El TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica), es un tratado de libre comercio multilateral impulsado por el gobierno de Estados Unidos, el cual involucra a otros 11 países, entre ellos Chile.

El tratado busca regular el tráfico y producción de cerca del 40% de la producción de bienes y servicios a nivel mundial. La iniciativa busca revertir la alicaída posición de Estados Unidos en el concierto internacional, a través de una serie de regulaciones que fortalecen la propiedad privada en desmedro del acceso libre a una serie de bienes y servicios.

A pesar del secretismo que ha rodeado las negociaciones, diversas fuentes señalan las materias reguladas por el tratado y sus funestas consecuencias, entre las que destacan:
-Obstáculos al acceso a medicamentos genéricos, a lo que se suma una ampliación de la cantidad de años para la liberación de las patentes comerciales de fármacos.
-Nuevas restricciones al acceso al conocimiento y la cultura.
-Limitaciones al acceso a Internet.
-Obstáculos a los derechos de los consumidores.
-Nuevas limitaciones a la regulación laboral.

La eventual aprobación del tratado ha levantado una voz de alerta entre diversas organizaciones socio ambientales, las cuales señalan que de concretarse entrará en vigencia el acuerdo UPOV 91, más conocido como Ley Monsanto. Esta ha sido duramente cuestionada, dado que promueve el patentamiento y privatización de semillas en desmedro de la soberanía alimentaria de los países.

De aprobarse el tratado, se fortalecerá a escala global un capitalismo que limitará aún más el acceso y gestión sobre nuestros bienes comunes materiales e inmateriales, lo cual generará graves efectos para los ciudadanos.

Sin lugar a dudas, el TPP busca fortalecer la posición hegemónica de determinados Estados y particularmente, de mega consorcios internacionales, que sólo se orientan por la maximización de la ganancia y no por la generación de beneficios para la población. En el contexto de una economía abierta como la chilena, los efectos pueden ser catastróficos. Oponerse a su aprobación es un acto de reivindicación de soberanía sobre nuestros bienes comunes y sobre nuestras vidas. No permitir que la vieja política y el empresariado sigan fortaleciendo un sistema económico depredador, es tarea de todos. Por eso, este 4 de febrero decimos No al TPP.


Delegada de Medio Ambiente, Fech / Director Fundación Decide