Corría junio de 1997 y Rodrigo Peñailillo, con esa voz cargada de inflexiones que hasta hoy lo caracteriza, conducía el primer alzamiento del movimiento estudiantil en las calles de Concepción. Eran las trizaduras primigenias de un sistema educativo en crisis de financiamiento, con un modelo económico exultante y en desarrollo que convencía y acomodaba cada vez más a las administraciones que ostentaban el poder, y el entonces presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad del Bío-Bío no tenía problemas para enfrentar las cámaras de televisión y emplazar con un tono elocuente que esperaban solución de parte del ministro de Educación de la época, a la primera muestra de conflicto en la educación superior.

Con 23 años, el estudiante de Ingeniería Comercial de la universidad estatal de la región enfrentaba su segundo periodo al mando de la instancia universitaria, y le tocaba conducir la primera articulación estudiantil en contra de las políticas neoliberales en la Educación.

Como militante de las juventudes del PPD desde los 17 años, se convirtió rápidamente en una figura promisoria en la política concertacionista. Sin embargo, su único y más conocido episodio como dirigente político no es recordado con bueno ojos por quienes compartieron con él aquellos años.

Lo acusaron en ese momento, y ahora también lo sostienen, de orquestar una operación política destinada a frenar las demandas más de fondo, que apuntaban en ese momento a establecer un arancel diferenciado para los estudiantes de menores recursos. En cambio, tras un mes de intensas movilizaciones, Peñailillo terminó aceptando una inyección de recursos extraordinarios que sepultaron toda discusión sobre el fondo del financiamiento universitario.

Dicho episodio, recordado como el momento en el que Peñailillo quebró la Confech, abrió una carrera ascendente en la política partidista que incluyó su paso por el Estado como Gobernador de Arauco y que siguió años después, como jefe de gabinete durante el primer periodo de Michelle Bachelet y su llegada en el segundo mandato de Bachelet como flamante ministro del interior con su grupo de amigos los G90 poderosos en la designación de cargos, cercanos a Bachelet y autoproclamándose como una generación ” que sabía gobernar y administrar” y declaraban que su referente conceptual era el libro ” La Modernidad Líquida” de Bauman.

El recuerdo de sus compañeros

En la misma región donde Peñailillo consiguió sus primeras apariciones en los medios, está la Universidad de Concepción. En aquel entonces, la federación estaba presidida por Javier Sandoval, militante de la Surda, pero en aquella mesa también había presencia de militantes comunistas. Es el caso de Eduardo Ampuero.

Aunque el entonces secretario general de la FEC actualmente ya no pertenece a las filas del PC, en ese entonces era parte de la fuerza que conducía la Confech, con Rodrigo Roco al mando de la Fech.

Ampuero afirma que la estrategia de Peñailillo formaba parte de “un plan orquestado desde el Ministerio de Educación, desde el propio Gobierno” y  que se puso en marcha desde antes del estallido del conflicto.

“Rodrigo actuaba como un dirigente estudiantil aguerrido, verborréico y frontal. Era el primero que convocaba al paro y el primero en sacar a los estudiantes de la U. del Bio Bio a la calle. Pero la verdad es que esa salida era formal no más”, afirma.

Según Ampuero, el dirigente realizó “maniobras internas para bajar la movilización” y agrega que “durante el periodo en que participó como dirigente, su participación consistió en ponerse a la vanguardia del movimiento estudiantil para, en el mayor momento de presión, tirarse para atrás.

El secretario general de la FEC recuerda que el conflicto con el Gobierno, que se extendió por más de un mes de paros, marchas y hasta huelgas de hambre, desembocó naturalmente en una etapa de desgaste. Entonces, vino la oferta del Ejecutivo, consistente en recursos extraordinarios y no en discutir el financiamiento como tema de fondo, donde “era más fácil imponer estas soluciones que en verdad eran parches, que estaban premeditadas, planificadas antes de que empezara el año universitario”.

Ampuero, tras haberse retirado de las JJ.CC. por considerar que ellos no defendían los principios que decían defender, con el paso del tiempo reflexiona y afirma: “No me cabe duda que Rodrigo Peñailillo hizo una carrera exactamente para lo que es hoy. Lo que entonces puso en acción fue un método en el que se han instruido todos los jerarcas de los partidos de la Concertación, hoy día Nueva Mayoría. Peñailillo llevó a cabo un plan con eficiencia, frialdad de cálculo y capacidad para torcer el contenido de lucha del movimiento; esas capacidades le permitieron ir avanzando hasta ser el ministro del Interior”.

Una muestra de cómo operaba Rodrigo Peñailillo en ese entonces es que, siendo algo muy poco usual para la época, contaba con un teléfono celular que incluso sacaba en medio de las reuniones de la Confech. “Se iba a hablar al baño, para comunicarse con el aparato del ministerio de Educación. No fueron pocas las veces que lo vieron e identificaron haciendo el traspaso de información de lo que pasaba en la Confech, al mismo tiempo en que se ejecutaban las reuniones”, afirma el ex dirigente.

“No faltaba el que volvía del baño y tirando la broma decía que Rodrigo estaba ocupado con el ministro. Todo el mundo se reía de eso porque era muy evidente. Y él nunca dijo después que no era cierto ni se molestó. Así, con la misma carita que tiene hoy día, no decía nada”, relata Ampuero.

Dichas operaciones se hicieron evidentes cuando Peñailillo, al mando de una instancia de coordinación regional, consiguió los votos de las universidades locales para aceptar la última propuesta del gobierno, quebrando la Confech.

Aunque en esa instancia se logró mantener el apoyo mayoritario a los paros, tras una reunión en la que Peñailillo se terminó retirando para no participar de las vocerías ante la prensa. Al otro día, la prensa tituló con el quiebre de la Confech, cuando el pleno había votado mantener el paro. “Peñailillo quedó en minoría y no participó la conferencia de prensa. Al otro día, la prensa lo único que decía era que la Confech se había dividido y que se terminaba el paro. Estaba todo planificado y Peñailillo lo dijo la noche anterior. Pero su posición, que era minoría, fue lo que quedó en los periódicos. Ese trabajo de relojería, que es de operación política, fue el que finalmente catapultó a este hombre a un puesto político que no es menor”.

Sandoval por su parte, vivió el quiebre desde la vereda de la izquierda más minoritaria, una que recién se alzaba como alternativa en pequeños círculos distantes del oficialismo y del PC. El entonces presidente de la FEC recuerda la época como una complicada”, donde la hegemonía la imponía la “Jota”, y donde las alternativas nuevas quedaban más aisladas.

“Fueron años donde se vivió el primer reflujo del movimiento popular chileno, que empieza con la lucha de los trabajadores del carbón ante el cierre de Lota, Coronel y Schwager; y las movilizaciones del pueblo mapuche que también se levantó en ese minuto”, contextualiza Sandoval.

Para el ex dirigente estudiantil, el rol de Peñailillo como operador no era “solamente de él, sino de las máquinas del PPD y de la Concertación que estaban operando a nivel estudiantil con mucha fuerza”.

En un tono analítico, afirma que el liderazgo que mostró Peñailillo  era “diferente, más tecnocrático, y más macuquero también, más de operador que de dirigente político” y no duda en respaldar la teoría de que la operación estaba diseñada desde antes del estallido del conflicto. “Sí, creo que fue así”, responde ante la consulta.

Afirma que la discusión programática era “acotada siempre desde el Confesur”, ayudando así a descartar medidas más estructurales o de largo plazo. “Él evitó con astucia, habilidad, y demagogia, poner en el centro esas demandas más estructurales, que en ese momento pasaban por el arancel diferenciado”, resume el ex dirigente.

Para Sandoval, ese momento “es el único episodio en que él se volvió gravitante en términos de la conducción de masas” y asegura que con ello consiguió el premio de ser nombrado Gobernador de Arauco, años más tarde.

“Todo lo que vino después en su carrera política no fueron más que nada jugarretas internas de la Concertación, en los grupos de poder, en los vínculos, traiciones y lealtades que han ido construyendo en sus pequeñas mafias. No hay un mérito genuino en su carrera, y ese es el único episodio de lucha política y de enfrentamiento. Si hay que destacarlo por algo, su mérito visto desde la lógica del poder, es haber contribuido a frenar y concretar la traición del Estado al movimiento social. Si eso se lee en clave de los intereses del Estado y de los grupos económicos, eso se termina premiando con la posibilidad de alzarlo como un personaje importante dentro de la esfera administrativa, y logra llegar a puestos de primera línea el año 2015.

El resto de la historia es parte de los mediáticos episodios: estudios e informes “copy y paste”, las asesorías y negocios que empezaron Peñailillo y sus amigos G90. El año 2010 ponen en práctica lo aprendido de sus mentores políticos de la transición. No se puede olvidar que la G90 surge bajo el padrinazgo de Francisco Vidal y Sergio Bitar en el Partido por la Democracia.