Hoy en día, podemos visualizar claramente que a la base de esta construcción de sociedad, tenemos los cuidados como eje articulador de la misma. Algunas/os necesitan más, otras/os menos, sin embargo todas las personas, en alguna medida, tenemos un nivel de interdependencia con las/os otras/os, expresados a nivel individual o también colectivo.

Hasta hoy, las reproducciones dicotómicas de lo público y lo privado aún tienen efecto en la vida de mujeres y hombres, pues el funcionamiento patriarcal de nuestra sociedad avala estas prácticas, las que, de una u otra manera, precarizan la vida de quienes la habitamos, y por sobre todo, de las mujeres. El espacio privado ha ido abriendo las puertas de lo íntimo para transitar a lo público, sin embargo, sumando “responsabilidades” a las mujeres, teniendo que cuidar también muchos intangibles relativos a las relaciones sociales y a la armonía de las instituciones que se sostienen en base a estos elementos (Precarias a la Deriva, 2005). Así, los sobreentendidos respecto de lo que deben hacer mujeres y hombres en la sociedad, siguen naturalizando la idea de que las tareas de los cuidados les corresponden a las mujeres.

Sabemos también que buena parte de las tareas de los cuidados en Chile no son remuneradas y las que lo son, corresponden a las tareas peor pagadas del país. Los cuidados de la casa, de las/os niñas/os, las/os enfermas/os, las personas mayores, las personas con diversidad funcional, y también, porque no decirlo, muchos hombres “que son dependientes porque no tienen ni la formación para cuidarse ni quieren hacerlo” (Del Río, 2004), son cuidados que realizan en gran medida las mujeres, haciéndose cargo en un 78,8% de las tareas de cuidar a otras/os en Chile (INE, 2008).

¿Para qué tiene sentido hacer este contexto?

Si bien, es posible que buena parte de las personas en Chile comprendan que las mujeres ejercen en su mayoría las tareas relativas a los cuidados con y sin remuneración en el país,  hay escenarios que están en la trastienda de lo público, como por ejemplo lo que acontece con los cuidados de las/os niñas/os hospitalizadas/os en buena parte de los centros de salud pública de nuestro país.

Incorporando la reflexividad feminista y profundizando los constantes cuestionamientos acerca de cómo vivimos las mujeres y de las realidades que están presentes y diferenciadas para nosotras, me doy cuenta a diario que en todos los espacios están ocurriendo muchas formas de precarización de la vida de las mujeres en Chile, y que si no pasamos por esas situaciones y las denunciamos, se vuelven invisibles y desconocidas para la sociedad, y, sobre todo, para quienes están a cargo de la construcción de políticas pertinentes.

Para que quede más clara la idea, quiero contarles un poco de la experiencia que fundamenta estas palabras. Tengo dos hijas, ambas, por situaciones de la vida, han estado hospitalizadas este año en el sistema público. Junto a mi compañero, distribuimos las tareas de sus cuidados lo más equitativamente que nos resulta, haciéndonos cargo ambas/os de cubrir sus necesidades. Así, cuando llegamos a la hospitalización de ambas, nos dimos cuenta que los padres, por política institucional, no pueden cuidar de las/os hijas/os por la noche, siendo las mujeres las únicas que podemos cumplir esta labor en el centro asistencial, siendo madre o cuidadora, sólo mujeres. Preguntamos los motivos y no están claros. Algunas/os dicen que tiene relación con que hay madres que amamantan y han reclamado porque se sienten observadas/os, y otras/os más directamente, nos cuentan que desconfían de los hombres por los abusos a las/os menores. No me voy a detener a cuestionar estos supuestos, pues tendríamos para largo, sin embargo es importante reconocer que son las ideas que están presentes, junto con otras que seguramente no nos expusieron en ese momento, para tomar este tipo de decisiones.

silla

Por lo tanto, sin dar más vueltas, entendí que iba a acompañarlas a ambas en su estancia en el Hospital. Conocí las instalaciones y la verdad es que me tranquilicé por ellas, son nuevas y las personas, en general, son muy gentiles. Observo que las tratan con respeto, y que las demandas de salud por las que llegaron a ese lugar, han sido cubiertas precozmente.

Cuando llegamos, pregunté si la silla[ver imagen silla] que está al lado de cada cuna/cama es el lugar para dormir, a lo que la enfermera de turno respondió afirmativamente, señalando además que no podría recostarme en el suelo y que las cunas/camas son de uso exclusivo para las/os pacientes. También mencionó que no podría traer colchones ni colchonetas. Creo que usted puede imaginarse lo que significa pasar varias noches en una de estas sillas, sin un espacio para apoyar los brazos o subir las piernas.

Entonces, después de estar casi una semana con cada una de ellas, en momentos diferentes del año, las preguntas que me surgen para hacer a quienes diseñan estos espacios son variadas. ¿Cómo vamos a cuidar a nuestras/os hijas/os adecuadamente sin un espacio que de soporte y que responda a una necesidad básica de la humanidad como es el dormir?, ¿Cómo resuelven las madres o cuidadoras que además, en el día, tienen que encargarse de los cuidados de otras personas o de asistir a sus trabajos?, ¿Será posible hablar de un sistema de salud que dignifica a quienes hacen uso de él?, ¿Cómo podremos atender a nuestras/os hijas/os o pequeñas/os a cargo que deben sostener largas hospitalizaciones por problemas severos o de alta gravedad?, ¿Tenemos, las mujeres, algunas cualidades especiales que nos pueden ayudar a prescindir de la satisfacción de nuestras necesidades básicas?, ¿Será que el cuento de las “Súper Woman” también se lo creyeron quienes construyen las políticas de este país?, ¿Cómo es posible instalar una política de acompañamiento 24 horas a las/os niñas/os enfermas/os sin asegurar una dignidad básica para las mujeres que les acompañan?, ¿Cómo sostener estas tareas por más tiempo?, ¿Será responsabilidad sólo de las mujeres realizar este trabajo?, ¿Será posible, como Estado, instalar políticas sociales dirigidas también a cuidar a quienes cuidan?

Sin duda, es necesario pensar en una reestructuración para la construcción de políticas sociales en Chile, que visibilicen los cuidados como parte fundamental de su organización, y que los reconozcan como un entramado básico para el mantenimiento de la sociedad y su funcionamiento actual. Y, por otra parte, que se hagan cargo de un reordenamiento profundo de estas estructuras, con el fin de terminar con prácticas que son cómplices y sostenedoras de las precarizaciones de la existencia de las mujeres en nuestro país.

Referencias

Arriagada, I. (2011) La organización social de los cuidados y vulneración de derechos en Chile. ONU Mujeres y CEDM.

Del Río, S. (2004) La crisis de los cuidados: precariedad a flor de piel. Rebelión.

INE (2008) Encuesta del Uso del Tiempo. www.ine.cl

Precarias a la Deriva (2005) A la deriva… por los circuitos de la precariedad femenina. Traficantes de sueños, Madrid.

*La silla de la imagen es nueva, y es la que actualmente se encuentra al lado de cada cuna/cama. Las que existían anteriormente eran aún más rígidas.


Trabajadora Social, Mg. en Políticas Sociales y Gestión Local