La derecha viene saliendo de semanas complicadas. Y las páginas de El Mercurio lo han reflejado de buena manera. El pasado domingo 8 de mayo, el ex presidente Sebastián Piñera irrumpió sorpresivamente en la coyuntura con una extensa carta al tradicional matutino, llamada “Una mejor Constitución para Chile”.

Piñera criticó duramente el proceso de la Nueva Mayoría, señalando, entre otras cosas, que “no ha dado las necesarias garantías básicas para que la participación ciudadana sea transparente y ecuánime; ha insinuado un escenario engañoso en torno a un mito respecto del pasado y una utopía respecto del futuro, El mito del pasado es que la causa de todos nuestros problemas sería el denomidano ‘Modelo Neoliberal’ y la utopía del futuro, que la Nueva Constitución sería la solución a todas las dificultades de Chile”.

Las palabras del ex Mandatario movieron las aguas dentro de la derecha. Sobre todo porque existe una división al interior de Chile Vamos sobre qué hacer frente al proceso constituyente. Durante la semana, el Consejo Político de la colectividad determinó que -siguiendo las críticas de Piñera- no participarían de la iniciativa. Esto contrasta claramente con la posición de Evópoli y ciertos sectores de Renovación Nacional -ligados al senador Manuel José Ossandón- que han declarado que no se restarán del proceso para no cederle espacio a la centro izquierda. Es más, declaran que ellos y otros militantes de la derecha ya se encuentran participando en los encuentros autoconvocados.

Los sectores de la derecha más tradicional, principalmente agrupados en la UDI y la Fundación Jaime Guzmán, ven con mucho temor participar en los cabildos. Y, aunque llame la atención, creen que si participan del proceso de la Nueva Mayoría estarían legitimando una Constitución “chavista”.

Así las cosas, se vislumbran dos líneas de acción por parte de la derecha. Por un lado, el proceso constituyente paralelo que está levantando Chile Vamos – “con contenidos”, como señalan-  en el que organizarán encuentros en todo Chile para después redactar un documento con las “verdaderas” preocupaciones que tienen los chilenos. Y por otro, los que están decididos a participar del proceso organizado por el gobierno.

Ayer domingo, nuevamente las páginas de El Mercurio sirvieron para la defensa de la tesis de los gremialistas y de Piñera. Esta vez en voz del ex senador UDI y uno de los más estrechos colaboradores del ex presidente, Andrés Chadwick. El también ex ministro del Interior señaló que el proceso de la Nueva Mayoría es una “estrategia política” y que está “hecho para llegar a ciertas conclusiones (…) esas van a ser que Chile necesita una nueva Constitución y que Chile quiere una Asamblea Constituyente, que es lo que la izquierda ha planteado en toda Latinoamérica como objetivo político central”.

De hecho, la diferencia de ambas posiciones ha llegado a tal punto que el jefe de bancada de la UDI en la Cámara de Diputados, Juan Antonio Coloma, envío una carta al resto de Chile Vamos pidiendo “evitar caer en la tentación de ideologizar nuestro debate entrando en el juego de la izquierda y generando conflictos entre nosotros que no llegarán a ningún puerto. Solo será cultivo para todos aquellos que quieren ver a una oposición desestabilizada, sin fuerza y peleando entre nosotros”.

En El Desconcierto conversamos con dos de las nuevas figuras de la derecha emergente, representantes de ambas posturas desplegadas: Diego Schalper, de Construye Sociedad y Hernán Larraín Matte, de Evópoli y la fundación Horizontal.

Schalper: “No seremos cómplices de un tongo”

Parte de la nueva generación de dirigentes jóvenes de derecha, Diego Schalper, de Construye Sociedad, se aleja de la tradicional derecha gremialista de Jaime Guzmán.

Defiende a ultranza la decisión de no participar en el proceso: “No vamos a ser cómplices de un tongo, no vamos a participar. Es un proceso desinformado, centralizado, manipulado y poco transparente”. Critica duramente que sea el propio gobierno el encargado de redactar las bases de la Nueva Constitución, que no estén tomando en cuenta la opinión de los alcaldes y que no haya “interés real” por escuchar la voz de la ciudadanía.

La idea del proceso paralelo de la derecha, según Schalper, es contrastar resultados con los que tendrá el Ejecutivo. Metodología certificada internacionalmente, encuentros con organizaciones sociales y no personas autoconvocadas y trabajo codo a codo con autoridades comunales -desde municipales hasta juntas de vecinos- son parte de lo que tienen planificado.

Sobre la postura de Evópoli y Ossandón de hacerse parte, asegura que “finalmente la ciudadanía se va a dar cuenta de que el proceso está siendo manipulado. Yo creo que ellos al final del camino van a mirar para atrás y decir ‘no debimos prestarnos para esta farsa’. Porque además nosotros no nos quedamos en nada, sino que desde Chile Vamos estamos organizando una estructura con contenido y realmente representativa”.

Larraín Matte: “El proceso es un hecho político y no se puede renunciar a ningún espacio”

Hernán Larraín Matte es hijo del presidente de la UDI y de Magdalena Matte, ex ministra de Piñera. Militante de Evópoli y además miembro del Consejo de Observadores, defiende la decisión de su movimiento de ser parte del proceso constituyente.

“(El proceso) es un hecho político y no se puede renunciar a ningún espacio. Como parte de la oposición vamos a fiscalizar, pero también influir”, dice.

En la misma línea se ha manifestado el líder de Evópoli, el diputado Felipe Kast. “Los que se deslegitiman si no participamos somos nosotros”, dijo hace unos días a CNN Chile.  “Estamos construyendo un relato para los próximos 20 años. Creo que es un error marginarse”, agregó.

Desde Evópoli resaltan que el Consejo Político de Chile Vamos no tiene carácter vinculante para los partidos que lo conforman, por lo que la decisión de marginarse, en la práctica, es solo una sugerencia. Y así lo saben en la agrupación de Kast, donde hacen oídos sordos. El propio diputado ya participó de un encuentro y están gestionando otros.

“Estado subsidiario y solidario”

Polémica causó en la semana cuando Chile Vamos presentó su propuesta constituyente. Liderados por el senador Alberto Espina (RN), acuñaron el término de “Estado solidario”, concepto que no existe en ámbitos teóricos y que llamó la atención.

Consultados sobre qué concepción de Estado creen que debería garantizar la nueva Constitución, las posturas de Schalper y Larraín no parecen estar muy alejadas.

“Creemos en un principio de subsidiaridad activa y responsabilidad solidaria del Estado”, dice el militante de Evópoli. Esto se traduciría en que el Estado genera las condiciones de libertad para que todos los ciudadanos sean libres de desarrollarse independiente del lugar donde nacen.

Para Schalper, la derecha tradicional ha caído en un error al creer que subsidiaridad significa que el Estado no se hace presente. “El concepto real, el del modelo de la economía social de mercado alemana, por ejemplo, es un Estado con un rol activo, que se involucra. Nuestro planteamiento es subsidiario y solidario. No toma palco, sino que garantiza las condiciones de acceso para todos. La solidaridad tiene que ver con a todos de acuerdo a sus necesidades”, dice.

“Queremos un Estado presente, pero no omnipresente como lo quiere la izquierda“, agrega Schalper.