Charlie Hebdo ya no es lo mismo. Era evidente que no lo volvería ser después del ataque sufrido en el que fueron asesinados 10 de sus trabajadores, pero el rumbo que tomó es muy distinto a lo que sus redactores e ilustradores soñaron en otras épocas.

Si bien poco antes del 7 de enero de 2015, las dificultadas financieras llevaron al semanario a estar a punto de cerrar, hoy sus ventas millonarias y las generosas donaciones internacionales de las que se ha beneficiado hacen que Charlie Hebdo nade en la abundancia.

Pero claramente no es un lecho de rosas lo que se vive al interior del semanario, el shock postraumático ha sido difícil de superar.

Algunos de sus emblemáticos redactores e ilustradores históricos han abandonado la publicación que para 1992 era conformada por “una banda de tipos reunidos en un bar, que bebían copas mientras dibujaban”, según describía el ex redactor de Charlie Hebdo y sobreviviente de la masacre, Patrick Pelloux.

“Ahora, cuando uno se ríe en la redacción, se siente culpable”, opinaba Pelloux quien justificó su salida del medio por la extenuación provocada por su tratamiento “a cargo de tres psiquiatras distintos”.

Otro en abandonar las filas de la redacción fue el caricaturista, Renald Luzier (Luz), quien estuvo a cargo de la portada del primer Charlie Hebdo publicado después del atentado, un número especial que logró vender 7,5 millones de ejemplares alrededor del mundo. Luz argumentó que su salida se justificaba porque estaba harto de dibujar a Mahoma y añadió “problemas de inspiración”.

Tanto Luz como Pelloux fueron autores, junto a otros 13 compañeros suyos de una columna en el periódico francés Le Monde titulada “¿Cómo escapara del veneno de los millones?” donde denunciaban el funcionamiento al interior de la revista y exigían que la redacción se constituyera en una sociedad cooperativa, en la que integrantes del equipo se repartieran las acciones por partes iguales.

“Rechazamos que un puñado de individuos tome el control, ya sea total o parcial, con un menosprecio absoluto por quienes lo fabrican y lo apoyan”, dijeron, pero actualmente la propiedad de la revista está en manos de su nuevo director, Riss (70%) y del director financiero, Éric Portheault (30%) quienes se niegan a crear la cooperativa, a la vez que prometen reinvertir la bonanza de 2015 en la propia redacción.

Antes de la tragedia Charlie Hebdo no superaba las 30 mil ventas semanales, pero después del 7 de enero de 2015, la redacción promedió impresionantes ventas que los sitúan en los 100 mil ejemplares semanales, tras haber bordeado los 200 mil durante el verano.

A esos números habría que sumarle los 4,3 millones de euros procedentes de 36 mil donaciones particulares, junto al millón de euros que desbloqueó el Ministerio de Cultura Francés para la redacción. Otro dato es el incremento en el número de suscriptores, pasando de 10 mil antes del ataque a los 200 mil que hoy ostentan.

Según el periodista de investigación francés, Denis Robert, citado por El País de España “en total, el diario sumaría entre 20 y 28 millones de euros”, quien además opina que “pese a todo ese dinero, el futuro de Charlie Hebdo sigue siendo frágil. Sus responsables tienen que entender que ese dinero no les pertenece. Deben crear una revista abierta y generosa, pero están haciendo lo contrario”.

“La dirección y el equipo no se dirigen la palabra. De seguir así, terminarán por desaparecer”, agrega.

Por otro lado, el cineasta francés Emmanuel Leconte acaba de estrenar el documental L’humour à mort (El humor a muerte) con testimonios de los sobrevivientes de Charlie Hebdo, donde tras recibir las manifestaciones de apoyo ciudadano del 11 de enero, vieron como la redacción se fue eclipsando.

“El shock postraumático ha sido difícil de superar. Llevan muchos meses durmiendo mal, no tienen vida propia y se sienten al borde del ataque de nervios”, según afirma Leconte.