En las últimas semanas se ha generado una interesante discusión a partir de las posturas del historiador Leonardo León con respecto a la historia y actualidad del conflicto mapuche, así como la deuda histórica que no tendría el Estado para con tal pueblo. En varias de las respuestas a tal columna, se ha hecho referencia a algunas citas de Benjamín Vicuña Mackenna, con el objeto de graficar la visión racista y vejatoria de los indígenas, que sería hegemónica en la época y que ayudó a legitimar los procesos de la “Pacificación de la Araucanía” en Chile y la “Campaña del desierto” en Argentina. Las referencias son las que siguen: “El indio, no es sino un bruto indomable, enemigo de la civilización porque sólo adora los vicios en que vive sumergido, la ociosidad, la embriaguez, la mentira, la traición y todo ese conjunto de abominaciones que constituyen la vida salvaje”[1] y “El rostro aplastado, signo de la barbarie y ferocidad del auca, denuncia la verdadera capacidad de una raza que no forma parte del pueblo chileno”[2].

En este escrito, buscaré complementar la visión ya expresada en dichas respuestas, vinculando algunas de las ideas encontradas en las palabras de Vicuña Mackenna con otras que circularon en el discurso educativo chileno de la primera mitad del siglo XX. Esto tiene por objetivo el aportar a la sustentación de la existencia de un racismo estatal y sistemático que afectó muy concretamente a miles de personas -pero más poderosamente a los indígenas del país-, tanto en el plano material como en el cultural, y que ciertamente no terminó con la ocupación de los territorios del Wallmapu, sino que puede proyectarse hasta bien entrada la centuria pasada. En términos más concretos, se analizarán dos aspectos, la relación del indígena con la idea de civilización y su caracterización negativa.

Antes de partir con tal argumentación, hay que ser muy claro en afirmar que las visiones más asimilables a las palabras de Vicuña Mackenna proliferaron en los textos escolares de Historia y Ciencias sociales aprobados por el Ministerio de Educación de la primera mitad del siglo pasado. Sin embargo, estas posturas no eran del todo dominantes, e incluso resultaban marginales en las revistas de educación del periodo, donde pueden encontrarse diversas propuestas como la existencia de Civilización en el Chile precolombino[3], la eliminación del racismo de las aulas nacionales[4] o la necesidad de incorporar a los indígenas a la nación chilena respetando su cultura, aunque siempre desde una óptica folclorizante, por lo cual ésta no tiene proyección hacia el futuro, sino que marca la base de la especificidad nacional chilena. De este modo, si bien en ocasiones el rescate parecía más bien simbólico que material, tales posturas tienden a distanciarse de un racismo anclado en lo decimonónico (la exclusión del indígena del proyecto de nación o la supremacía blanca), ya sea porque se acercan a uno más nacionalista (que incluye al indígena, pero subordinado a lo nacional, anulando su especificidad)[5], o porque niegan la relevancia de lo racial para pensar lo nacional[6].

Ahora bien, lo anterior lleva a una primera reflexión significativa, y es que los textos escolares no se encuentran necesariamente al corriente de los debates académicos e intelectuales contemporáneos. Si bien esto es conocido por los estudiosos del tema[7], no deja de ser relevante en este caso particular, pues permite mostrar una pervivencia de la visión racista excluyente y de supremacía blanca contenida en una comprensión racializada de la dicotomía civilización / barbarie, en un contexto donde tales perspectivas perdían cada vez más legitimidad en la discusión académica. En ese sentido, si bien existen algunas afirmaciones más asimilables al siglo XX -por ejemplo, la posibilidad de inclusión del mapuche a Chile luego de civilizarlo[8], o el rescate de ciertas figuras indígenas como relevantes para la raza o el pueblo chileno contemporáneo[9]-, en términos generales es posible identificar la continuidad de un racismo supremacista blanco, lo que es particularmente notorio en autores cuyos textos fueron aprobados por el Ministerio de Educación para ser enseñados, siendo profusamente editados en las primeras décadas del siglo XX -algunos se utilizarán en escuelas por más de 20 años, y otros incluso hasta el día de hoy- como Luis Barros Borgoño, Manuel Acuña Peña, Santiago Peña y Lillo, Octavio Montero Correa y, en menor medida, Francisco Frías Valenzuela. El vínculo de los últimos tres con un racismo desatado es aún más palmario si se recuerda el nefasto concurso realizado por embajadas culturales nazis en Chile para germanizar la Historia Universal -que se juzgaba muy afrancesada-, ganado por Frías Valenzuela y mencionado por Víctor Farías[10].

En todos los casos anteriores -aunque en Frías comienza más tardíamente, en 1947-, los manuales tienen en su inicio una exposición sobre las razas humanas o la teoría de razas, donde se describen y jerarquizan, dejando clara la preeminencia de la raza blanca -particularmente el subgrupo ario- por sobre las demás, ya sea porque se les juzga explícitamente superiores y/o porque se les describe más profusamente, vinculándolos con los pueblos verdaderamente civilizados e históricamente desarrollados. En este ámbito se pueden establecer los primeros nexos con las posturas de Vicuña Mackenna, puesto que tienen opiniones similares en torno a la incompatibilidad del indígena con lo civilizado.

En efecto, uno de los principales elementos comunes en los textos revisados es el supuesto de que la verdadera civilización sólo llega a América con la invasión española y, por ende, que las culturas prehispánicas no eran realmente civilizadas (incluso se les definirá como prehistóricas) -no obstante se reconozca que algunas estaban más desarrolladas que otras-. Por ejemplo, se afirmará que aunque los aztecas fueran uno de los pueblos más avanzados del continente, comparados con los españoles eran bárbaros, con prácticas altamente salvajes como los sacrificios humanos o el canibalismo de niños[11]. En el caso de los mapuche, esto habría sido incluso peor, pues también eran aficionados a la violencia sanguinaria y ni siquiera habían alcanzado un nivel de desarrollo material significativo[12]. Es más, en estos capítulos, la cantidad de espacio dedicado a la descripción de lo anterior u otras ideas afines -como que carecían de arte, de verdadera escritura e incluso de agricultura, o que se alimentaban de sanguijuelas e insectos- tendían a ser muy alta.

Estas descripciones en algunas ocasiones se complementaban con unos límites estructurales de todos los pueblos no arios -que, por supuesto, tienden a acabarse con las invasiones europeas que llevan la civilización-, como la imposibilidad de acceder a la libertad ciudadana, de cambiar y progresar históricamente o incluso de mantenerse en el tiempo, entre otras cosas. De este modo, la aseveración anterior: la Civilización sólo llega a América con la invasión europea, adquiere un sentido mucho más profundo y contemporáneo, lo que vinculado a un pensamiento racista que necesariamente implicaba ciertas continuidades biológicas entre el pasado y el presente, ayuda a generar y afirmar (avalados por el Estado) estereotipos raciales que incluso hoy en día siguen operando[13] -aunque de forma cada vez más marginal-.

Estos estereotipos tienden a relacionarse con una caracterización del indígena, especialmente mapuche, bastante similar a la dada por Vicuña Mackenna. Así, en estos textos se afirma profusamente el amor por el alcohol de los pueblos indígenas contemporáneos, el que se data de tiempos prehispánicos y se juzga como uno de sus principales alimentos, lo que redundaba en una vida ociosa que no le permitía salir de su estado primitivo. Más aún, la triple relación racista establecida entre indígena, su fisonomía y características negativas, es denunciada por Gabriela Mistral en “El tipo de indio americano” como común en las escuelas nacionales, la que se replica en publicaciones de educación de la época.

A partir de lo anterior, es posible pensar que las declaraciones de Vicuña Mackenna no sólo sirven para graficar las ideas racistas que legitimaron la Ocupación de la Araucanía y los procesos posteriores de usurpación de tierras, sino que también se proyectan en una visión que todavía seguía vigente en parte del discurso educacional avalado por el Estado de mediados del siglo XX, pero que aún hoy pueden encontrarse -por supuesto, mucho más escondida y difusa- como parte de la defensa a la militarización del Wallmapu[14].

En definitiva, más allá de las distintas posturas relativas al conflicto territorial mapuche contemporáneo, es innegable que la apelación a la historia resulta central como forma de sustentar tales posiciones. En ese escenario, el reconocimiento del rol del Estado y sus instituciones culturales en la hegemonización de este discurso racista[15] es fundamental.

Referencias

[1]                      Alvarado Lincopi, Claudio; Antileo Baeza, Enrique; Millaman Reinao, Rosamel; Pairicán Padilla, Fernando; Comunidad de Historia Mapuche. “El colonialismo de izquierda”, publicada el 22 de enero de 2016 en The Clinic online (http://www.theclinic.cl/2016/01/22/columna-2/)

[2]                      Correa, Martín. “El uso/abuso de la historia y la negación del Mapuche”, publicada el 20 de enero de 2016 en The Clinic online (http://www.theclinic.cl/2016/01/20/el-usoabuso-de-la-historia-y-la-negacion-del-mapuche/)

[3]                      Latcham, Ricardo. “Las excavaciones arqueológicas en Tiltil”. En: Revista de Educación. Ministerio de Educación pública. Año I, N°1, Diciembre 1928, Latcham, Ricardo. “El arte indígena chileno”. En: Revista de Educación. Ministerio de Educación pública. Año I, N°4, Marzo 1929 y Mostny, Grete. El patrimonio arqueológico de Chile. Pp: 5-8. En: Revista de Educación. Ministerio de Educación pública. Año III, N° 13, Abril de 1943, Santiago de Chile.

[4]                      Bichón, María. El Instituto Indigenista Interamericano y la Celebración del Día del Indio. Pp: 38-41. En: Revista de Educación. Ministerio de Educación pública. Año IX, N° 52, Junio de 1949, Santiago de Chile o Moffat de Soto, Eloísa. Rastrojos en suelo americano. Pp.: 25-28. En: Revista de Educación. Ministerio de Educación pública. Año IX, N° 52, Junio de 1949, Santiago de Chile.

[5]                        Monestier, Renato. “Nacionalismo”. Pp.: 11-12. En: Revista de Educación. Ministerio de Educación pública. Año 1, N° 1, diciembre de 1928, Santiago de Chile o Monestier, Renato. “Pasado y porvenir”. Pp.: 563-598. En: Revista de Educación. Ministerio de Educación pública. Año 1, N° 9, agosto de 1929, Santiago de Chile. P. 594.

[6]                      Leyton, Cecilia. La Raza Mapuche. Pp: 41-44. En: Revista de Educación. Ministerio de Educación pública. Año II, N° 6, Abril de 1942. Santiago

[7]                        Ministerio de Educación de Chile. Seminario Internacional. Textos escolares de historia y ciencias sociales. Alvimpress. Santiago de Chile, 2006 y 2008.

[8]                        Peña y Lillo. Texto auxiliar para la enseñanza de la historia, geografía y educación cívica. Correspondiente al 2° año de Humanidades, conforme al programa vigente y de acuerdo con los métodos activos. Tomo II. 1936. P. 190

[9]                      Pérez, Luis. Lecciones de Historia de Chile. Ed. Imprenta Fiscal de la Penitencia, Santiago, 1921. P. 27.

[10]                    Farías, Víctor.  Los Nazis en Chile. Ed. Planeta, Santiago, 2000 p. 331-339

[11]                    Peña y Lillo, Santiago. Texto auxiliar para la enseñanza de la Historia, Geografía y Educación Cívica. Correspondiente al 1er Año de Humanidades, conforme al programa vigente y de acuerdo con los métodos activos. Imprenta universitaria, Santiago de Chile, 1938. Tomo I. P. 34

[12]                    Acuña Peña. Acuña Peña, Manuel. Historia y Geografía. Correspondiente al primer Año de Humanidades según el último programa dado por el Ministerio de Educación y conforme a los métodos activos. Tomo I, Santiago de Chile, 1942. p. 198 o Montero Correa, Octavio. Lecciones de historia y educación cívica. Destinada a la enseñanza del ramo en el Cuarto año de Humanidades. Zamorano y Caperan, Santiago de Chile, 1933. P. 253

[13]                    Ver, por ejemplo: Morales, César. “Sergio Villalobos: ‘He tenido jardineros araucanos excelentes”. Publicado 21 de marzo de 2014 en la página web del periódico “La Nación”. Disponible en: http://www.lanacion.cl/sergio-villalobos-he-tenido-jardineros-araucanosexcelentes/noticias/2014-03-21/215144.html Revisado 13/06/14 Revisado 21/07/14; Villalobos responde a Huenchumilla diciendo que los varones mapuches vivían “entregados al alcohol”. Publicada el 21 de marzo de 2014 en la página web The Clinic online. Disponible en: http://www.theclinic.cl/2014/03/21/villalobos-responde-a-huenchumilla-diciendo-que-los-varonesmapuches-vivian-entregados-al-alcohol/ Revisado 25/06/2014

[14]                    Sergio Villalobos sobre tierras mapuches: “No podía seguir ese desperdicio”. Entrevista realizada por Daniel Matamala en el canal CNN Chile y publicada en youtube el día 3 de marzo del 2014. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Q9UDTqJw_nA o “El día que Jorge Luchsinger dijo que los mapuche eran flojos sin capacidad intelectual”. Publicada el 04 de enero de 2013 en la página web The Clinic online. Disponible en: http://www.theclinic.cl/2013/01/04/el-dia-que-jorge-luchsinger-dijo-que-los-mapuche-eran-flojos-sin-capacidad-intelectual/. Revisado 28/06/14). Tales declaraciones tuvieron una respuesta de Pedro Cayuqueo, quien el año 2008 escribió una columna titulada “El racista Luchsinger”, en la que se refería a las mismas (Publicada el 16 de marzo del 2008, en la página web del periódico “El Ciudadano”. Disponible en: http://www.elciudadano.cl/2008/03/16/1379/el-racista-luchsinger/ Revisado 28/06/2014)

[15]                    De modo tan decisivo que sigue teniendo proyecciones bien concretas: en un sentido análogo, hoy en día también es problemática la situación con los migrante. Uno de los últimos insumos de la discusión pública sobre este tópico es el siguiente: http://e-pistolas.org/debate/inmigracion-y-racismo-en-chile-el-derecho-cuestionado/


Enrique Riobó

Investigador de fundación Nodo XXI y UBO. Magister en Historia, cursando doctorado en Estudios latinoamericanos, Universidad de Chile.