“Por el momento –me dijo [Dupin]– no me detendré en los dos primeros pasajes. Los he copiado, sobre todo, para mostrarle la extraordinaria negligencia de la policía que, hasta donde puedo saberlo por el comisario, no se ha molestado en interrogar al mencionado oficial de marina [the naval officer alluded to].

A. Poe, trad. Julio Cortázar[1]

El que fuera director de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional y enlace directo de Merino con Pinochet al momento del Golpe, el oficial naval Ariel González Cornejo, pasa sus días tranquilamente en Viña del Mar. Hasta hoy increíblemente jamás ha sido encausado en juicio alguno de derechos humanos. Increíblemente: dos jueces que llevan causas de crímenes cometidos durante la dictadura han determinado la responsabilidad del Departamento de Inteligencia del EMDN en graves violaciones a los derechos humanos justo tras el Golpe, pero ninguno de ellos ha interrogado ni encausado a González Cornejo, literalmente el jefe de la “inteligencia” golpista.

Se trata del ministro en visita Leopoldo Llanos Sagristá, quien investiga la causa por secuestro y torturas a Luis Alberto Corvalán, hijo del entonces secretario general del PC, en el Estadio Nacional, y el ministro de fuero Jorge Zepeda Arancibia, en el juicio por los asesinatos de los ciudadanos norteamericanos Charles Horman y Frank Teruggi.

 ¿Quién es González?

Al 11 de septiembre de 1973, Ariel González Cornejo era capitán de navío y ocupaba el cargo de jefe de Inteligencia (Departamento II, en la jerga interna) del Estado Mayor de la Defensa Nacional (EMDN), es decir, era jefe de la inteligencia conjunta de todas las ramas de las fuerzas armadas, teniendo como superior directo al vicealmirante Patricio Carvajal, jefe del EMDN a la fecha y uno de los principales articuladores del Golpe en Santiago (ambos habían asumido en marzo de 1973, reemplazando a los coroneles de Ejército Augusto Lutz, y Augusto Reijer Drago respectivamente).

El rol de mensajero entre Merino y Pinochet del capitán González Cornejo, junto al contralmirante Huidobro, es bien conocido (puede consultarse detalles en los libros de Mónica González, Ascanio Cavallo, Ignacio González Camus y Patricia Verdugo sobre el Golpe, entre otros[2]). Cavallo, por caso, lo sintetiza así:

“El domingo 9 [de septiembre, 1973], Merino decidió enviar un mensaje a Pinochet. El contralmirante Huidobro y su jefe de Estado Mayor [de manera más precisa, jefe de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional, que además era segundo en la línea de mando de la Infantería de Marina], el capitán de navío Ariel González, viajaron a Santiago con una nota manuscrita de Merino, informando que la Armada se alzaría a las 6 del martes 11 y requiriendo el compromiso de apoyo de Pinochet y el comandante en jefe de la FACH, Gustavo Leigh […] Huidobro y González retornaron a Valparaíso ese misma noche para informar a Merino (Cavallo 2000, pp. 39 y 41, subrayo).

En Interferencia secreta (1998), Patricia Verdugo relata la mentira urdida por el jefe de la inteligencia del EMDN y el contralmirante Huidobro, que contribuyó decisivamente a precipitar el Golpe:

“Y fue esa noche del sábado 8 de septiembre [1973] cuando ocurrió un episodio clave, de aquellos que marcan el curso de la historia a partir de dos seres humanos que pactan decir una mentira. [El contralmirante] Huidobro decidió, entonces, un movimiento audaz. Hizo venir desde la capital, con carácter urgente, al capitán de navío Ariel González, jefe de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa. Ya muy tarde en la noche urdieron la mentira para la reunión dominical de los almirantes [pues no todos parecían estar aún convencidos de la conveniencia o factibilidad del Golpe]. Sí, les dirían que ambos habían ido esa noche a una reunión en Santiago, en la cual el Ejército y la Fuerza Aérea habían acordado que el golpe sería el martes 11, a las seis de la mañana. Así de simple. Como dos niños que inventan una historia para conseguir algo de sus padres. Sólo que en este caso no había puerilidad. Eran dos adultos que mentían para gatillar una acción armada de graves consecuencias. Y llegó la reunión [el domingo 9 por la mañana]. Los almirantes escucharon el informe de Huidobro. Uno de ellos, preguntó a Merino si había participado de las conversaciones [con la FACH y el Ejército]. Merino miró a Huidobro y este, sin siquiera ruborizarse, pidió autorización para hacer ingresar a la sala al capitán de navío Ariel González. Nadie osó dudar de la palabra del jefe de Inteligencia. Vino entonces la pregunta. ¿Quién iría a Santiago a ultimar el acuerdo por la parte de la Armada?” (El mismo episodio viene descrito a su manera por el propio contralmirante Huidobro Justiniano, en su libro Decisión Naval, I. de la Armada, Valparaíso, 1989, pp. 230-238).

Por cierto, el capitán de navío Ariel González participó también activamente en la desenfrenada represión post-Golpe. Un temprano Informe de Amnesty International (cuyos delegados lograron acceder al Estadio Nacional en noviembre de 1973) da cuenta de una fatídica reunión efectuada en el Ministerio de Defensa a comienzos de octubre de 1973, en que una delegación de agentes de inteligencia brasileros se reunió con autoridades de la inteligencia chilena para ofrecerles “capacitación” en técnica de interrogatorio (alias torturas) y “becas” de entrenamiento en Brasil (que más tarde aprovecharía la DINA). La reunión se efectuó en las oficinas del entonces jefe de inteligencia del EMDN, el capitán de navío Ariel González, quien fue el anfitrión. El Informe de Amnesty International incluye testimonios de presos brasileros que fueron torturados por agentes de su país en el Estadio Nacional en octubre de 1973, y precisa que fueron los propios encargados militares del Estadio quienes les comentaron de la reunión en el Ministerio de Defensa donde se autorizó el ingreso de oficiales brasileros al Estadio. Hace un par de años, en abril de 2014, la Comisión de Verdad y Justicia, del Senado brasileño, recogió testimonios de presos políticos brasileros que corroboran y detallan los interrogatorios y torturas efectuados por agentes brasileros en el Estadio Nacional. (Sobre los oficiales brasileros que estuvieron en el Ministerio de Defensa y en el Estadio Nacional puede consultarse el cap. XX de libro “Fórmula para el caos. La caída de Allende (1970-1973)”, del politólogo brasilero Luiz A. Moniz).

A comienzos de 1974, González Cornejo pasó a dirigir momentáneamente la Infantería de Marina, sin alejarse de la “comunidad de inteligencia”. Al año siguiente es designado representante de la Marina en la cúpula del recién formado “Comando Conjunto” (inicialmente un intento de coordinación entre la Fach, la Marina y Carabineros a fin de contrarrestar la omnipresencia de la DINA, pero que muy pronto derivaría en émula de los horrores de la misma). Luego, entre 1979 y 1984 ocupó el cargo de gobernador de Isla de Pascua, en momentos en que esta era objeto de negociaciones con los EEUU (por una estación de rastreo de la NASA que había dejado de operar en 1975 y que fue retomada en 1986).

Horman y Teruggi asesinados por la inteligencia del EMDN, según el juez Z

El juez que ha llevado la causa por el asesinato de dos jóvenes norteamericanos tras el Golpe, el ministro de fuero Jorge Zepeda Arancibia, llegó a la convicción de que ambos (el periodista, poeta y cineasta Charles Horman y el estudiante de sociología en el CEREN de la U. Católica, Frank Teruggi) fueron asesinados por orden del Departamento II (Inteligencia) del EMDN, dirigido a la sazón por el capitán de navío Ariel González Cornejo.

En lo que atañe a Horman, el fallo del ministro Zepeda expresa:

La decisión de dar muerte a Charles Horman Lazar, por tratarse de un detenido extranjero, se dispone por el Departamento II del Estado Mayor de la Defensa Nacional” (Fallo del 9 de enero de 2015, Rol N° 2.182-98, p. 164; subrayo).

Y en lo que atañe a Frank Teruggi:

“Los antecedentes que afectaban a Frank Randall Teruggi Bombatch fueron entregados por los agentes norteamericanos al Servicio de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional” (Fallo íd., p.  169; subrayo)[3]

Surge aquí desde ya un intríngulis “lógico”. Si un juez de la República determina que el asesinato criminal de tales personas (para el caso, Horman y Teruggi) es de responsabilidad de una organización o segmento organizacional específico (para el caso, el Departamento II, Inteligencia, del Estado Mayor de la Defensa Nacional), no encausar ni menos condenar en calidad de autor, cómplice o al menos encubridor al jefe de dicha organización se vuelve enteramente insostenible (a menos de determinar que agentes del susodicho Departamento II del EMDN actuaran con desconocimiento absoluto de quien tenía el mando, es decir, el tipo de argumentos que planteara inverosímilmente en su momento el general Arellano Stark para excusarse de los crímenes de la llamada “Caravana de la muerte”, cosa que por demás el juez Zepeda no menciona ni intenta establecer en parte alguna de su fallo).

Lo más increíble (ya no sólo lo ilógico): siendo el capitán de navío Ariel González Cornejo uno de los doce ex oficiales de las fuerzas armadas contra quienes Joyce Horman planteara su querella ante tribunales chilenos en el año 2000, resulta que el ministro Zepeda jamás ha interrogado personalmente al capitán González, quien, a la fecha del crimen, dirigía la organización que, según dice textualmente el fallo, tomó la “decisión de dar muerte” a Horman. Según consta en su fallo y está detallado en los archivos del proceso, el oficial naval González Cornejo sólo ha sido interrogado por personal de la PDI, a quienes declaró que hasta entonces nunca había escuchado hablar de Charles Horman. Textualmente, González Cornejo declaró a la policía de Investigaciones:

No tuve ningún conocimiento de ningún ciudadano norteamericano de nombre Charles Horman, que haya estado detenido en el Ministerio de Defensa u otro recinto militar [tras el Golpe]. De esa persona me informé por la prensa escrita hace unos meses atrás”  (declaraciones de Ariel González consignadas en el informe de la Jefatura de Inteligencia Policial, firmado por el subcomisario Jaime Carbone Jara, Santiago 9.11.2004; fjs 3305, subrayo; cabe añadir que sobre el otro norteamericano asesinado, Frank Teruggi, la PDI no le hizo pregunta alguna a González Cornejo, pese a que el juez Zepeda también involucra al Departamento II, de Inteligencia, del EMDN en su asesinato).

Lo anterior o es otra mentira más urdida por el capitán de navío González Cornejo, o es amnesia flagrante. Pues es imposible que González Cornejo, en su calidad de jefe de Inteligencia del EMDN, no supiera de Horman y Teruggi tras el Golpe. Como consta en los archivos desclasificados por Gobierno norteamericano, desde fines de septiembre tanto el embajador norteamericano  Nathaniel Davis (y luego su sucesor, el embajador David Popper), como los agregados militares de la embajada (W. Hon, L. Corcoran y J. Switzer), el jefe de la Misión Naval de EEUU en Chile (Ray Davis) y el Cónsul General de EEUU (F. Purdy), inquirieron personalmente sobre el destino de Horman y Teruggi al propio general Pinochet (reunión con el embajador Davis, el 12.10.1973), al Ministro de RREE, almirante Huerta, al ministro del Interior, general Bonilla, al Ministro de Defensa, vicealmirante Carvajal, al jefe del EMDN (y superior directo de González Cornejo tras el Golpe), general de la FACH Díaz Estrada, entre muchos otros jerarcas del régimen.

Por si fuera poco, el caso Horman fue analizado a fines de 1973 en una sesión de la propia Junta de Gobierno, e incluso el capitán de corbeta y agente de Inteligencia naval Raúl Monsalve, a quien el juez Zepeda identificó como el oficial chileno que recibió información de agentes de inteligencia norteamericanos sobre Horman y Teruggi, declaró ante la PDI, poco antes de morir, que “necesariamente Ariel González Cornejo […] debió tener información de Horman” en esa época (fjs. 3785). ¡Y el jefe de la Inteligencia conjunta de las fuerzas armadas para el golpe afirma que jamás había escuchado de Horman hasta que la PDI vino a tomarle declaración a su casa! ¿Mentira de poca monta, a la luz del cúmulo de antecedentes en contrario, o amnesia auto-inducida del jefe de la Inteligencia golpista?

Lo que complica más la rigurosidad de la investigación llevada a cabo por el ministro de fuero Jorge Zepeda: que jamás habrá interrogado personalmente a González Cornejo para enfrentarlo a sus lagunas mentales alias mentiras de pacotilla. Así, increíblemente, quien fuera el jefe de la inteligencia golpista (es decir, jefe del Departamento II de Inteligencia del EMDN, responsable según el propio juez Zepeda de los crímenes de Horman y Teruggi) y uno de los pocos agentes acusados por los familiares de Horman y de Teruggi que aún permanecen con vida, pasa plácidamente sus días en su hogar de la calle 3 Norte de Viña del Mar[4].

Yapa: la Inteligencia del EMDN responsable de torturas en el Estadio Nacional

Por su parte, el ministro en visita Leopoldo Llanos, en su reciente fallo (3 de diciembre de 2015) sobre el secuestro y apremios ilegítimos a Luis Alberto Corvalán en el Estadio Nacional, determinó que la Inteligencia del EMDN comenzó a operar a partir del 11 de septiembre de 1973 como coordinador de los equipos de interrogadores en los centros de detención, incluido el Estadio Nacional (p. 27). Nuevamente el jefe de la Inteligencia del EMDN a la fecha, capitán de navío Ariel González Cornejo ni es mencionado ni menos encausado o condenado en el fallo.

Otra vez: ¿por qué los jueces de derechos humanos no tocan a jefe de la inteligencia golpista? Si confiamos que ambos magistrados han actuado de buena fe —y no hay razón plausible para pensar lo contrario—, allende las eventuales desprolijidades de sus indagaciones, la respuesta a esta pregunta permanece por ahora en el más meridiano misterio. Pero, tal como en el Misterio de Marie Rôget, de Poe, el susodicho misterio pareciera tener sus días contados.

[1] Edgar Allan Poe, “The Mystery of Marie Rôget” (1842-1843); traducción de J. Cortázar, en Poe, E. A. (1970), Cuentos 1, Alianza, Madrid.

[2] Cf. Verdugo, Patricia, (1998), Interferencia secreta, Sudamericana, Santiago; González, Mónica (2000), La conjura, Catalonia, Santiago; Cavallo, Ascanio, Salazar, Manuel, y Sepúlveda, Óscar (2008), La historia oculta del régimen militar, Uqbar, Santiago; Cavallo, Ascanio (2013), Golpe 11 de septiembre de 1973, Uqbar, Santiago; González Camus, Ignacio (2013), El día que murió Allende, Catalonia, Santiago.

[3] En ambos casos el ministro Zepeda identifica erradamente como jefe de Inteligencia del EMDN al General Augusto Lutz, pese a que en las declaraciones del propio González Cornejo ante la PDI este se identifica explícitamente como jefe del Departamento II de Inteligencia del EMDN a septiembre de 1973.

[4] Zepeda atribuye la autoría de los crímenes de Horman y Teruggi (18 y 22 de septiembre de 1973, respectivamente) al entonces Mayor de Ejército Pedro Espinoza, quien al momento del Golpe se encontraba en comisión de servicio en el Estado Mayor de la Defensa Nacional, en el 5º piso del Mº de Defensa, efectuando una investigación sobre el asesinato del edecán naval, Arturo Araya Peeters, al parecer, por expresa petición del general Prats (González, Mónica; 2000, p. 211). Otros adscritos al mismo equipo de inteligencia conjunta: los oficiales de Inteligencia de la Armada Daniel Guimpert (futuro integrante, junto a Ariel González, del “Comando conjunto”) y Julio Vergara (involucrado, con el entonces teniente naval Jorge Osses, en la desaparición del funcionario de las NNUU y militante del MIR Fernando Olivares Mori en octubre de 1973, desde el Mº de Defensa; Caiozzi, Silvio, Fernando ha vuelto, París, 2004), y el oficial de inteligencia de carabineros Germán Esquivel también futuro miembro del “Comando conjunto”, quien falleció en 1993 (González, Mónica, p. 219); ninguno de los dos primeros, de cierto, habrá sido interrogado o enviado a interrogar por el ministro Zepeda en el curso del proceso. De lamentar también en su fallo: no ofrecer evidencias ni testimonios suficientemente verosímiles que avalen su convicción de autoría, lo que ha hecho dudar incluso a familiares de las víctimas de la justeza de tal atribución a quien hoy cuenta con cientos de años de cárcel por sus fechorías en la “Caravana de la muerte” y en la DINA., estimando que aún queda mucho por esclarecer (Joyce Horman a la Cadena Fox, 30.1.2015, “There’s still gaps [aún hay lagunas] in the investigation that we know need to be filled”). Ante la participación en el EMDN de dos oficiales de inteligencia naval involucrados luego en la comisión de delitos de secuestro, tortura y desaparición de personas, en las cercanías del Departamento II de Inteligencia, a cargo de González Cornejo, y de seguro articulados con el jefe operativo de la Inteligencia naval en el Mº de Defensa, el capitán de corbeta Raúl Monsalve (entre enero y abril de 1974, jefe del Centro de Contrainteligencia de las Fuerzas Armadas y Carabineros alias CECIFA, antecedente directo del “Comando conjunto”), no cabe aquí sino reiterar doblemente a Poe en palabras de Cortázar: “hasta donde puedo saberlo por el comisario [alias ministro], no se ha molestado en interrogar al mencionado oficial de marina“.