Ex presidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) y ex agregado laboral en España, Cristián Cuevas renunció a su militancia en el Partido Comunista y al cargo en el Ejecutivo a medidados de 2015, tras la muerte del contratista de Codelco Nelson Quichillao.

Desde entonces -y a través de la Fundación Emerge- que trabaja en fortalecer los espacios organizacionales del movimiento sindical. Sabe que su figura genera consenso no solo en el mundo de los trabajadores, sino en los movimientos sociales en general. Tanto, que su nombre ha aparecido más de alguna vez como posible candidato presidencial para las próximas elecciones. Él, sin embargo, se lo toma con calma y se dedica a su labor en la Fundación, desde donde sí trabaja con varias fuerzas de izquierda emergentes en la política nacional.

En conversación con El Desconcierto, Cuevas aborda la situación de la izquierda actual en Chile, sus proyecciones para las municipales y presidenciales y la posibilidad de una agenda postneoliberal para el país.

– Están apareciendo varias fuerzas de izquierda emergentes: Izquierda Autónoma, la UNE, Revolución Democrática, Izquierda Libertaria, etc. ¿Cómo las ves? ¿Son fuerzas lo suficientemente maduras para los desafíos que se vienen?

Hay que mirar al conjunto del país, en el cual hay una izquierda que está buscando un espacio para construirse. Hoy la izquierda como tal no es una fuerza gravitante en la disputa política, está recién emergiendo a partir de la descomposición de la izquierda tradicional. Hoy emergen ciertos atisbos de un camino posible y uno saluda los esfuerzos de construir esos espacios de articulación. Pero hoy sigue siendo fragmentaria, se requiere de un impulso mayor de hacer un camino posible entre estas fuerzas, en tanto que debe ser un espacio amplio, diverso y que posibilite construir una tercera vía que dispute el escenario político. La  tercera vía obviamente debe ser alternativa a la Nueva Mayoría, al duopolio, pero que logre incidir en la política de nuestro país. Nosotros desde el rol que nos toca queremos hacer ese trabajo.

– Pensando en la coyuntura municipal, ¿cuál es la posibilidad real de una especie de coalición o aglutinación de estas fuerzas y que no se caiga en la fragmentación de varias izquierdas distintas?

Creo que en la izquierda nuestra, alternativa, en construcción, tenemos que actuar con responsabilidad y sabiduría. Ante la situación de descomposición que vive el modelo, ante la situación de descomposición de las élites, de las instituciones, todavía nosotros no somos mirados como una posibilidad por las mayorías, que hoy no votan, que se expresan en la lucha social, en los sindicatos, organizaciones comunitarias. Yo les invitaría a generar un espacio de convergencia común y de colaboración en función de las batallas, no solo en el ámbito electoral municipal, sino en el ámbito del mundo del trabajo, estudiantil, de los movimientos sociales. Hay una situación de crisis pero no una unidad de acción en función de disputar esa escena, entonces se diluye la posibilidad de avanzar. Entonces mi invitación es que debemos ser un factor de unidad y en eso hemos estado trabajando, en ser un factor de unidad en la diversidad y el llamado es de alguna manera de colaboración de estas fuerzas en las vías de posibilitar construir un espacio de mayor convergencia para disputar la escena política y en este caso particular, las elecciones municipales.

– Pero cómo aprovechar la crisis que vive hoy la élite, expresada a nivel político, empresarial, eclesiástica, incluso deportiva. La izquierda “extra parlamentaria” en Chile ha fracasado una y otra vez…

La descomposición no solo ha golpeado a las élites, sino que vemos cómo atraviesa también a nuestro sector. Por eso cuando la izquierda está en una rencilla pequeña y marginal entre grupos que realmente no inciden en la política ni en los territorios, entonces estamos perdidos. El llamado es a sincerar y recuperar una vocación de mayorías, transformadora y de poder que hoy la izquierda no tiene. Desde la marginalidad absoluta van a ser puros aullidos, y nosotros queremos una voz fuerte que logre generar los cimientos para la posibilidad de disputar el espacio político. Hoy la izquierda no tiene esas condiciones orgánicas ni políticas para incidir. El llamado es poder incidir en eso y eso requiere generosidad, de disposición, incluso ceder a cuestiones que nos parecen de primera linea, pero que en la medida que se genere el proceso desarticulación en la diversidad social, política, cultural, identitaria, de claro perfil alternativo al modelo, podemos ampliar el rango de incidencia nuestra. Ese esfuerzo tenemos que hacerlo porque me da la impresión, cuando conversamos con Izquierda Libertaria, con Izquierda Autónoma, con Revolución Democrática, con las distintas expresiones en todo el país, todos están a disposición. Pero a la hora de hacer practica, la verdad que nadie quiera correr riesgos y la política es correr riesgos. Uno tiene que avanzar quebrando huevos. El que piensa que obviamente vamos a encontrar el escenario ideal para avanzar, eso no existe. Están las condiciones para avanzar y estar a la altura de las necesidades, o si no tendremos que conformarnos que el próximo gobierno lo administre Lagos o Piñera y sigamos siendo marginales por debajo del 5%.

La opción presidencial: “Sé que se discute entre distintos actores sociales”

Su nombre es consenso transversal como posible candidato que aglutine fuerzas de izquierda, pero asegura que hablar de nombres y figuras ahora es adelantarse a un proceso que todavía no tiene la base social que lo sustente. Cuevas no quiere que para 2017 se repita una experiencia como Todos a La Moneda.

– Tu nombre genera consenso dentro de la izquierda, se te ha nombrado incluso como posible candidato presidencial ¿Cuál es tu rol en este proceso? ¿Estarías dispuesto a serlo?

Creo que lo que no puede ocurrir en estas expresiones de izquierda emergente es vivir lo que se vivió el año 2013, en que fueron en distintas expresiones a presentarse a elecciones, donde ninguna de las fuerzas alternativas a la Nueva Mayoría y a la derecha lograron gravitar en los ciudadanos. Nuestra fuerza es marginal y esa es una realidad. Tenemos que prepararnos para disputar el escenario político. Ustedes saben que yo renuncié hace pocos meses al Partido Comunista y que tengo cierta legitimidad en el mundo social, principalmente entre los trabajadores, pero el tema es cómo contribuir para hacer entender la necesidad de avanzar. El rol que a uno le corresponde…sería anticiparse a decisiones que deben ser mayormente reflexionadas en función de cualquier tipo de candidatura. Yo por lo menos, en lo formal, no soy parte de ese debate. Sé que se discute entre distintos actores sociales, pero si no somos capaces de avanzar a un camino de convergencia y unidad incluso en el mundo social y la disputa que se viene, no hay posibilidades de disputar la escena política. Lo único que yo hago es colocarme a disposición del movimiento para generar los puentes de convergencia, de diálogo, de desprendimiento y contribuir al posibilidad de estar a la altura de las batallas que se vienen. Pero a primera instancia, no es un debate hoy día, hablar de candidaturas. Hoy nos mueve organizarnos, lograr espacios de encuentro de la izquierda y disputar la escena social y tener un cuerpo robusto para disputar la escena política de mayor carácter nacional.

Pero las municipales son ahora, este año, y no se pueden desligar de las presidenciales que serán el próximo. Si se te pide, tanto para una u otra, ¿serías candidato?

Sin duda los caminos que estamos haciendo es para construir a esas fuerzas en convergencia. Si me preguntas si sería carta disponible a eso, no es un tema que en lo personal he reflexionado porque he estado abocado a organizar y generar articulación de unidad en función de la disputa. Ahora, cualquier actor, sea hombre o mujer, que pueda representar a las fuerzas de izquierda, tiene que tener una conducta ética, intachable, en función de su compromiso social. Y creo que en el curso de estas batallas que se vienen, en el intercambio con distintas fuerzas, pueden emerger uno o mas candidatos. Pero cualquiera que sea, invitaría a generar mecanismos democráticos para resolver una candidatura única desde expresiones emergentes de la izquierda o transformadoras. No necesariamente tienen que ser de izquierda sino que pueden ser fuerzas que se identifiquen en un proyecto de transformación, obviamente criticas al neoliberalismo. Y eso va más allá de la izquierda. Uno está en disposicion para contribuir y buscar a los mejores hombres o mujeres para esa tarea. Sin duda la batalla municipal dirá si fuimos capaces o no generar esa convergencia, esa unidad y no estar dañándonos entre pequeñas articulaciones muy marginales.

–  Tú conoces de cerca al Partido Comunista. Qué te parece que desde la derecha, e incluso sectores de la propia Nueva Mayoría, digan que la presidenta solo escucha al PC, que las reformas son en la medida del PC, siendo que todas las reformas promovidas son más en la línea que la DC que el PC

Eso es un acto performático, de supuestas tensiones al interior de la NM que pueden haber en algunos ámbitos. Pero en estricto rigor, en las decisiones políticas están todas las fuerzas de la NM comprometidas. Yo no veo que vaya a haber un cambio en eso. El proyecto de la NM, el cómo se desarrolla, la instalación del candidato del orden que es Ricardo Lagos, en el cual obviamente todas estas fuerzas lo van a apoyar para el salvataje de la propia NM. En el caso del PC, ellos han tomado la decisión de mantenerse en la NM pese a las tensiones que existen y pese a que mucho de lo que ocurre al interior del conglomerado, los militantes comunistas son lejanos a eso. No van a haber mayores cambios, en alianzas políticas ya no miran hacia afuera y viven un proceso de social democratización dentro del marco del neoliberalismo. Creo que van a llegar a un acuerdo para las municipales con la DC porque esto es así, es un negocio en términos políticos y tienen que tener un buen rédito en cantidad de alcaldes, concejales, diputados, pero abandonando el proyecto transformador. No me detendría en mirar aquello, por eso el esfuerzo está en como nosotros somos capaces de construir una fuerza política que incida y que dispute.

– ¿La derecha se aprovecha para instalar la imagen de que el PC es el que lleva la batuta en la Nueva Mayoría?

La derecha no tiene moral ni ética y los niveles de descomposición de la NM y de su élite gobernante ha sido la oportunidad esperada de la derecha para el empate inmoral que ellos tienen en función de la descomposiciones que se vive por parte de las instituciones del Estado y los niveles de distanciamiento de los partidos tradicionales de los ciudadanos. A ellos no les interesa resolver eso, que la mayoría que hoy no se expresa en el voto, participe. Van a seguir manteniendo su control del botín del estado en alianza con las empresas, que no permita generar los cambios reales que el país necesita. Pero como no hay un contrapunto, que logre paliar eso, tenemos que esforzarnos por construirlo. Creo que, sin ser adivino, las tensiones de la NM son performáticas, una simulación. Ellos están administrando y tratando de humanizar este modelo.

La agenda postneoliberal

– Más allá de las elecciones y en el contexto de la coyuntura que se vive hoy en América Latina, ¿es posible que esta articulación de nuevas fuerzas se de en torno a una agenda posneoliberal? Teniendo en cuenta de que la “época posneoliberal”, cómo se le llama en la región, comenzó hace más de 10 años y hoy enfrenta un claro retroceso…

Es un tema que estamos discutiendo. Si uno ve los procesos en América Latina y que eran esperanzadores en función de las transformaciones y de superación del neoliberalismo, como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil incluso, con todas sus diferencias y sus tensiones, pero también en las crisis que se vive en Europa y la expresión de nuevas fuerzas en el caso de España, de Grecia o Portugal, todos esos nos obligan a nosotros como izquierda a pensar. Nos obliga a pensar incluso cómo vemos esta izquierda para el siglo XXI a partir de estas experiencias que son contribuyentes, pero en las que también se han cometido errores que debemos rectificar. Más que mirarlas, hay que ser capaz de construir una izquierda transformadora a partir de la identidad y de la realidad de nuestro territorio y nuestras prácticas políticas.

– ¿Qué errores?

Si nosotros somos críticos a la corrupción, en nuestros procesos no debe haber corrupción. No debemos tener mano blanda. Si decimos que queremos construir un proyecto en que la izquierda sea transformadora, democratice, participativa, no podemos construir una oligarquía de izquierda que administre los partidos y encapsule el proceso de desarrollo de los movimientos sociales. Y eso es lo que ha pasado, esa experiencia está ahí. Tenemos que asumir nuestros propios errores como izquierda, no echarle la culpa solo al empedrado del neoliberalismo y el capital. Hay que hacer la critica en función de que es lo que necesitamos para poder avanzar. En un país como Chile, con una sociedad profundamente neoliberal, profundamente consumista, ¿cómo hacemos para hacer el proceso de transformación que queremos? Tenemos que reflexionar ante el ciudadano que hoy día es distinto al ciudadano que nosotros en nuestras utopías, en nuestros sueños tenemos. Cómo logramos que esta izquierda efectivamente a partir de su memoria, su historia, su identidad, logre construir una nueva arquitectura para este tiempo. Y ese es parte del debate, porque algunos reproducen modelos que hoy no tienen que ver con la sociedad actual. Ahora, la contradicción principal sigue siendo capital versus trabajo, eso sigue. El tema es cómo construimos una fuerza que sea capaz de movilizar y de ilusionar a millones. Tenemos que ser sabios en las experiencias y derrotas que hemos tenido, y desde las experiencias que se han desarrollado en la ultima década no solo en América latina sino en Europa también, poder construir un proceso transicional en función del desmantelamiento del modelo. Si mañana gobernamos nosotros, ¿vamos a resolver en lo inmediato todas las tensiones y demandas sociales? El discurso puede ser bonito, pero en la práctica es distinto. A esa reflexión yo llamo a la izquierda, a ser sensato, a ser visionario, a pensar en el poder no en función de lo individual sino en función de lo colectivo, a ser parte de un proyecto de transformación. Y si no somos capaces de avanzar en unidad en la diferencia y en la diversidad en cuestiones básicas como el frente estudiantil, sindical, territorial, comunitario, no tenemos ninguna posibilidad de triunfo ni de victoria. Ese es el esfuerzo que tenemos que hacer, lo demás son banderitas, un imaginario que no está en la sociedad chilena. Tenemos que tratar de mover la maquinaria, imaginar esta nueva fuerza, donde los trabajadores y trabajadoras cumplan un rol principal, que tienen que ganárselo en la medida en que logren fortalecer su fuerza en el mundo del trabajo, que hoy día no la tenemos.