La cena, los fuegos artificiales, el bailoteo y los copetes del 31 de diciembre son imperdonables. Pero también es imperdonable la caña con la que probablemente amanezcas al otro día si tomaste más de 3 vasos, en caso de ser mujer, o si tomaste más de 5, en caso de ser hombre.

Fatiga, mareos, cansancio, boca seca, problemas de concentración y fuertes dolores de cabeza han aquejado a nuestra especie desde el descubrimiento de la fermentación. Se trata de sólo algunos de los síntomas de la resaca, que ocurre cuando la concentración de alcohol en la sangre, después de una noche de carrete, está cerca de volver a cero.

A pesar de ser un mal que sufre la mayoría de las personas que beben alrededor del mundo -exceptuando el afortunado 23% de los bebedores que, según un estudio de la Boston University School of Public Health, es inmune a la caña-, no existen muchos estudios científicos al respecto. En general los científicos se han centrado en estudiar el consumo de alcohol y los daños que este tiene a largo plazo en personas alcohólicas, no en los efectos que produce al día siguiente.

El hígado no tiene la capacidad de neutralizar directamente el alcohol, entonces lo que hace es transformarlo en acetaldehído, una sustancia muy tóxica que circula por todo el cuerpo causando el malestar propio de la resaca hasta llegar nuevamente al hígado, donde finalmente es transformado en ácido acético, que no es tóxico.

La falta de conocimiento sobre la caña implica que aún no se sepa a ciencia cierta qué es lo que la produce y cómo se puede tratar. Aún así, existen varias tesis que fueron compartidas en 2010 por un grupo de investigadores en el primer simposio sobre la resaca de alcohol, en Texas, EE.UU. Uno de los grupos que expuso en esa instancia está compuesto por científicos que se dedicaron exclusivamente al tema, llamado Alcohol Hangover Research Group, que da pistas sobre la patología, el tratamiento y la prevención de la resaca por consumo de alcohol.

El alcohol, igual que todas las sustancias que ingerimos, pasa por el hígado en un proceso que se llama metabolización hepática. Uno de los objetivos de la metabolización es desactivar sustancias tóxicas que estén en el organismo, como es el caso del alcohol.

El hígado no tiene la capacidad de neutralizar directamente el alcohol, entonces lo que hace es transformarlo en acetaldehído, una sustancia muy tóxica que circula por todo el cuerpo causando el malestar propio de la resaca hasta llegar nuevamente al hígado, donde finalmente es transformado en ácido acético, que no es tóxico.

A esto se sumaría la disminución de azúcar en la sangre porque las enzimas que producen glucosa están ocupadas metabolizando el alcohol. Lo anterior genera una debilidad corporal generalizada.

La presencia de congéneres también influye en el malestar. Los congéneres son añadidos que le dan sabor y color a las bebidas alcohólicas y se presentan generalmente en las que son de color oscuro como el brandy, whisky y vino tinto, y también en el tequila. Empeora el panorama la deshidratación, un proceso paralelo al de la resaca que es producido porque el alcohol es diurético; inhibe la reabsorción de agua, que es desechada en grandes cantidades a través de la orina durante la fiesta.

Factores que pueden empeorar la caña son no haber comido antes de empezar a beber, mezclar el trago con bebida gasificada -mejor hacerlo con jugo-, fumar mientras se toma y también hacer ejercicio; si bebes en una discoteque, es probable que la resaca sea peor.

Cultura etílica

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9,6 litros de alcohol puro al año consume en promedio cada persona en Chile; 13,9 los hombres y 5,5 las mujeres. La estadística es de un estudio publicado en 2014 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que indica que Chile es el país donde más se bebe en toda América Latina.

Además, según el último estudio nacional de drogas en población general del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda), el consumo de alcohol en Chile muestra un aumento con respecto al estudio anterior, publicado en 2013. Si los daños del alcohol están comprobados y la caña es tan terrible, ¿por qué el chileno sigue tan caído al litro?

“El alcohol está arraigado a la cultura chilena. La borrachera ha sido incluso un lugar de encuentro político, un espacio de socialización por excelencia en Chile”, explica el historiador Gonzalo Peralta.

“El alcohol está arraigado a la cultura chilena, ojala no estuviera arraigada la caña, que es un momento de introspección más doloroso, pero lamentablemente no hay cómo evitarla. Desde la antigüedad, en distintos grupos sociales y etnias, ha habido un importante consumo de alcohol; borrachera por lado y lado. La borrachera ha sido incluso un lugar de encuentro político, un espacio de socialización por excelencia en Chile”, explica el historiador Gonzalo Peralta.

A modo de ejemplo cuenta una anécdota que habría sucedido en la década del 1540, cuando Pedro de Valdivia, recién en Chile, mandó una carta a España solicitando que le enviaran uvas para producir vino. “Hay una explicación religiosa por la necesidad de vino para la misa, pero también era para beber”, afirma Peralta.

El naturópata Miguel Ángel Cárdenas también reconoce el peso de la cultura. “Lo importante es preguntarse para qué se toma tanto. En el fondo es para no tocar tus emociones, porque hay algo afectivo que no quieres enfrentar, es un escapismo. Y como todo el pueblo va a tomar, socialmente es difícil escapar del alcohol. Tú ves que es una obligación para el año nuevo tomar”, dice.

Para él, la inevitable caña tendría un sentido: actuar como mecanismo de defensa para que aquel que se emborrachó la noche anterior tome conciencia del daño que se está provocando. El problema es que también puede generar daños a largo plazo. “Tener estados de angustia severos, adicción y si hay más de un evento de amnesia alcohólica al mes ya es mucho, porque la intoxicación genera un deterioro en las neuronas”, explica Cárdenas, que es director del centro Natural Clinic.

Además de los daños personales de la resaca, hay evidencias de que genera un impacto social. El desgano propio del otro día del carrete afecta al estado de ánimo de las personas, que suelen estar más irritables y propensas a generar conflictos. También afecta a la capacidad de trabajo, de hecho un estudio realizado el año 2006 en Estados Unidos muestra que el consumo de alcohol le costó al país cerca de US$224 mil millones, de lo cual un 72% se asocia a la pérdida de productividad laboral debido a la resaca.

“La veisalgia (resaca) es la principal repercusión sociolaboral del alcohol. Sus costes salariales y productivos son muy superiores a los del alcoholismo crónico, lo que nos lleva a la chocante conclusión de que desde el punto de vista estrictamente socioeconómico y laboral es mucho más dañina la embriaguez ocasional con clavo (resaca) que la dependencia del alcohol”, afirma el psiquiatra español Juan Medrano en su artículo Reflexiones nerviosas, publicado el año pasado.

Recetas ancestrales

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A pesar de que la patología de la caña no ha sido del todo dilucidada y menos aún sus posibles curas, existen numerosas propuestas para ayudar a neutralizarla que van más allá de la obvia: no beber.

Una de las pocas recetas que cuenta con respaldo científico es el consumo de pera o el jugo de la fruta, que según un estudio de la Agencia Nacional de la Ciencia de Australia ayuda a contrarrestar los efectos de la resaca si se consume antes de beber (no funciona después de hacerlo). Otras recetas para prevenir la caña son tomar lentamente, con el estómago lleno y beber un vaso de agua entre copas.

También existen muchos tips naturales que puedes poner a prueba el día siguiente de año nuevo y que han sido reconocidos por el naturópata Miguel Ángel  Cárdenas. A continuación los describimos en el orden de consumo sugerido:

1) Mezcla un vaso de agua con una cucharada de  bicarbonato de sodio, otra de sal y otra de azúcar para ayudar a la rehidratación.

2) Consume jugos de frutas, idealmente de piña o limón. Puedes añadirle menta, que ayuda a calmar el intestino, miel, que sirve para activar la absorción del alcohol, y jengibre, que calma las náuseas.

3) Aunque no tengas ganas de comer, es importante para la recuperación. Alimentos que ayudan a la desintoxicación son pescados, mariscos, huevos, verduras verdes como espárragos o alcachofas y también plátanos.

4) Evita tomar  paracetamol porque mezclado con el alcohol puede provocar daño hepático. No consumas café, bebidas alcohólicas ni comidas muy grasosas como pizzas o hamburguesas.

5) Duerme todo lo que necesites y toma mucha agua a lo largo del día.

Bonus: Alternativas para combatir la caña propuestas por el equipo de eldesconcierto.cl (no comprobadas científicamente).

– Tomar una cerveza o un cortito de whisky al despertar.

– Fumar marihuana; un matacaña.

– Comer una empanada de pino bien picante acompañada por una fanta fría.

– Comerse un caldillo de congrio en el Mercado Central

– Comer choripán y leche de plátano.

– Manzana rallada con azúcar.