteriza, para  que el barrio gane espacios públicos, y no todo sea espacios de privatización.

Les contamos que la crisis de las representaciones políticas es una realidad mundial porque el mercado es la hegemonía central, y las viejas tradiciones políticas se han quedado sin identidad influyente decisiva porque sus relatos no han sido capaces de reflejar lo que los ciudadanos buscan, mejores barrios de verdad, no para la foto clientelar, sino barrios con inclusión, con seguridad, con participación, y con autonomía vecinal.

Aquí hay vecinos de todos los colores lo importante es que quieras cuidar y defender tu barrio, tu espacio vital, y ya sabemos que la gobernanza instalada nos hará la ficción, y por debajo siempre intentará rompernos, porque no soporta la autonomía, no soporta que nos sentemos a la mesa, y seamos más capaces que ellos para buscar soluciones. Asusta la ciudadanía competente, y el pueblo ilustrado es un peligro, porque descifra todas las lecturas y no se pierde con el enemigo. Sabe dónde golpear y no le tiene miedo a la lucha, porque surgimos de la lucha y nos hemos configurado en la lucha, y en la lucha seguiremos, porque no estamos aquí para ser espectadores.

Los artistas que aman a Pezoa Véliz, un grande anónimo, deben estar del lado de los vecinos, deben trabajar con nosotros en la conquistas de lo que Foucault definía como la única forma de articular una noción de poder distinto, la lucha desde el microespacio, desde el espacio local, desde tus prácticas sociales.

Debemos reinstalar la sociedad, porque la que conocimos fue detenida y desaparecida por el neoliberalismo salvaje, y es una sociedad que hay que construir desde este espacio, que es nuestro por derecho propio.