“Ahora la revolución negra se ha estado desarrollando en África, y Asia y América Latina; cuando digo “revolución negra”, me refiero a todos los que no son blancos: los negros, los morenos, los rojos o los amarillos”, dijo Malcolm X en 1964.

Desde que estaba en el vientre de su madre, a Malcolm le tocó vivir los abusos de la sociedad blanca. El ku klux klan apedreaba los vidrios de su casa en busca de su padre, quien era un predicador del “retorno de la raza negra al lugar de origen: África”. Sus tíos fueron asesinados por movimientos racistas, su padre luego moriría y la gente esparciría el rumor que también hubo responsabilidad de esos movimientos. Siendo joven vio como su casa era quemada por la Legión Negra y a su madre volverse loca luego de una vida cuidando a ocho niños, que luego la Asistencia Pública buscaría separar de ella.

Quizás fue un tema de clase el que desarrolló en Malcolm X una solidaridad no solo con el pueblo negro a nivel mundial, sino también con las causas latinoamericanas. En 1960 dio una muestra de ello.

Cuando se realizaría la Asamblea General de la ONU de ese año, el lider de la revolución cubana, Fidel Castro, residiría en el Hotel Shelbourne de Manhattan. El recibimiento no fue el mejor. Una serie de manifestantes anticastristas hostigó a la delegación, e incluso se les culpó de la muerte de una niña venezolana de 10 años durante las manifestaciones. 

Expulsados del Shelbourne, encontraron la solidaridad de Malcolm X que los invitó al Hotel Theresa del barrio negro de Harlem -aunque, según describe el lider afroamericano en su autobiografía, Harlem  históricamente no había sido solo un barrio negro, sino que un lugar donde se recibía a los inmigrantes marginados en el mundo-. Entre los blancos norteamericanos, comenzarían a esparcir propaganda de que Fidel se estaba quedando en un burdel.

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Ahí se encontraron ambos líderes. “Mientras el Tio Sam esté contra ti, sabes que eres un hombre bueno”, le dijo el afroamericano a Castro. Se habló tanto de la situación de ambos países como del mundo en general, por ejemplo el Congo de Patrice Lumumba, primer ministro de ese país tras la independencia de los belgas, quien moriría asesinado al año siguiente.

Castro diría que “en Estados Unidos los negros tienen más conciencia política, más visión que nadie”. Malcolm agregaría: “Nadie conoce al amo mejor que sus sirvientes. Hemos sido sirvientes desde que nos trajo aquí. Conocemos todos sus trucos. ¿Se da cuenta? Sabemos todo lo que va a hacer el amo antes de que lo sepa el mismo”.

Luego de intercambiar experiencias, Castro diría: “Luchamos por la gente oprimida”. Algo que Malcolm reforzaría en una frase de 1965: “Es incorrecto clasificar la revuelta del negro como un simple conflicto racial de los negros contra los blancos o como un problema puramente norteamericano. Más bien, lo que contemplamos es una rebelión global de los oprimidos contra los opresores, de los explotados contra los explotadores”.

En esa visita, Fidel Castro pronunció ante la ONU un discurso desde las 2:57 hasta las 8:15 de la noche, siendo interrumpido unas 30 veces por aplausos.” Quizás ninguno de ustedes, señores delegados, a su llegada a esta ciudad de Nueva York haya tenido que sufrir tratos personalmente vejaminosos, físicamente vejaminosos, como tuvo que sufrir el Presidente de la delegación cubana”, dijo al inicio.

En 1964, Malcolm X invitó al Che a un acto de la Organización de la Unidad Afro Americana y si bien el argentino no pudo ir, envió una carta recordando el encuentro con Fidel.

Al año siguiente Malcolm X murió asesinado a escopetazos mientras pronunciaba un discurso, nunca vería la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

“Estados Unidos vendrá a dialogar con nosotros cuando tenga un presidente negro y haya en el mundo un Papa latinoamericano”, fue una frase histórica de Castro. Hace unos días el Presidente negro de Estados Unidos, Barack Obama, anunció su visita a la isla a mediados de marzo de este año. Esta por verse si el encuentro será tan sincero y con tantos puntos de encuentro como la tarde que compartieron Malcolm X y Castro en el barrio negro de Harlem.