El escritor argentino Sergio Chejfec, en su libro de 1990 “Lenta Biografía”, plantea cuestiones asociadas a la memoria y su transmisión a las nuevas generaciones, a partir de un relato autobiográfico, pero indirecto y desprovisto de la primera persona: una narración que brota del hijo que cuenta la historia de su padre, porque éste se encuentra imposibilitado de la palabra y a la vez, está embriagado en el silencio. Así, el hijo es el portavoz de ese pasado, porque su padre nada puede decir. Algo de esto que Chejfec deja entrever en su relato, nos anima a escribir sobre el Partido Socialista de Chile y la historia que ha ido edificando durante el último cuarto de siglo.

En primer lugar, debemos señalar que ni los giros conservadores del PS frente a la coyuntura política, ni menos las declaraciones de su presidenta Isabel Allende, oponiéndose a la anulación de la tramposa ley de pesca concebida por los empresarios, ni tampoco el realismo contumaz y patético de Camilo Escalona, nos deben causar asombro. A mi juicio, el PS viene construyendo su relato “realista” desde comienzos de los años ‘90, en el contexto de celebración de su Congreso de Unidad “Salvador Allende”. Esta instancia no sólo logró reunir a los socialistas dispersos en diversas tendencias en la década de los ‘80, sino que también sumó a culturas políticas de izquierda venidas del mundo cristiano, así como a militantes desafectados del Partido Comunista y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. En aquella oportunidad, el proceso de unificación del socialismo podría haberse leído como la emergencia de un referente potente en lo ideológico, fundamentalmente por la experiencia intrínseca de lucha social que portaban estas culturas militantes. Contrariamente a lo esperado, este robustecido Partido Socialista más bien se fue transformando en un referente del orden, del apego a la institucionalidad y de la Realpolitik.

Alguien podrá señalar que esos giros conservadores tenían sus fuentes originales a fines de los años ´70, con el revisionismo que venían planteando algunos de sus militantes, agrupados en la autodenominada “renovación socialista” … cuestión certera que, de algún modo, con la irrupción de las protestas nacionales y movilizaciones sociales durante la década de los ‘80, acercó a este grupo de socialistas a la Democracia Cristiana y a algunos sectores de la derecha liberal. Sin embargo, dentro del amplio arco de corrientes políticas opositoras a la dictadura militar, cohabitaron visiones que formularon posiciones radicales en la lucha contra represión dictatorial. El Movimiento Democrático Popular (MDP), agrupó a estas agrupaciones políticas, quienes comenzaron a perder fuerza con posterioridad al triunfo del “NO” en el plebiscito de octubre de 1988, llegando incluso algunas de sus corrientes políticas a adherir a las posiciones más moderadas de la oposición a Pinochet. Fue así como socialistas del sector almeydista, miristas y cristianos de izquierda se integraron al germen de la futura coalición gobierno, en la tan alardeada transición a la democracia.

Es por eso que, a partir de su Congreso de Unidad de 1990, se inauguró una “Lenta Biografía” del PS, pues si bien dicho evento representó un hito histórico que congregó a una amplia militancia de base, paradójicamente fue un momento de encuentro de las élites dirigentes, quienes decidieron el derrotero de la escritura biográfica por venir. A mi juicio, aquí se produce una ruptura transcendental en la vida política posterior del PS, su historia comienza a ser escrita por personajes venidos de estas élites, quienes imponen paulatinamente una autobiografía despersonalizada del Partido Socialista de Chile, y que sus bases militantes asumen sin demasiados complejos. Baste decir, que en el inicio de los años ´90, un deslavado militante socialista, a la sazón diputado recién electo por un distrito del sur de Santiago, constituyó una tendencia denominada “Nueva Izquierda”, que buscó la adhesión de aquella militancia con cierto apego a la tradición socialista histórica, y no vinculados a las élites dirigentes. A ellos se contraponían otras tendencias de mayor alcurnia política, como los “Terceristas” y los “Renovados”, quienes gozaban de acceso a mejores espacios laborales en los nacientes gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia.

La “Lenta Biografía” la fueron nutriendo personajes como Germán Correa, José Antonio Viera-Gallo, Ricardo Solari, Ricardo Núñez, Enrique Correa, José Miguel Insulza, entre otros; ahí también empezó a cobrar fuerza un entusiasta Camilo Escalona, que lentamente fue integrándose a este selecto grupo de las élites gobernantes del partido. Lo vernáculo de la escritura narrativa que inauguran estos personeros, es que la historia se cortaría en los ’90, y con un estilo redentor iniciaron un relato desde un “otro”, desprendido de lo que ellos habían sido en el pasado: de revolucionarios a tecnócratas, del socialismo como pasión al socialismo de la conveniencia y el acomodo.  

En esta “Lenta Biografía”, ellos son los dueños y conductores del relato, y en cada congreso, cónclave o conferencia dictaminan su porvenir. Cuando hablan de la historia del PS, no la cuentan con la fidelidad histórica que exigen sus circunstancias, sino que aluden al evento específico, a la monumentalidad que les permite sacar ventaja política: lo demás lo eluden, con aquella argucia de que los contextos sociales y políticos ya no son los mismos del pasado. Desde entonces, la historia del PS dejó ser una trama configurada en el trabajo social y la lucha política de sus militantes; todo su relato está constituido de fragmentos que estos personajes administran y re-significan a su antojo: Salvador Allende y su épica, Carlos Lorca y su sacrificio. Tristemente, ambos patrimonios ético-políticos del partido son indexados a los relatos interesados de la política instrumental.

A mi entender, ninguna “corriente de opinión” -como le gusta señalar a los socialistas- ha logrado desmantelar el dominio del relato autobiográfico que han impuesto estos personajes. Sólo como mención de esta breve y lenta historia del PS, varias corrientes de inspiración histórica del socialismo han emergido en estos años, para instalar ese otro relato que se contraponga a la autobiografía despersonalizada de estos hijos de la política noventera. Desde el Socialismo Allendista de los años ’90, pasando por los Socialistas de Izquierda del 2000 y llegando a la Izquierda Socialista de hoy, han sido y son baluartes de una respetable resistencia al interior del partido; pero lamentablemente, hace largo tiempo el fantasma de Salvador Allende no ronda por París 873, pues la historia de los socialistas ya no es nuestra, ni tampoco la hacen los pueblos.


Sociólogo y profesor universitario