Estar enojado o finalmente enojarse, es claramente la consecuencia de hechos molestos o fastidiosos que vivimos o aguantamos para llegar a ello, aunque etimológicamente el enojo ya representa hastío, falta de interés o aburrimiento. Pero incluso la palabra “inodiare”, que tiene relación con el fin del odio, es una señal de que se ha llegado a un punto de inflexión que debería traer consigo una acción o una respuesta natural.

Hoy los Chilotes marchan en el corazón de la isla, pues dicen estar “privaos” o enojados, quienes intentan adornar la palabra para que suene más estilizada quizás podrían decir que se sienten “privados”. Como suene, la verdad es que los isleños han acumulado una serie de hastíos y aburrimientos y los “acogedores” y “confiados” Chilotes, parecen haberse aburrido de dejar las puertas abiertas de su casa y han organizado una manifestación de la que tendremos noticias en todo el país, durante esta noche.

Pero los habitantes de Chiloé o por lo menos una parte de ellos no sólo se sienten “privados” de paciencia o cansados y aburridos de las demandas que exponen en esta marcha sin precedentes, cargan con antiguas privaciones como las de sus recursos naturales y la falta de criterio de los gobiernos de turno, que no fueron capaces de escuchar el enojo de otros movimientos en la historia reciente de Chiloé, que apelaban a la protección del patrimonio natural, a la equivocada manera de proyectar el progreso en la isla y la incansable solicitud de la creación de espacios de diálogo, propuestas por su anterior obispo Juan Luis Ysern.

La pelea por ese entonces no sólo se traducía a detener la devastación afuerina y extranjera, sino a transformar a los Chilotes en principales defensores de su propia tierra y derechos, sin embargo las primeras derrotas no fueron contra Marubeni Corp., American Seafood o la dictadura de Pinochet, sino contra los mismos coterráneos que entendían la llegada de progreso como la oportunidad de surgir económicamente, sin mediar en las lamentables consecuencias.

Marubeni Corp. Pretendía talar 125.860 héctareas de bosque nativo, algo así como el 25% del total de la superficie isleña, en el “Proyecto Astillas” que no todos recuerdan. O la muy recordada American Seafood que incluso en su terrible despedida, llevó hasta las aguas de Chiloé al American Monarch, el barco pesquero más grande del mundo y que justamente buscaba en mares australes apoderarse de la por hoy día comentada Merluza, en veda durante unos meses del pasado año 2015.

Muchos Ancuditanos, Castreños y Quelloninos, dejaron de ser pescadores artesanales y agricultores y se transformaron en mano de obra barata, asumiendo turnos de 8 a 8 en una industria que se levantó como un gigante en las costas chilotas, dejando vestigios acelerados de desechos, como lo hicieran en medidas bastante más lógicas, sus antepasados en los conchales.

Más recientemente y como suele ocurrir con otros movimientos sociales, el país fue testigo gracias a los medios, del enojo de los isleños que anhelaban la construcción del puente sobre el canal de Chacao, tomándose carreteras y puertos, “privaos” por el abandono de las autoridades ante la escasa preocupación por el “progreso” y “desarrollo” de la isla.

Ahí también estuvo, antes del término de su periodo como obispo, Juan Luis Ysern abogando por el diálogo que los Chilotes no habían tenido en la decisión de ¿que tipo de desarrollo es el que los Chilotes se merecen? .

Será necesario nombrar la espantosa construcción y posterior apertura del Mall de Castro, que pareciera que al igual que los santiaguinos, los Chilotes, se enteraron por televisión de su sorpresivo emplazamiento de un día para otro.

Los chilenos estamos enojados, con el alza del transantiago, con la destrucción de los barrios, con una salud precaria y al servicio de quienes lucran con ella, con la construcción de un puente que a todas luces no es prioritario en la isla de Chiloé, con leyes laborales que siguen siendo en beneficio de quienes más tienen, pero hoy más que nunca, no debemos olvidar que hemos sido responsables en cuanto no hemos sido capaces de dialogar, de elegir a gobernantes que no generan esos espacios y de no sumarnos a las causas de quienes padecen de estas injusticias.

El enojo sin respuesta es la actitud débil de quien se “priva” y levanta la voz por sus vecinos que muchas veces esperan el progreso como tantos otros aislados y marginados, que ven en los pasillos de un mall, la oportunidad de llevar a su familia a un lugar menos triste que las calles de donde viven, o el de cruzar por un puente enorme sin saber que por ahí mismo transitan los camiones que se llevan lo poco que les queda.

No sólo somos víctimas de nuestra suerte, somos responsables del saqueo y la injusticia, en cuanto no seamos capaces de compartir con el otro, esta “buena nueva” de que los recursos naturales y la autodeterminación son un patrimonio que defender.

Esta marcha debe sentar las bases para que los Chilotes se encuentren y dialoguen y no sólo quienes comprenden el discurso y la importancia de lo que se exige, sino los verdaderos “privaos”, esos que humildemente siguen abriendo sus casas pobres, para recibir al afuerino, confiados y alegres.