Una ovación generalizada con jefes de distintos países saludando desde el escenario, con sus manos tomadas en alto e incluso abrazados fueron parte de la celebración del nuevo acuerdo para combatir el cambio climático este sábado que mantuvo la Torre Eiffel adornada con luces de colores acorde a la ocasión.

El tratado, que se selló entre 195 países luego de dos semanas de debate en el marco de la Cumbre del Clima (COP21) en París, fue mundialmente aclamado. “Estoy convencido de que este momento puede marcar un punto de inflexión para el mundo”, expresó emocionado el presidente de Estado Unidos Barack Obama. El canciller chileno Heraldo Muñoz se unió a la emoción tildando el tratado como “la principal noticia del este siglo”, según consigna La Tercera.

El aplaudido acuerdo, que entraría en vigencia en 2020 para reemplazar el actual Protocolo de Kioto, establece normas para controlar emisiones de gases del efecto invernadero y así contener el aumento de la temperatura mundial para que no aumente en más de 2ºC este siglo respecto a la existente en el periodo pre-industrial.

“El acuerdo demuestra una voluntad muy importante, se declara que este es el fin de la era de los combustibles fósiles. Permite decir que se están dando los pasos necesarios para avanzar y asegurar que el cambio climático no genere impactos irreversibles, pero hay muchos puntos negros, es un avance modesto en comparación a lo que podríamos haber hecho”, asegura Samuel Leiva, coordinador en Latinoamérica de Climate Action Network (Red de Acción Climática) que reúne a 950 organizaciones.

Los puntos negros de los que habla Leiva no son menores.

“Es preocupante que lo legalmente vinculante sea que presentes las metas de reducción pero no que alcances esas metas. Hay países que no podrán, pero otros que seguirán priorizando el crecimiento económico por sobre la reducción de emisiones. En el fondo es un acuerdo que no tiene dientes”, dice Sara Larraín, directora ejecutiva de Chile Sustentable. 

Promesas más que garantías

cop21

Sin duda es un gran avance que se hayan aunado las voluntades de distintas naciones en la meta común de reducir el cambio climático, sobre todo considerando que ya habían fracasado cerca de 20 reuniones sostenidas por las Naciones Unidas sobre este tema. Cabe destacar que, a diferencia del tratado de Kioto, a este adhirieron más países, entre ellos Estados Unidos, que es el segundo país que genera más emisiones de gases, pero que se había negado a ratificar el anterior acuerdo. Además, se aprobó un fondo de 100 mil millones de dólares anuales para financiar iniciativas relacionadas con el tema en países no industrializados que no tengan la capacidad de llevar a cabo las mitigaciones por si mismos.

También es un avance que el nuevo acuerdo establece normas vinculantes, lo que obliga a los países que firmaron a respetarlas o arriesgarse a una sanción internacional. Sin embargo, lo que es vinculante es que, una vez que entre en vigencia, se fiscalizará cada cinco años que los países firmantes cumplan los compromisos que ellos mismos escribieron en su Contribución Nacional Determinada (INDC, por sus siglas en inglés) para mitigar el cambio climático. Así, si Chile prometió disminuir las emisiones de gases del efecto invernadero en un 30%, tendrá que informar cada cinco años si se ha avanzado o no en esta tarea. Si no informa, se arriesga a sanciones. Pero, aparte de informar, no existe la obligación de avanzar en esas políticas prometidas.

“Se trata del acuerdo climático más amplio que se ha firmado en la historia y no podemos tildar la cumbre como un desastre, pero no es un triunfo. Es bueno en el ámbito de aquello que pretende, pero absolutamente insuficiente en los métodos para conseguirlo porque no fija compromisos a nivel nacional, no existen declaraciones explícitas de compromisos con energías renovables y hay varios temas ausentes como la defensa de derechos humanos de pueblos originarios y de los ecosistemas más afectados”, asegura Matías Asún, director de Greenpeace Chile, a eldesconcierto.cl.

“Es preocupante que lo legalmente vinculante sea que presentes las metas de reducción pero no que alcances esas metas. Hay países que no podrán, pero otros que seguirán priorizando el crecimiento económico por sobre la reducción de emisiones. En el fondo es un acuerdo que no tiene dientes”, dice Sara Larraín, directora ejecutiva de Chile Sustentable. “Haber aceptado como techo los dos grados y no revertir el cambio como señalaba la convención es un fracaso político”, añade en eldesconcierto.cl.

Incluso si las propuestas presentadas por todos los países en la cumbre se cumplieran, la meta de mantener el aumento de temperatura por debajo de los 2 grados no se cumple. La suma de estas iniciativas significaría el aumento en 2,7 grados de la temperatura, lejos del 1,5 que en un inicio pretendían alcanzar.

La ambición y promesa inicial era aunar esfuerzos para poner como techo de aumento en temperatura los 1,5 grados, sin embargo finalmente se subió el techo y el documento indica que el objetivo es “mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los 2 grados con respecto a los niveles preindustriales y perseguir los esfuerzos para limitar el aumento a 1,5 grados”.

Incluso si las propuestas presentadas por todos los países en la cumbre se cumplieran, la meta de mantener el aumento de temperatura por debajo de los 2 grados no se cumple. La suma de estas iniciativas significaría el aumento en 2,7 grados de la temperatura, lejos del 1,5 que en un inicio pretendían alcanzar.

“Como sociedad civil logramos hacer un llamado internacional a que se llegue a un acuerdo ambicioso. Pero hay que entender que la ambición para los políticos es muy distinta a la que trata de levantar la sociedad. A mí realmente me sorprende esto de que China, India y Estados Unidos estén contentos, da para pensar de verdad qué tan efectivo es este documento”, dice Javiera Espinoza, geógrafa de Fundación Terram y coordinadora de la Mesa Ciudadana sobre Cambio Climático, desde Paris en conversación con eldesconcierto.cl.

La incoherencia de Chile

glaciares

Chile adhirió al acuerdo y entregó un documento con el compromiso de bajar la emisión de gases del efecto invernadero en un 30% y hasta en un 45% si recibe fondos internacionales, sin embargo esta voluntad no va de la mano con las políticas internas.

Un ejemplo es la ley de glaciares,  que ha sido criticada por proteger solo algunos glaciares y por poner en duda la protección en caso de que esta afecte económicamente a alguna empresa. Lo mismo ocurre con la posibilidad de prórroga del Decreto de Ley 701, que subvenciona a grandes empresas en la plantación de monocultivos de Pinos y Eucaliptus con la justificación de ayudar en la captación de CO2, sin embargo se hace en desmedro del bosque nativo, que es el que tiene mayor capacidad de captación, almacenar agua dulce y mantener la biodiversidad.

“La posición del gobierno de Chile en el sentido de proteger reservas de recursos hídricos es totalmente contrario a lo que se requiere para adaptarse al cambio climático y por lo tanto ahí hay una incoherencia; es absurdo que el gobierno esté haciendo una ley de protección de glaciares en función de la minería y renovar el DL701 es una medida brutal porque seca las napas”, declara Sara Larraín. “Sin sociedad civil y presión de los pueblos, esto no va a avanzar”, concluye.

La amenaza

Actualmente la temperatura media del planeta Tierra es de unos 15 grados, a lo que se ha llegado luego del progresivo calentamiento acentuado por actividades humanas desde el periodo industrial. El mayor aumento de temperatura se registra en el siglo XXI, que reúne 13 de los 14 años más cálidos de la historia, encabezados por el 2015. Además, ha subido en un 30% los niveles de CO2 desde la revolución industrial y la cantidad de hielo en el Ártico ha retrocedido en un 4%.

Si se continúa con este ritmo de emisiones de gases, las previsiones hacia 2100 estiman un aumento entre 2 y 11,5 grados. Es esto lo que preocupa a los expertos y lo que aunó las voluntades de las naciones firmantes; saben que de ser así, los efectos serán incontrolables.

Diversos estudios indican que dentro de los efectos está el derretimiento de glaciares, aumento del nivel del mar que pone en peligro algunas islas, cambio en los patrones de las lluvias aumentando tormentas y huracanes, mayores sequías, menor agua dulce disponible, extensión de enfermedades como la Malaria y afectación a la biodiversidad por todos los cambios anteriores que podría terminar con la extinción de varias especies, entre ellas los osos polares.