Este 22 de diciembre el movimiento estudiantil ha convocado a una nueva movilización por la educación pública. La propuesta de gratuidad impulsada por el gobierno ha sido ampliamente resistida desde el mundo social por su incapacidad de superar las lógicas de mercado que hasta ahora estructuran el sistema educacional. Sin embargo, esta coyuntura de fin de año está marcada por un hecho indignante: la propuesta pretendía privilegiar a algunas universidades privadas por sobre las universidades del Estado más precarizadas.

La lucha por la educación pública es un proceso que se funde con las demandas de los científicos que pretenden superar las condiciones actuales de la ciencia en Chile. Ambos son movimientos sociales que tienen en su campo de acción a las universidades y juntos conforman el sistema de producción y transmisión de conocimiento. Un ejemplo concreto de la convergencia de sus demandas es el financiamiento basal a las universidades. Esto debido a que el modelo de financiamiento de estas instituciones está profundamente relacionado con la calidad del sistema de producción de conocimiento.

Actualmente, el financiamiento del trabajo de investigación en las universidades está planteado bajo un modelo individualista, de capitalización privada y basado en la competencia. El escaso presupuesto asignado a actividades de investigación en Chile se reparte principalmente a través de concursos por subsidios. Bajo este modelo es posible financiar apenas pequeños emprendimientos científicos y los investigadores e investigadoras ven reducida su capacidad de desplegar su trabajo en una dimensión social.

Otra consecuencia irremediable, e igualmente grave, del actual sistema de financiamiento de la investigación en Chile es la ausencia de compromisos formales entre los proyectos de investigación y las instituciones que los albergan. Esto deja sin relaciones contractuales a gran parte de los trabajadores que componen los grupos de investigación. La falta de estabilidad laboral y de derechos como trabajadores es una manifestación clara de la desvalorización del trabajo científico y académico en nuestro país.

La desconexión entre el desarrollo científico y el desarrollo de nuestra sociedad, junto a la desvalorización del trabajo dentro de las universidades, representan una crisis en el sistema de producción científica. Así como los estudiantes entendieron que la solución a sus demandas pasa por terminar con las lógicas de mercado en la educación, los trabajadores del conocimiento deben apuntar a la transformación de las lógicas que le dan forma al actual sistema de producción de conocimiento. La transformación de la ciencia en Chile debe acabar con el rol principal de los subsidios y con la privatización de los resultados de las investigaciones.

La investigación en Chile debe pasar a un modelo de financiamiento basado en presupuestos basales asignados a las instituciones albergantes de los grupos de investigación. Un modelo de este tipo, en conjunto con la democratización de las universidades, les permitirá a los grupos de investigadores establecer colectivamente líneas de investigación de largo plazo y condiciones dignas para los trabajadores. Por su parte, terminar con las lógicas subsidiarias les permitirá articular racionalmente sus capacidades de trabajo con las necesidades de la sociedad.

Quienes buscan superar las condiciones actuales de la ciencia chilena deben ver en el movimiento social por la educación un aliado. Hoy es urgente articularse con el actor social que ha cuestionado las lógicas de mercado en el financiamiento de todo el sistema educativo. Las demandas de los investigadores e investigadoras son continuas con las suyas y comparten el objetivo central de poner a las instituciones de producción y transmisión de conocimiento al servicio de la sociedad. Tampoco para la ciencia basta con ajustes al mercado, necesita transformaciones estructurales que les permitan a los investigadores superar las trabas que el neoliberalismo le impone a la educación y a la investigación.


Miembros de Conocimiento Colectivo