Para qué volver una y otra vez  a pensar, repensar, repasar el siempre relativo o relativizado estallido de las formas ilegales o antiéticas en que trenzan sus alianzas los (pocos) poderes político-económicos. Una alianza pactada para mantener intacta el 0.1 % de riqueza a costa de una estela de desigualdad social que es completamente intolerable.

Ya se conoce parte importante de lo que la opinión pública necesita saber. Frente a este escenario, la derecha construye (por ahora) a través de cada uno de sus medios de manera intensa un nuevo “delfín”: Giorgio Jackson. La derecha lo hace una vez que Meo “el eterno” se desplomó motivado no por su autobombo sino que por su autobomba-Pinochet. Solo que el Diputado Jackson es el mejor y tal vez el único candidato a nada. Porque esa evaluación, proveniente del coludido grupo Matte, está pensada presidencialmente y viene a favorecer la candidatura de Piñera que a fin de cuentas está tan involucrado en escándalos financieros (desde siempre) que dejan de ser importantes para la evaluación pública porque a cambio –y esto es alucinante- ofrece “eficiencia”.

Por otra parte la “operación Jackson”deja abierta la disputa por el camino presidencial a Lagos padre, a Isabel Allende y a José Miguel Insulza. Lagos e Insulza se presentan como “hombres de Estado” e Isabel Allende (asesorada por el retorcido lobista Correa) en tanto hija o en tanto apellido. Pero todos ellos  finalmente le dan garantías al 0.1.

Entiendo que los escenarios políticos son inestables por su filiación a lo coyuntural, que lo que se supone inviable hoy puede darse una vuelta de carnero imprevisible debido a sucesos inesperados. Pero ahora mismo, de acuerdo a las circunstancias, ese es el escenario. Y, obviamente, mañana o pasado mañana, puede ser otro.

Sin embargo este espacio tiene un extraordinario signo renovador que, por las turbulencias generadas por su gesto inédito, todavía no puede ser valorado en toda su extensión: la gratuidad para los estudiantes más castigados por este sistema depredador.

Desde luego esta gratuidad porta debilidades, arrastra deficiencias, necesita ser intensificada (entre otras múltiples rearticulaciones modificar las vías de ingreso a las universidades públicas). Pero, más allá de todo, se produjo lo que Jaques Ranciere denomina una “emancipación”  porque se alteró el límite de lo posible y de lo pensable en la medida que jóvenes y familias que han sido víctimas del infierno neoliberal pueden saltar una barrera escrita a sangre y fuego por el 0.1. Es poco, es insuficiente, pero tiene el importante peso simbólico necesario  para establecer una modificación de los supuestos e impulsa a proponerse nuevos parámetros.

De la misma manera que la gratuidad no puede ser desligada de los movimientos estudiantiles, resultaría una injusticia no darle crédito a la Presidenta Michelle Bachelet. Fue su empeño el que consiguió materializarla. Pocas veces se ha visto en Chile a líderes políticos y dirigentes de partidos, más desleales, más machistas, más incompetentes, más regresivos que muchos de los que supuestamente la acompañaron en este gobierno y que promovieron y hasta provocaron cada una de las crisis. Dávalos fue decisivo, sin duda, como “arma  de destrucción masiva” para la propia Michelle Bachelet. En ese sentido fue un error incuestionable su inclusión en las esferas gubernamentales, pero, desde otra perspectiva, también representa una anécdota del poder y las fallas que porta.

El centro de los problemas radicaba y aún radica en otras partes. Más allá de la derecha y sus conocidas estrategias, el propio conglomerado de partidos que acompañaron a la Presidenta, usaron a este empecinado y ciego hijo neoliberal, Dávalos, como un artefacto para ejercer el matonaje. Lo utilizaron como una espesa cortina de humo para comparar lo que se podría considerar (en el marco de las ilegalidades conocidas) como un delito menor, comparado con el saqueo mayúsculo del 0.1 y sus servidores en todos los órdenes de la vida nacional. De una u otra manera estos líderes de partidos “afines” (no todos) están por mantener el 0.1 y, más aún, un número ya público y publicado de ellos, fortalecen esa ecuación desde el congreso.

Pero ya se ha dicho todo o casi todo de esta elite más oficiosa y de sus domesticados ayudistas. Sin embargo en el interior de un escenario muy complejo e inexpugnable este germen de gratuidad no puede ser minimizado porque si se hace estamos jodidos: seríamos ultra serviles al 0.1.

Mi idea es que hay que valorizar esta primera fase de gratuidad y, desde allí, actuar. Y desde este exacto lugar -la gratuidad- tejer los hilos múltiples y heterogéneos para dejar de ser solo infraestructuras para una comunidad aterradoramente pequeña. Me refiero a ejercer ese poder que tenemos y que está confiscado y, aún más, secuestrado desde hace ya 43 años.

 

 

 


Escritora y académica