Durante la primera semana de este mes estival, nos enteramos por la prensa y las redes sociales de la nueva puñalada artera que la Democracia Cristiana o algunos de sus dirigentes y ex autoridades de la extinta Concertación propinaban a la Nueva Mayoría, el gobierno de Bachelet y su programa.

“Progresismo sin Progreso” fue la epístola que un grupo de 26 dirigentes falangistas, encabezados por Mariana Aylwin, hija del ex Presidente recordado por la transición eterna y su justicia en la medida de lo posible expusieron a la opinión pública. La ex ministra de educación, se paseó por diversos canales instalando el descontento y la desazón de un sector de la Democracia Cristiana por el cauce que han seguido las políticas públicas del gobierno. Aylwin encabeza el discurso conservador, neoliberal y paradójicamente antiprogresista que acerca a la falange con la derecha chilena. ¿Es de extrañarse el discurso de Aylwin y la carta firmada por estos sujetos? Por supuesto que no. Es una muestra más de la cosmovisión y forma de entender la sociedad de este sector político. En el caso de la ex diputada, hace rato que viene defendiendo el lucro, teniengo guiños con la centro derecha y trabajando en fundaciones ligadas a Andrónico Luksic o de la mano de Harald Beyer, José Joaquín Brunner o Patricia Matte, (la supuesta elite en materia educativa y la tecnocracia neoliberal) invitados por Sebastián Piñera en su pasado gobierno.

La misiva de la discordia

La carta de una extensión de tres carillas instalaba en ocho puntos el descontento del ala más neoliberal y colindante con la derecha del rumbo que sigue el país y el miedo a perder lo ganado.

¿Lo ganado por quién me pregunto yo? pues si bien es cierto, podemos discrepar de algunas reformas impulsadas en la forma y el fondo, muchas de ellas como la laboral, educacional, inclusión, unión civil, despenalización del aborto y nueva constitución, han sacado ronchas en los sectores conservadores y fascistas de este país porque precisamente han movido un poco este status quo social y político chileno, le han dado un golpecito a la balanza cargada con todo su peso a los dueños del país que han defendido la Democracia Cristiana y la Derecha en aras de mantener esa calma, ese diálogo que sigue perpetuando el poder en manos de unos pocos y bailando apretadamente a empresarios y políticos el último vals de la corrupción, el cohecho, fraude al fisco y los conflictos de interés. Pero la fiesta es larga.

Los cambios y las reformas podrían ser más rápidas, más profundas, se podrían hacer un sinnúmero de objeciones desde la mirada progresista, pero se avanza y se nota, si no fuera así no estaría tan preocupada la derecha y la DC con cada una de ellas, trabando cada iniciativa, ensuciando la cancha y llevando cada vez que es posible todo lo que no convenga a sus neoliberales y empresariales intereses al Tribunal Constitucional.

La DC, la misma que armó un berriche enorme porque no se le puso alfombra roja ni se le envió flores ni carta de invitación a Jorge Burgos para acompañar a Bachelet a la Araucanía, la misma que defiende a ultranza la Ley de Pesca según palabras de Ignacio Walker y Andrés Zaldívar, comprobada fehacientemente que fue aprobada en medio de actos de soborno, cohecho y conflictos de interés (Caso Jaime Orpis y los DC Andrés Zaldívar y su fallecido hermano Adolfo) que entregó a los mismos de siempre, a las mismas familias más ricas del país el mar por veinte años con opción de renovar sus voraces cuotas pesqueras terminado ese lapso, aquella que es presidida por el senador Jorge Pizarro, que no le importó un ápice horas después del terremoto y tsunami que afectó a Coquimbo y la Cuarta región, irse a Inglaterra a ver el Mundial de Rugby, región que abandonó por lo demás siendo representante de esa Circunscripción. Esa es la DC que habla del rumbo perdido, del peligro de la ideologización hacia la izquierda, de la falta de progreso.

“Lo estamos pasando muy bien” (Los Prisioneros)

¿Pero qué progreso quieren? Enfática es la respuesta, solo el propio. El mismo de siempre, el que gozan los grupos de poder, la casta política, los sectores más acomodados de este país, los ricos y los nuevos ricos, los que se coluden y los que nos imponen su falsa moral de la mano de la Iglesia Católica, los que lucran a destajo con la educación superior y escolar, la sostenedora que cambia el auto cada seis meses, un año, mientras las salas de clases se llueven a la primera gota, el progreso de una casta política que tiene en ambos hemiciclos a sujetos embarrados hasta las patas con casos de corrupción y soborno, que no desean por nada del mundo disminuir su “dieta” parlamentaria, sus seis a ocho millones de pesos mensuales por su “vocación” de servicio público.

Cada vez que una ley, una reforma o un mísero proyecto toca los intereses económicos de este grupo, irrumpe la palabra progreso, la palabra libertad hace gárgaras en sus bocas, vocablos manoseados por la derecha chilena y el empresariado, acuñadas por los economistas neoliberales para condenar e instalar el terrorismo de la semántica y del miedo al cambio en esta sociedad de dóciles ovejas que prenden día a día los medios de comunicación manejados obviamente por esta misma casta.

En la radiografía de la riqueza y del poder en Chile se repiten los mismos apellidos, los hijos, los nietos, los primos, los hermanos. El cruce entre familias, la endogamia pura. Ustedes no quieren progresismo, no quieren progreso para todos, dejen de mentir. No basta con asistir a las emperifolladas Cenas de Pan y Vino del Hogar de Cristo a hablar del próximo viaje, la casa nueva, el nuevo Aston Martin, mandar a sus hijos a “hacer patria” y ganarse el cielo en Techo Para Chile. En el país de las transiciones, de las mesas de diálogo, de las concesiones, la política de los acuerdos y las licitaciones, hay un grupo, una secta, un gueto, que tomó este país y lo ha estrujado por un par de siglos y debo reconocer que lo seguirá haciendo por generaciones, que se acuerda de la palabra “progreso” cuando hay un cero menos en sus cuentas o el viaje ya no es a París o a Islas Vírgenes.”Este año por culpa de los rojos solo iremos a Cachagua y Zapallar.”

Ese es el único progreso que les importa.

 


Profesor de Lenguaje y Comunicación. Profesor de Castellano UPLA