Probablemente todos quienes lean estas palabras recuerden la clásica escena de la saga Jurassic Park cuando los protagonistas, dentro de un auto eléctrico y bajo una lluvia inclemente, sienten un leve ruido. Poco a poco la cámara comienza a enfocar un vaso de agua que se agita levemente y que reacciona ante los pasos de una de las más grandes bestias que ha pisado la tierra, cada paso se siente más fuerte y hace vibrar con más ímpetu aquella pequeña cantidad de agua anunciando como se aproxima en la oscuridad lo verdaderamente temible. Pareciera ser que los últimos días del año son un fiel reflejo de esta escena, pareciera que lo que hemos presenciado estas últimas semanas en cuanto a las políticas educativas del gobierno no son más que los movimientos de un vaso de agua que actúan como síntoma. Quiero en estas breves palabras arriesgarme a plantear una lectura de lo que ha pasado en los últimos meses, no como consecuencia de lo que ya sucedió, sino como aquello que hará sentido cuando realmente veamos lo que el 2016 nos depara.

Un síntoma podemos entenderlo como una huella que se lee desde el futuro, como aquello que no se entiende escarbando en el pasado sino que cobra sentido retrospectivamente, así como una fiebre solo la entendemos cuando vemos la enfermedad, el agua moviéndose no toma sentido hasta que la bestia deja caer un trozo de carne sobre el auto. Pero además de entender el síntoma desde el futuro, la gracia que tiene un síntoma es que cuando lo comprendemos solo reestructuramos nuestro entendimiento de lo que ya sucedió, no es una suerte de premonición mágica, cuando tenemos fiebre o cuando vemos el agua vibrar la enfermedad ya nos ha atacado o la bestia ya se ha liberado.

Creo que existen dos líneas desde las cuales podemos leer los últimos meses, por un lado lo que ha sucedido en las entrañas del movimiento estudiantil y por otro lado el errático camino del gobierno. Me gustaría partir con lo estudiantil, básicamente porque es una lectura que ha hecho falta en los últimos caóticos días, la pregunta básica acá es: ¿quiénes son los nuevos estudiantes de las universidades de Chile? Lo primero que es necesario destacar es que no es la generación 2006-2011 que protagonizó la primera gran estocada a un modelo, aquellos primeros jóvenes cruzados por el dilema entre afección/desafección. Hoy la generación que entró a la universidad el 2015 tan solo estaba en primero medio el 2011 y el 2006 en cuarto básico. Son una generación distinta y por lo tanto cruzada por cuestiones estructurales distintas. Es entonces cuando comenzamos a entender que ya no podemos leer el movimiento estudiantil como arraigado en el 2011, sus principales dirigentes no fueron parte de esa generación de ruptura y cargan, por lo tanto, con una responsabilidad distinta.

Desde la otra vereda tenemos al Gobierno de la Nueva Mayoría con una dirección política marcada por la tónica de los desaciertos y una brújula que no parece tener norte. El problema del bloque gobernante no reside en su falta de maduración, como lo planteó esta semana José Miguel Insulza, sino en el hecho de que, a pesar de ser un bloque con nuevos actores y un nombre renovador, mantiene un cerrojo incluído en su ADN, la Concertación y con ello las lógicas antidemocráticas de aquellos que gobernaron ensimismados durante 20 años. Es bajo esta línea que el principio de la “cocina” y los consensos marcados por la tensión hacia la derechización de los proyectos imposibilitan al Gobierno de dar una respuesta clara a las demandas de nuevas generaciones, un nuevo Chile que grita por cambios sustantivos. Es este principio concertacionista el que enclaustra cualquier atisbo de posibilidad de hacerse parte de los cambios, está en su ADN el no comprender las lógicas de esta nueva generación del Movimiento Social y de los estudiantes que están determinados a cambiar las estructuras. Ejemplo de aquello fueron las mesas pre legislativas que levantó el Mineduc, en las que se involucró el movimiento estudiantil, aquellas eran el reflejo de los último esfuerzos desde las orgánicas transformadoras por dialogar con un gobierno incapaz de generar una política educativa de la mano con el movimiento social.

Todo esto, sumado al cambio de dirección que tuvo el Movimiento Estudiantil marcado por el triunfo de la plataforma Crecer en la UC -organización compuesta por fuerzas de izquierda como la UNE, el FEL, entre otras-, sumado a la inesperada derrota de las juventudes de la Nueva Mayoría en la FECH, marcan un punto de no retorno para el Gobierno frente a un actor en donde no tienen ninguna capacidad de incidencia. La nueva camada de dirigentes no ha tenido miedo de criticar la actitud pasiva de las antiguas dirigencias y han sido claros en su discurso, no le deben nada a nadie, no están dispuestos a defender migajas ante el Tribunal Constitucional por el qué dirán, han decidido criticar con fuerza al gobierno y han comenzado a generar unidad con todos quienes están dispuestos a avanzar con ellos.

En definitivas cuentas tenemos a un bloque gobernante amarrado de pies y manos ante una generación de dirigentes que ha sido clara en marcar su independencia frente a la torpeza del gobierno, pareciera ser que estamos en medio de ese punto de inflexión. La bestia está desatada y no podemos regresar atrás, las nuevas dirigencias estudiantiles han decidido cerrar el año pegando un golpe a la Nueva Mayoría más fuerte de lo que aparenta. El gobierno ha cometido todos los errores que podía cometer y no ha comprendido que después de 5 años los estudiantes están cansados de seguir diciéndoles qué es lo que deben hacer. Una reforma sin conducción ni norte hace aguas por sí sola, pero ese no es el mayor problema de la actual administración, pues a diferencia de antes hoy los estudiantes tienen la claridad de que, según sus propias palabras, no van a esperar nada más del gobierno.

El gran problema del gobierno, y la gran esperanza de la ciudadanía, es que lo que está sucediendo en estos últimos meses, es el florecimiento de una nueva generación, ya no es aquella de ruptura que logró fisurar la hegemonía neoliberal, es más bien una que ha decidido por sí sola y de manera democrática construir las transformaciones que necesitan, son quienes vienen a levantar un nuevo país, quienes nos harán ver posible lo imposible, quienes entienden que lo que está en juego no es materia exclusiva de los estudiantes, sino que de la ciudadanía en su conjunto. Veremos si en estas próximas semanas se genera ese momento constituyente en que dejen de lado todo para tomar las riendas de sus propios desafíos, uno podría especular que deberíamos estar ad portas de un momento fundacional que dará luces sobre el éxito o no de esta nueva generación.

Según mi humilde punto de vista estos últimos meses han sido el síntoma de aquello, espero estar en lo cierto y que las últimas semanas sean ese vaso de agua que se mueve y que solo entenderemos con claridad cuando veamos en el 2016 pisar fuerte al movimiento social y estudiantil.


Matías Delgado, Investigador Fundación Crea/ Iñaki Martínez, Secretario General Unión Nacional Estudiantil ( UNE)