Llegó el 2016, vivimos la primera semana de enero y ya parecen más lejanas de lo que realmente son, las fiestas de fin de año esperadas con ansias por los holdings económicos y el retail.

La Navidad y el Año Nuevo se palpaban en las calles desnudando el festival del consumismo, el maremágnum atiborrado de bolsas, juguetes, celulares y un sinnúmero de artefactos electrónicos, de todos los precios y para todos los gustos. Se vivía en el transporte público donde no cabía un alfiler, en los supermercados, en tiendas comerciales y por supuesto en la televisión.

Por supuesto, pues algunos de los mismos dueños del Retail son propietarios o accionistas de la franja televisiva chilena. Negocio redondo. Las nuevas salitreras a mi parecer, (haciendo un pequeño homenaje y analogía con la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique, que recordamos en sus 108 años) pues el dueño del canal (al igual que el empresario salitrero con sus pulperías),  es a su vez también dueño de las tiendas del retail y los productos que publicita diariamente y que la fila de mortales ve, admira y compra. La endogamia empresarial en todo su clímax.

El consumo nos consume

Pero no todos bailan al compás de la alegría consumista, del aparentar con el regalo más grande y ostentoso, del quedar bien con el jefe, con el colega en los desagradables y protocolares “amigo secreto” actividad hipócrita y generalmente falsa, donde el no participar te convierte en el amargado de fin de año. Muchas empresas tienen su actividad de “amigo secreto”, instalada en el ideario mercantil chileno como preámbulo de la navidad donde florece y emerge lamentablemente no el espíritu de compartir, recordar a seres queridos que no están o conversar con los tuyos. En esta sociedad neoliberal y profundamente capitalista se yerguen valores trastocados que la televisión y medios masivos de comunicación refuerzan. “El predominio del tener sobre el ser” o lo que es peor “yo soy, según lo que tengo”.

El sociólogo chileno Tomás Moulian lo grafica muy bien en su libro “El consumo me consume”, donde en esas fechas que debiesen representar precisamente valores diferentes como el amor o respeto por el otro, se instalan otros como el exhibicionismo, el arribismo y consumo como portador de una identidad y un status. “Por ejemplo, cuando se tiene auto no porque se puede o se necesita, sino por la presión social. Cuando se va de vacaciones endeudándose más allá de las posibilidades familiares para evitar pasar vergüenza en el barrio o cuando a los niños les pregunten por el colegio.” (El Consumo me Consume, pág 66, Ediciones Lom, 1998, Santiago, Chile)

Cuando asevero que no todos bailan la misma música, me refiero no solamente a aquellos que tienen otra conciencia de esas fechas y la entienden de otra manera, (los menos) sino de tal vez la profesión con más inestabilidad laboral, despidos injustificados y arbitrarios a fin de año. Los profesores.

No puedo ser indiferente a una cruel realidad que por cierto he vivido como miles de colegas, precisamente entre la falsedad del amigo secreto y la caja navideña que uno que otro sostenedor otorga antes de desvincularte por el contrato a plazo fijo “no le renovaremos contrato” (art. 159 del código del trabajo) o el artículo maldito (art. 161 necesidades de la empresa, íbid)

Esta situación la sufrieron desde hace un par de semanas centenares o tal vez miles de colegas en todo Chile, que hoy tiene intensificación y recrudecimiento por la pronta entrada en vigencia de la Reforma Educacional que elimina en forma progresiva la selección, el lucro y el copago. Se les acaba el negocio a muchos y otros para seguir haciéndolo aún más rentable, como toda empresa, despiden con el eufemismo inhumano de “ajustar gastos o equilibrar gastos internos de gestión”. Detrás de cada despido hay una familia y un ser humano que cae en la incertidumbre y la tristeza de muchas veces habiéndolo hecho bien, no encontrar más respuestas que la carta de despido con el artículo 161 entre sus líneas.

Los Salesianos y el comienzo de la campaña del terror

El conjunto de institutos, congregaciones, colegios, centros juveniles, entre otros que conforman la llamada “Familia Salesiana” al amparo y devoción del sacerdote y educador italiano Juan Bosco, es precisamente y paradójicamente los primeros en poner en práctica con despidos masivos estos días la campaña de desprestigio que la Confepa y la derecha chilena ha tenido contra la incipiente Reforma Educacional impulsada por el gobierno.

En la región de Magallanes se han producido 70 despidos de profesores en diversos establecimientos de la congregación. El Liceo San José, El Instituto Don Bosco, Liceo María Auxiliadora y el Instituto Sagrada Familia son algunos de los establecimientos que según orden de la congregación central, procedieron a desvincular a docentes con diez, quince, veinte años de servicio y muchos además con excelencia pedagógica.

En Linares la Escuela Agrícola Salesiana Don Bosco también despidió a diez profesionales aduciendo el Artículo 161, inciso primero por necesidades de la empresa. La misma situación la viven 25 profesores del Colegio Salesianos de Valparaíso, Antofagasta, Santiago en su sede de Alameda y otras ciudades del país vieron la misma escena. En total cerca de 300 profesionales de la educación despedidos. La fórmula en cada colegio es la misma. Culpar a la Reforma Educacional alegando inestabilidad económica y reajustes por el fin del copago y la aplicación por ende del 161 del código del trabajo. Hay que salvar el negocio a como dé lugar.

La navidad y el año nuevo como vemos no fue feliz para centenares de profesores chilenos, pues el mismo proceso lo están viviendo otros también en colegios laicos del sistema particular tanto subvencionado como pagado. Y como corolario y ejemplo de los valores trastocados que se profundizan paradojalmente en esas fechas les dejo un pensamiento del mismo católico Don Juan Bosco ícono de los salesianos:

“Cuando comience entre nosotros el bienestar y las comodidades, la sociedad salesiana habrá terminado su misión” y “no olvidéis que nosotros estamos para los niños pobres y abandonados.”

Esa es contradicción.


Profesor de Lenguaje y Comunicación. Profesor de Castellano UPLA