El martes el rey de España, Felipe VI, le propuso al líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) Pedro Sánchez formar un gobierno de coalición, después de que el actual mandatario Mariano Rajoy descartara postularse debido a la falta de apoyo.

España vive momentos de tensión política. Las elecciones del pasado 20 de diciembre marcaron el fin del bipartidismo entre el PSOE y el Partido Popular (PP). La irrupción de Podemos y Ciudadanos como tercera y cuarta fuerza respectivamente cambió el escenario e impidió la consolidación de los partidos tradicionales. Desde entonces que se inició una serie de conversaciones entre el rey Felipe y las fuerzas políticas para destrabar la situación y lograr la formación de un gobierno, que necesariamente será de coalición amplia.

Ahora la presión recae sobre Pedro Sánchez y el PSOE. Aunque hace unas semanas Pablo Iglesias -líder de Podemos- ya puso al socialismo contra la espada y la pared: manifestó su intención de formar una coalición amplia de izquierda junto al PSOE e Izquierda Unida, con Sánchez de presidente y él como vicepresidente.

Iglesias declaró ayer que Sánchez tiene solo dos escenarios en el horizonte: un gobierno “del cambio” o un pacto entre el PSOE, Ciudadanos y el PP.

El trajín político español ha estado marcado por el rechazo a Podemos, quienes, pese a todo, han entrado de lleno al juego político español. De hecho, fueron marginados a los escaños más alejados del hemiciclo en la distribución de puestos en el Congreso, producto de un acuerdo precisamente entre el PP, PSOE y Ciudadanos. Además, dos figuras tradicionales como Felipe González y José María Aznar -ex presidentes socialistas y popular, respectivamente- no han escatimado en sus críticas contra Podemos.

Ambos tienen mucho peso en sus respectivos partidos y rechazan la llegada de Iglesias al gobierno. Aznar ha criticado la ” supuesta financiación venezolana e iraní”, además de decir que son “una amenaza para el sistema democrático, no creen en el Estado de Derecho, ni en la economía de mercado ni en la libertad de las personas”.

Por su parte, González acusa a Podemos de querer “liquidar, no reformar, el marco democrático de convivencia, y de paso a los socialistas, desde posiciones parecidas a las que han practicado en Venezuela sus aliados. Pero lo ocultan de manera oportunista. Del mismo modo, dejaron de hablar de Grecia cuando más lo necesitaron sus amigos. Son puro leninismo 3.0”.

El establishment español ha sido claro desde el principio: la salida a la situación actual es un gobierno de coalición como el alemán, que deje afuera a Podemos. Así han aparecido la opinión de empresarios, preocupados por el clima de negocios, la editorial del diario El País titulaba “Rajoy no puede, Sánchez no debe” y los dichos del actual canciller José Manuel García-Margallo, que advirtió que una coalición entre el PSOE y Podemos significaría que España abandone la coalición internacional contra el Estado Islámico.

Por ahora, la intención de Sánchez parece acercarse a una coalición de izquierda. Tras su encuentro con el rey, señaló “se abre una posibilidad de cambiar las cosas en este país” y que ha llegado el momento “de empezar a hablar de lo que nos une, que es mucho, para formar un Gobierno progresista y de cambio”.

La agenda de reuniones del líder socialista para una nueva coalición empieza hoy mismo con negociaciones con Coalición Canaria, Izquierda Unida, Compromís y Nueva Canaria. El jueves se reunirá con Ciudadanos y el viernes con Podemos. Por ahora no tiene agendados encuentros con el PP ni con los partidos independentistas.

Sin embargo, la situación de las comunidades autónomas sigue siendo el principal escollo entre el PSOE y Podemos. La presidenta de la Junta de Andalucía , Susana Díaz ha declarado que el rol de los socialistas debe ser defender a España por sobre los intereses independentistas. Podemos ha puesto como condición el derecho de autodeterminación de comunidades como Cataluña.

La salida de Sánchez a la situación es la creación de un nuevo pacto federativo para España que respete las singularidades de cada comunidad. Mientras que Podemos apuesta derechamente por una plurinacionalidad, replicando el ejemplo de Bolivia.

Si el PSOE llega a rechazar una alianza con los progresistas podría generar duras consecuencias entre las bases socialistas. Vale recordar que el gran perdedor de las últimas elecciones fue el propio PSOE por la fuga de sus votantes tradicionales hacia la formación morada. Además, una alianza con el PP se daría en medio de la crisis de corrupción que atraviesa al partido de Rajoy y al gobierno.

Y Ciudadanos, pese a ser la cuarta fuerza, tiene algo que decir. Su líder Albert Rivera se ha ofrecido como “árbitro” entre el PSOE y el PP. Además, su vocero Juan Carlos Girauta declaró que si el PP “no evita un gobierno del PSOE con los separatistas, que lo juzgue el pueblo”.