Los gobiernos de Arabia Saudita, Bahréin y Sudán, han cortado sus relaciones diplomáticas con Irán, luego de que la embajada saudí en Teherán y su consulado en la ciudad de Mashhad fuesen atacados con bombas molotov por manifestantes que protestaban contra la ejecución del destacado clérigo chiíta en Arabia Saudita, Nimr al-Nimr.

Esta crisis ha marcado un punto álgido de tensión en el golfo Pérsico debido a que algunos países aliados de Riad como Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Sudán expresaran su apoyo al reino saudí, mientras que Irak y el Líbano se unieron a la protesta de Irán, estado teocrático y país con mayoría de población chiíta.

En Irak, el líder del bloque parlamentario del partido gobernante chiíta Dawa, Khalaf Abdelsama, tras la ejecución del clérigo al-Nimr exigió clausurar la embajada saudí a pesar de que el pasado sábado 15 de diciembre se reabrió por primera vez luego de 25 años y además propuso expulsar al embajador Zamer al Sabhan de Bagdad.

Por otra parte, Abdelsana sugirió “ejecutar a todos los terroristas saudíes que se encuentran en las cárceles de Irak”, cerca de 61 prisioneros, según consignó la agencia AFP.

En tanto, Amnistía Internacional denunció que el proceso judicial contra al-Nimr fue “tremendamente injusto” y que bajo el pretexto de combatir el terrorismo, Riad intenta reprimir la oposición. En esta línea, cabe recordar que Arabia Saudita llevó a cabo más de 150 ejecuciones sólo en el año 2015.

El clérigo chiíta Nimr al-Nimr, cobró fama en 2012 por su oposición al gobierno sunita de Riad y motivo por el cual fue condenado a muerte el 2014. El reino de Arabia Saudita acusó a al-Nimr de alentar a la violencia entre sus correligionarios chiítas, minoría religiosa en la península arábiga.

¿Extremismo político o religioso?

La división del islam entre sunitas y chiítas es un tema que data del año 632 de nuestra era, tras la muerte del profeta Mahoma, momento donde sus seguidores comenzaron a cuestionarse quién sería el sucesor del califato islámico.

Algunos estaban a favor de que la sucesión fuera por gracia divina, o sea, que asumiera el liderazgo el primo y yerno de Mahoma, Alí, por lo que este grupo fue denominado Shi’aut Alí (en árabe partidarios de Alí). Por otra parte estaban quienes a través del Sunna, libro que contiene palabras del Profeta y sus seguidores, preferían que el sucesor fuera elegido por los miembros de la comunidad musulmana, por lo que el bando fue nombrado sunita.

Si bien actualmente la mayoría de la población musulmana en el mundo es sunita, existen países como Irán, Azerbaiyhán e Irak donde los chiítas son mayoría, mientras que en el Líbano representan la mitad de la población islámica.

En Yemen los chiítas suman casi el 40% de la población y desde principios de 2015 la organización militarizada chiíta los hutíes gobiernan el país con el apoyo de Irán, por lo que desde marzo de 2015 sufren constantes bombardeos de Arabia Saudita.

Pero esta encrucijada no es un conflicto netamente religioso. Por siglos chiítas y sunitas han convivido en una región que vive uno de los momentos más difíciles de sus historia con la guerra contra el Estado Islámico y la guerra civil en Siria que ha provocado la intervención militar de las potencias occidentales y Rusia.

El Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés), organización yihadista que se extiende entre Siria e Irak y que ha podido financiarse mediante la venta de petróleo en el mercado negro, a la vez que expandía su territorio sufría los ataques de Estados Unidos, Francia y Rusia, potencias que poco a poco fueron concentrando su arsenal militar en la región.

Hasta ahora la principal derrota sufrida por ISIS sea la recuperación de Ramadi por parte del Ejército de Irak, lo que abriría paso a un avance estratégico con miras a Mosul, tercera ciudad más grande de Irak y actual centro financiero y capital del Estado Islámico.

En este contexto, Estados Unidos ve con recelo una situación que se le ha escapado de las manos, pues los primeros objetivos de Washington se centraron en el financiar y entrenar a grupos rebeldes contra el gobierno sirio de Bashar al-Asad, pero que terminaron fortificando organizaciones vinculadas al yihadismo.

Asimismo, la crisis diplomática entre Irán y Arabia Saudita, pone en la cuerda floja una región de por sí ya convulsionada, por lo que en la Unión Europea hablan de consecuencias peligrosas, mientras que Estados Unidos inútilmente llama a la calma a sus aliados saudíes quienes cada vez ignoran más las recomendaciones de la Casa Blanca.