Ayer el Estadio Nacional se llenó para que se saldara una deuda muy ansiada. David Gilmour brindó un emotivo y virtuoso concierto en el que repasó éxitos de Pink Floyd y de su carrera como solista.

Quizás Gilmour no venía con un show que elevara un prisma gigante en el escenario, lanzara enormes chanchos inflables al cielo ni derribara un muro de 80 metros en pleno concierto. Su arma es otra, y está dada precisamente por el inconfundible sonido de su guitarra, algo que por mejor ejecutores que sean los excelentes guitarristas de Waters, jamás han podido imitar.

Daba lo mismo si las primeras tres canciones no eran tan conocidas por ser las tres primeras de su útlimo disco “Rattle than Lock”. Desde el minuto en que tocó el solo de “5 A.M.”, el público supo que era él. La espera había valido la pena.

La ejecución del guitarrista se notó en cada solo. En el uso del Whammy en “The Blue”, en el uso del Lap Steel en “High Hopes”, en la totalidad de “Shine On You Crazy Diamond”.

Pero Gilmour no estaba solo, sino que se acompañó con músicos de primer nivel; Phil Manzanera, que hizo un dueto de guitarras con él en “On an Island”, produjo el disco del mismo nombre, además de obras como el último disco de Pink Floyd, “The Endless River” o el “Circo beat” de Fito Páez; el saxofonista brasileño João Mello, que interpretó unos memorables solos en los clásicos “Money” y “Us and them”; o el multinstrumentista “comodín” de Pink Floyd, Jon Carin, quien ya ha tocado con Pink Floyd (en la etapa sin Roger Waters), con el mismo Waters en sus tours In the Flesh, Dark Side of the Moon y The Wall, en la gira previa de Gilmour, On an Island y en un tributo a Syd Barrett.

En lo visual y escenográfico, pese a que no se trata de un espectáculo comparable a los de Roger Waters, los juegos de luces y proyecciones sorprendieron a todo el nacional que vibró impresionado. A ratos escuchando respetuosamente, impávidos frente a la calidad que veían sus ojos, y en otros aplaudiendo y gritando en el éxtasis.

Sin duda uno de los momentos más emocionantes fue la interpretación del hit “Wish you where here“, que fue coreado por todo el recinto. Igualmente, como pasó con “Shine on your crazy diamond” y el video que se proyectó atrás. Estos dos temas fueron con los que el público más enganchó y que para muchos están dirigidos al fallecido integrante de la emblemática banda, Syd Barret, a quien Gilmour también hizo un guiño con “Astronomy Domine”.

Sobre el final ya se mezcló todo. Gilmour se despedía con  “Run Like Hell”, canción de The Wall que tiene un complejo uso de delay, pero la gente aún quería más.

El guitarrista escuchó el pedido y volvió para el “encore/bis”. Bastó con el sonido de los relojes de “Time” para que la gente supiera que el plato fuerte venía al final.

“Time” le siguió el reprise de “Breathe”, para dar paso a lo que todo el mundo esperaba: “Comfortably Numb”. La habilidad de Gilmour para interpretar el segundo solo de esta canción – escogido por la revista Guitar World como el cuarto mejor de todos los tiempos y por los auditores de la radio Planet Rock como el mejor-, se fusionó con una serie de luces, en líneas rectas que iban para hacia el infinito primero con colores verdes, luego naranjo y rojo. Un momento único y que enriqueció el espiritu.

Revisa a continuación las fotos del recital que quedará en la memoria de los fanáticos de Pink Floyd:

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Foto: AgenciaUno.

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