Veinte mil toneladas de basura en un día llegaba a recibir en sus últimos meses de funcionamiento el vertedero Santa Marta a pesar de que estaba autorizada para depositar solamente cerca de 120 mil al mes. La cifra, que supera en cinco veces lo permitido, es un cálculo de Sebastián Zamora Cordero, quien trabajó en el recinto hasta dos semanas antes de la avalancha y el incendio del 15 de enero pasado.

No es la única declaración de Zamora que acusa a los dueños de Santa Marta de haber podido evitar la catástrofe que mantuvo a Santiago cubierto de un humo tóxico y pestilente.

Dice que es probable que el aumento de lodos haya causado la avalancha. “Se formó un río subterráneo de percolado bajo la basura y eso debilitó lo que se había compactado”. Cuando acudió a los jefes, asegura que le dijeron que “esas eran las lucas de la basura, porque el desecho domiciliario no dejaba mucho. Pero con el lodo quedaban las ganancias”.

Según el testimonio del ex trabajador, entre dichos residuos que fueron aumentando, había un gran porcentaje de lodos. Estos se mezclaban con basura sólida y sólo después se iniciaba la descarga al vertedero, para así evitar que el suelo se ablandara mucho.

Por eso, dice, es probable que el aumento de la recepción de lodos sea una de las causas del debilitamiento del cerro de desechos y la avalancha que le siguió. “Se formó un río subterráneo de percolado bajo la basura y eso debilitó lo que se había compactado”, explica Zamora en la investigación de Ciper.

El hombre asegura que acudió a sus jefes para informarles las irregularidades. “Nos indicaban que esas eran las lucas de la basura, porque el desecho domiciliario no dejaba mucho. Pero con el lodo decían que se pagaba a la gente y quedaban las ganancias”.

Además del peligro del desastre para la población, sobre todo los vecinos del sector, el ex operador aseguro que los propios trabajadores del recinto estaban expuestos a peligros por la naturaleza de los desechos. “Llegaban los desechos de las fosas de aguas servidas. Mientras más líquidos, eran más tóxicos. Sentíamos dolores estomacales y de cabeza”, cuenta.

Al lodo se sumaban envases de diluyente, tarros con pintura, aerosoles, jeringas con sangre y carburo en forma de ceniza caliente, que muchas veces generaba incendios localizados. Incluso llegaba asbeto, sustancia cuya fabricación e importación está prohibida en Chile desde el año 2000 por sus peligros para la salud. Aún así, el reglamento sanitario deja abierta una posibilidad para su producción cuando no hay un material de reemplazo. Para esos casos, una resolución de la Seremi de Salud de 2014 autoriza a Santa Marta para recibir desechos que contienen asbesto.

A pesar de las condiciones de trabajo a las que se exponían, Zamora asegura que no recibían mascarillas y que no se les informaba de la peligrosidad de los desechos. “Nuestra protección eran los guantes de cabritilla, los bototos de seguridad, un overol, casco, antiparras y el bloqueador. Pero mascarillas no, salvo cuando iban a ir los inspectores de Salud”, asegura.

Las declaraciones de Zamora se dan en el contexto en que la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) decidió levantar cargos contra el consorcio dueño del Relleno Sanitario Santa Marta, entre los que se encuentra el haber depositado, sin autorización, 110 mil toneladas de lodos durante 2014 y 2015. También pidió al Tribunal Ambiental de Santiago el cierre de la mayor parte del recinto, dejando cerca de un 10% libre para continuar el acopio de desechos, medida que permitió postergar el paro convocado por los recolectores.