Desde que los precios del crudo empezaron a caer significativamente hace dieciocho meses, se observa el aumento de la oferta por parte de Estados Unidos y Arabia Saudita. Un escenario político-económico que tiene efectos e impactos en la economía y relaciones de poder en el sistema internacional.

El petróleo tiene hoy uno de sus precios más bajos, llegando a cerca de 25 dólares el barril. El fin de las sanciones a Irán permitió al país –uno de los principales productores del crudo en el mundo- abrir sus reservas al resto del planeta. En una reacción en cadena, las bolsas del medio oriente, así como el precio del crudo, han caído a niveles récord.

Por su parte, China, el principal comprador de petróleo, crece a su menor ritmo en los últimos 25 años, lo que afecta sus compras del crudo. La baja de precio afecta las economías de productores e importadores de petróleo. A su vez, las transnacionales petroleras también se han visto perjudicadas.

Tras quedar libre de las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea el pasado 16 de enero, el país aumentó su producción en 500 mil barriles diarios un día después. Tras el fin a la restricción, podrán volver a vender el crudo a los países europeos, por lo que los grandes capitales europeos también se frotan las manos al tener acceso a un mercado de 80 millones de personas. Las expectativas iraníes es que ahora su PIB crezca en 4%. En cuanto a su política exterior, Teherán podrá profundizar ahora sus relaciones con Rusia, China, Irak, Siria y El Líbano.

La disputa política por convertirse en la potencia de la región, será con una Arabia Saudita cada vez más debilitada, sacudida por problemas internos, crisis económica, apoyo a grupos terroristas y la guerra contra Yemen. El conocido asesinato del clérigo chiíe Nimr al-Nimr marca un punto de inflexión en el conflicto Arabia Saudí e Irán.

Según el FMI, Arabia Saudita necesitaría vender el crudo a 98 dólares el barril para que sus cifras cuadren. Hasta ahora ha sido defensor de no recortar la producción para elevar el precio. Así dejan afuera a otros competidores. De todas formas, la familia Said está considerando privatizar la petrolera Saudi Aramco, la mayor empresa del mundo, la que podría valer entre 1 y 10 billones de dólares. Esta estrategia de mantener una sobreoferta de petróleo responde a una mirada geopolítica

Todos contra todos

Uno de los tópicos en el mundo islámico es el conflicto entre sunitas y chiítas. La brecha que surgió ya hace más de 1.000 años no sólo determina las complejas relaciones en Oriente Medio, sino que representa hoy en día una de las mayores amenazas para la seguridad internacional. Según reportes en el mundo musulmán el 87% sunitas y el 13% chiítas. Si observamos el mapa los países Sunitas nos encontramos con: Arabia Saudita, Afganistán, Pakistán, Jordania, Kuwait, Yemen, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Túnez, Catar, Libia, Turquía, Siria. Por otra parte, los países Chiítas son: Irán, Azerbaiyán, Bahréin, Irak, Líbano.

El escenario en medio oriente esta marcado por las tensiones y conflictos entre persas y árabes. Irán (persas) entusiasmada por su reinserción internacional y las oportunidades para potenciar nuevas alianzas con occidente,y a la vez  aumentar su  liderazgo en la región. No podemos obviar, que la Monarquía Saudí (árabes) ha sido un aliado político-económico de Estados Unidos y en el último tiempo se ha movido en forma errática concentrando energías en acusar a Irán de la insurgencia de los rebeldes hutiés ( chiítas) en Yemen. A la fecha son declaraciones cruzadas con implicancias en el mercado del petróleo, tanto el gobierno del Riad como Teherán están en una competencia por el liderazgo de la mayor producción del otrora “oro negro” y  el aumento de poder e influencia en Medio Oriente. 

El rol de Turquía -como miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte  OTAN  y puente estratégico entre Europa y Asia-   es relevante al analizar su comportamiento en declarar la guerra en contra de ISIS, y al mismo tiempo, ser  un comprador de petróleo en el  mercado informal al mismo Estado Islámico. Todo esto en el juego político de todos contra todos y  con una doble cara, agudizando la crisis y disputas en la región. La emergencia de un actor no estatal en la oferta de petróleo como ISIS, la guerra en Siria e Irak también son elementos explicativos de la correlación de fuerzas en medio oriente.

Las dos grandes potencias geopolíticas globales no están ausentes en este análisis, Estados Unidos y Rusia tienen sus aliados locales y juegan sus posiciones de poder en el mercado de los hidrocarburos. No podemos olvidar que la política exterior estadounidense, sus conflictos y crisis bélica del siglo XX y las primeras décadas de este siglo, siempre han estado vinculadas al control de las reservas petroleras, medios de transportes y centros de consumo. Desde el año 2001 EEUU aseguró que la producción saudí llegará a Europa y Japón. Estados Unidos favoreció la producción de petróleo en un 66% durante los últimos cinco años, convirtiéndose en el mayor productor de gas y petróleo el 2015.

En el caso de Rusia- desde el 2014 las relaciones tensas con la Unión Europea por el conflicto de Ucrania- dieron paso a que Europa comprará petróleo a los saudíes y bajará la compra y dependencia con Rusia. Sin embargo, éste último expandió sus áreas de influencia y relaciones comerciales con Asia y aumentó la producción de petróleo. Asimismo, es clave entender el apoyo al gobierno de Bashar al-Ásad en Siria, su rol en la guerra contra  el Estado Islámico (ISIS) y las permanentes tensiones con la OTAN por sus áreas de influencia geopolítica.

Esta caída de precios supone réditos económico y políticos. Es importante analizar el impacto sobre actores cuyo debilitamiento económico puede acarrear complicaciones geopolíticas. Por ejemplo, Europa y EEUU pueden sentirse aliviados por una Rusia debilitada en su economía, por un retorno a la comunidad internacional de Irán que a los precios actuales no parece tan preocupante, o por las dificultades de los Gobiernos como Venezuela y Ecuador de mantener su agenda de políticas sociales en América Latina.

Las teorías conspirativas y nadie sabe para quién trabaja

En este escenario de caída de los precios de petróleo, surgen teorías conspirativas que afirman la existencia de una decisión de Estados Unidos, por aumentar la oferta energética para mantener bajos los precios y así fomentar tensiones en países rivales. El dilema que subyace a esta mirada es que EEUU necesita la ayuda de Rusia e Irán para negociar una solución en Siria. Y el logro de un histórico acuerdo nuclear con Irán, dan cuenta que son más pragmáticos y ejercen la diplomacia, por el momento, está más predecible Irán que el socio saudí para EEUU.

El petróleo barato, la inestabilidad de los mercados es una relación de interdependencia táctica entre los Estados involucrados. Para el resto de los países productores de petróleo de América latina como Venezuela y Ecuador han planteado que es una estrategia geopolítica para debilitar las economías y el crecimiento económico. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), organización intergubernamental, a la fecha no ha presentado un plan de control de la oferta y valores, por tanto, la tendencia en la caída de los precios del petróleo se mantiene.