Natalia Valdebenito tenía apenas 10 años para el retorno de la democracia en Chile. Entonces vivía con su familia en San Miguel, salían juntos a marchar para celebrar el triunfo de Patricio Aylwin y sus padres le mostraban como un tesoro los casetes de Los Jaivas y Sol y lluvia que por tanto tiempo no pudieron escuchar.

-Yo tuve esa visión de la democracia, mi familia fue la que creyó que la alegría venía-, cuenta hoy la humorista mientras almuerza un plato de charquicán y, parece mentira, un artista callejero canta una canción de Sol y lluvia de fondo.

– ¿Y qué opina ahora tu familia?

Ellos creen mucho más que yo, yo me enojé más.

– Después de las rutinas de Viña que criticaron la política desde el humor, incluida la tuya,  salió la idea de hacer una ley que limitara esta práctica. ¿Qué opinas de eso?

Es una necesidad de decirte que ellos lo controlan todo. Incluso el sentido del humor, ¿me estay webiando? Hay gente que quiere poder y te lo hacen ver.

– ¿Esa sed de poder está muy presente en los políticos actuales?

Por supuesto. Ellos lo único que buscan es ser la punta de la lanza para atacarnos a todos.

– ¿Hay algún político que salga de eso y te parezca interesante?

Giorgio (Jackson) y (Gabriel) Boric han hecho un trabajo súper bueno. Me da la sensación de que es real. Esto otro de sentir que sólo algunos toman las decisiones y nosotros tenemos que acatar es básicamente una elección que hicimos como sociedad y así se las arregló perfecto esta gente. Y yo voy a pagar más IVA que Longueira, entonces no wei.

– ¿Esa actitud de acatar a los poderosos está cambiando?

Es difícil porque la gente vive más preocupada de llevar la comida a la casa que de opinar, y yo entiendo. Pero al menos los que tenemos la posibilidad de hacerlo, tenemos que darle un carácter positivo a la discusión, aquí discutir es ser conflictivo, es una lata, no estar de acuerdo es un problema. Si todo eso lo vemos al revés, te das cuenta de que aprender de otro cuando es diferente. Yo converso con todo el mundo, soy como las viejas que meten conversa.

Entonces se acerca a la mesa el guitarrista, el que estaba tocando Sol y lluvia, y le pide un pan.

– ¡Ya me sacaron el pan!-, le dice Natalia Valdebenito, que hace unos minutos regaló su pan y su jugo de naranja a dos hombres desconocidos que se le acercaron pidiendo limosna.

– Bueno, esos son los costos de ser cara pública.

– No, estay loco. Si ese weon estaba curao, no le importaba nada más que tomarse el jugo. Y ni siquiera me dio las gracias. Te hubiera dado el jugo a ti, más simpático-, concluye ella entre risas mientras le pasa unas monedas- Viste, todo el mundo me habla y yo le hablo a todo el mundo.

Valdebenito rebobina la conversación en su cabeza y continúa la idea anterior:

– Bueno, hay que entender que hacer política no es una lata, es lo que nos corresponde a todos. Esa corrida que tuvimos de la política fue para que estos weones hicieran lo que hicieron. “Déjennos a nosotros hacer esta pega tan fome” y nosotros esperando que legislaran y ahí están, arregladitos a tal punto de que cometieron weas atroces y no van a pagar nada.

– ¿Apoyarías una Asamblea Constituyente como camino para que la política vuelva a ser de la ciudadanía?

Sí, por lo menos a reunirnos a conversar, a discutir.

– ¿Por quién votarías en las presidenciales?

Por nadie.

– ¿Te frustra que no haya alguien que te represente?

Sí. Creo que a todos nos tiene medios bloqueados eso.

– ¿Alguna vez votaste por alguien que te representara?

La primera vez por Michelle (Bachelet), ese fue un voto feliz. Ya después hice dibujos hermosos. Ahora voy a poner: “¿Y vo’ crei que soy weona?”.

Feminismo con peras y manzanas

Además de su destellante rutina feminista en la última versión del Festival de Viña, donde terminó con el público de pie y una gaviota en cada mano, Valdebenito critica constantemente el machismo y participa en organizaciones como Corporación Miles, que apoya el aborto, y el OCAC, que vela por una ley que termine con el acoso callejero.

– ¿Cuál es la importancia de que una ley regule el acoso callejero?

Defiende el derecho a caminar tranquila, que es algo que como mina sabemos que es muy complicado. Nadie está en contra de que alguien le diga algo lindo a alguien, estamos hablando de otra cosa: de pasar a llevar tu espacio privado, tu cuerpo, que es lo único que tienes y no le pertenece al que te está mirando. Las miradas lascivas… los perros quedan chicos cuando andan detrás de una perra en leva. Yo no sé si los hombres se han mirado a sí mismos cuando estás así, pero es asqueroso. ¿Cómo no les da vergüenza?

¿Qué opinas de que, a pesar de que el 70% de Chile apoya aborto en tres causales, haya mujeres como Soledad Alvear que luchan en contra del proyecto?

Cada uno tiene derecho a elegir su postura, sí me llama la atención la falta de empatía. Me sorprende que Soledad Alvear no se pueda poner en el lugar de una niña de 11 años que queda embarazada de su tío. Me da pena, me da rabia, esa falta de claridad de que hay personas que no tienen la suerte tuya y mía de haber recibido una educación sexual sana.

– En ese sentido, ¿hay falta de empatía de clase social? 

Si le sumamos el clasismo chileno, se hace aún más grande, porque estoy segura de que esas personas también están conscientes de que la sobrina hace un tiempo atrás se operó de “apendicitis” y lo hizo de una manera muy tranquila, protegida y feliz de la vida. Me habría gustado que Helia Molina no saliera del gobierno por haber dicho aquello; estamos culpando a una ministra por decir una realidad. Ahí es donde yo digo: Alvear y compañía no sé hace cuánto no salen a la calle. No saben lo que es caminar por la calle para una mina, ¿en serio?

– ¿Apoyas el aborto libre?

Sí, pero entiendo súper bien esto de las tres causales, creo que en un país como este es una forma de empezar.

– ¿Por qué no tocaste el tema del aborto en la rutina de Viña?

Por ningún motivo en especial. Lo habría incluido, pero había que preparar tantas cosas que perdón si se me fue… Pedí que no nos pegaran y se ofendieron, imagínate si digo que nos dejen abortar, me linchan.

– Has participado en varios programas de televisión, como Sábado gigante, Cabra chica gritona y El Club de la Comedia, ¿la tele es machista?

Obvio, es el culto al físico.

– ¿Te han criticado por gorda, por flaca, por cómo te vistes?

No, porque no dejo que eso suceda: me visto como quiero, hago lo que quiero y engordo todo lo que quiero. Me importa un hoyo. Saben que a mí no me tienen que webiar, a mí no me van a pedir que salga bailando a poto pelado. Por suerte han ido entendiendo, pero siempre tenis que decir “eso no lo hago, no quiero ir a tal parte, no uso peto, no voy a mostrar las pechugas… porque no tengo”.

– Contaste que en El Club de la Comedia dijeron que necesitaban incluir a una “mina rica”. ¿Qué les dijiste?

Me quedé callada, la que reaccionó fue la Nathalie. Ahí vives algo mucho más potente a que te hagan ponerte un peto, que tiene que ver con no valorar el trabajo que estábamos haciendo. Eso fue lo más grave; nunca lo valoraron y éramos las mejores. Y querían volver a hacer lo mismo que hacen todos los programas de comedia: poner a la mina como la mijita rica recogiendo weas, no como personaje principal, solamente como objeto. Bien raro todo.

Temas como ese seguirá tratando en su programa Café con Nata, de Súbela Radio, también en la rutina de Gritona, que tiene show este mes en el Teatro Oriente y parte de gira hacia el sur de Chile, y en un proyecto editorial en el que trabaja actualmente.

Todo le ha valido duras críticas que se encarga de responder constantemente. “Me han mandado a tener hijos para encontrarle sentido a mi vida. Me dicen latera porque hablo de femicidios, que aburro con eso”, cuenta Vadebenito, y son comentarios más cordiales considerando los que se pueden leer en su cuenta de Twitter.

– ¿Por qué hay tanto odio hacia el feminismo?

Porque hay ignorancia, se sienten amedrentados. Hay un sistema machista que impera desde que nacimos; están acostumbrados a faltar el respeto y no escuchar a una mujer exigiéndolo. Ver a una mujer hablando de los peos parece que realmente les afectó.

– ¿Cómo enfrentar esos comentarios que te hacen: sientes que sólo tienes que atacar para defenderte o también hay una responsabilidad educativa, como cuando explicaste lo que es el feminismo en Viña?

No sé si responsabilidad. Soy actriz y comediante, desde ahí construyo. Expongo los pensamientos más burdos, porque me parece interesante el ejercicio. Ahí tal vez puede venir esa responsabilidad de que la gente entienda, se haga amiga del concepto al poner en evidencia esos pensamientos comunes. Muchas personas creen que ser feminista es creerse superior a un hombre.

– A través del Festival de Viña ese discurso llegó a un público que no es para nada elite.

Para allá voy yo. La elite no me interesa en absoluto. No le hablo ni a los medios, ni a la tele, ni a la gente que pertenece a esa wea. Yo le hablo a la gente en la casa. Sabía que había personas escuchando tanto en la galería como en la casa. Esto es un llamado de atención a la señora de la casa.

– ¿Desde cuándo te consideras feminista?

Desde siempre. Aunque se crea totalmente distinto, creo ser de la corriente más amable, que tiene que ver con la igualdad, en ningún caso la superioridad. Tengo una pareja con la que vivimos en nuestra casa y compartimos todo; no es que tenga que hacer ni menos ni más cosas. Hay un rollo ahí que no es cierto.

– El rollo de la feminazi

Claro, eso es una ignorancia. El nazismo se parece más al machismo, no al feminismo.