Una de las primeras imágenes que se nos viene a la cabeza al pensar en los actuales problemas medioambientales es la de enormes ciudades bajo un denso y negruzco manto de smog. Recientemente, dichas imágenes han alcanzado un nivel de paroxismo grotesco en el caso de los altos grados de contaminación atmosférica registrada en algunos países tales como China o India.

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Figura 1. Beijing es una de las ciudades más contaminadas del mundo (CTV News)

Tal vez una de las respuestas más lógicas ante escenas como la de arriba es pensar que algo, definitivamente, no anda bien en nuestra sociedad. Con todo, difícilmente podría alguien pensar que el oxígeno que respiramos podría estar riesgo. Tan vasta es la abundancia de aquel que su existencia la damos por sentada. Mal que mal, ni siquiera a los empresarios más rapaces se les ha pasado por la mente hasta ahora comercializar el oxígeno atmosférico, o por lo menos no seriamente. ¡Y vaya que han tenido ingenio para ponerlo todo en venta!

¿Pero es realmente el oxígeno un bien infinito? No, nunca lo fue. Y pronto podríamos comprender que aquel ha sido, en realidad, un privilegio. Y dicho privilegio lo estamos poniendo en riesgo. Es lo que veremos a continuación discutiendo el concepto de “crisis del oxígeno”.

Nociones básicas en torno a la crisis del oxigeno

Antes de responder a que nos estamos refiriendo cuando hablamos de “crisis del oxígeno”, es necesario repasar algunas cuestiones básicas.

Primero: El oxígeno no ha estado siempre aquí. De los casi 4.500 millones de años de antigüedad que posee la Tierra, aquel no tiene más de tres mil millones. Es decir, el oxígeno es un producto de condiciones geológicas y biológicas específicas.

Segundo: Desde la aparición y masificación del oxígeno en nuestro planeta, el cual representa hoy aproximadamente el 21% de los gases que componen la atmosfera, la gran mayoría de las especies naturales necesitan del mismo para subsistir. Y aunque todos sabemos que sin suministro de oxígeno fallecemos en cosa de minutos, es importante entender que incluso las variaciones a mediano y largo plazo de los niveles atmosféricos de este gas pueden alterar, muchas veces de modo dramático, la evolución de las especies naturales. Esto ya sea induciendo en aquellas diversas respuestas evolutivas, o bien precipitando su extinción. Un ejemplo de lo anterior fue la importante disminución que experimentaron los niveles de oxígeno planetario al final del periodo Pérmico, gatillando con ello la desaparición de más del 95% de la vida terrestre.

Tercero: El oxígeno está siendo constantemente renovado en la atmosfera por la actividad fotosintética, la cual aporta aproximadamente el 98% del oxígeno terrestre. De este porcentaje, entre el 50% y 70% es producido en los océanos por el fitoplancton, correspondiendo el restante al generado por la cubierta vegetal de los continentes, especialmente por las especies arbóreas.

 

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Figura 2. El fitoplancton genera hasta un 70% del oxígeno terrestre (Balnova.com)

 Cuarto: De los responsables de la producción del oxígeno, el fitoplancton es altamente sensible a los cambios de temperatura. De hecho, aumentos sutiles pueden tener graves consecuencias en el desarrollo de estos microorganismos. Y en el caso de incrementos drásticos, relacionados por ejemplo a una mayor acidificación de los océanos, el fitoplancton puede experimentar reducciones significativas, o bien desaparecer completamente de vastas áreas.

Todo esto es necesario tenerlo en cuenta ya que, tal como veremos ahora, el impacto de la sociedad industrial sobre el medio ambiente estaría a punto de provocar una alteración fundamental de los niveles de oxígeno planetarios conocidos por el hombre.

¿Qué es la crisis del oxígeno?

Se entiende por “crisis del oxígeno” una posible reducción drástica de los niveles de oxígeno atmosférico, los cuales de acuerdo a algunos investigadores podrían caer durante el presente siglo a tasas inéditas desde la aparición de la especie humana.

Lo anterior no es sólo una posibilidad teórica. De hecho, podría estar ya sucediendo, aquello si tenemos en cuenta la serie de investigaciones científicas que apuntan al desarrollo de una significativa caída de los niveles de este gas durante las últimas décadas.

Uno de los datos más alarmantes en este ámbito seria el rápido declive de las tasas de oxigeno oceánico, registrándose durante el periodo 1990-2008 una caída de un 0.3% anual en el Pacifico Norte. Esto último de acuerdo a un artículo de Paul Falkowski y colaboradores publicado durante el año 2011 en Transactions of the American Geophysical Union (EOS).

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Figura 3. Niveles de oxígeno oceánico en el Pacifico Norte  (AGU)

Existe acuerdo en plantear que una de las principales causas de dicho declive se relacionaría, fundamentalmente, con el avance del calentamiento global y el consecuente aumento de las temperaturas marinas. Una de las razones de aquello es que el calentamiento global se asociaría a una mayor acidificación de los mares que perjudicaría el desarrollo del fitoplancton, el cual como dijimos es el principal productor de oxígeno en el planeta

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Figura 4. Calentamiento oceánico global (NOAA)

Uno de los efectos más recientes de la caída de las tasas de oxígeno oceánico ha sido la rápida multiplicación de las llamadas “zonas muertas”; es decir, áreas en las cuales los niveles de oxígeno son tan bajos o nulos (estado denominado como hipoxia) que la vida marina es imposible. Estas zonas ya sumarian más de cuatrocientas alrededor del mundo, abarcando de acuerdo a la investigadora Lee Bryant (Universidad de Bath) el 10% de los mares del globo.

 

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Figura 5. Zonas muertas oceánicas indicadas en rojo (World Resources Institute)

Otros de los factores que estarían jugando un rol en este declive seria la quema de hidrocarburos y combustibles fósiles, así como también los desechos industriales vertidos en los mares y las altas tasas de deforestación vistas en las últimas décadas.

Con todo, este problema ha estado lejos de reducirse meramente a los océanos. Por el contrario, uno de los ejemplos de la magnitud del mismo seria la importante reducción de los niveles de oxígeno atmosférico, registrándose hoy una vertiginosa caída desde un 21% en tiempos pre-industriales a un 19% en ciertas áreas urbanas. Todo esto acompañado de caídas aún más dramáticas en algunas grandes ciudades en las cuales se habrían llegado a registrar niveles de hasta un 15%.

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Figura 6. Niveles paleo-climáticos y actuales de oxígeno terrestre (A Green Road)

Ahora bien, ninguno de estos datos puede darnos una idea de la gravedad que podría tomar este problema en el futuro próximo, aquello si consideramos la velocidad y magnitud sin precedentes que estaría tomando el calentamiento global.

Crisis del Oxígeno, Calentamiento Global… y Apocalipsis

Repasemos algunos datos: caída de un 0.3% anual en los niveles de oxígeno oceánico en el Pacífico Norte, proliferación de las “zonas muertas” en los mares, reducción significativa (inicial) del oxígeno atmosférico.

¿Grave? Sin duda ¿Puede ser peor? Sí, mucho peor, aquello si pensamos que todos estos fenómenos se producen en momentos en que el calentamiento global recién ha alcanzado un grado centígrado de aumento, pudiendo aquel dispararse próximamente (de acuerdo a estimaciones del IPCC) a dos, cuatro o cinco grados durante el presente siglo.

Una muestra de los efectos que podría comenzar a tener la reducción del oxígeno oceánico puede verse, a nivel inicial, en los distintos eventos de varazón y muerte masiva de especies marinas ocurridos alrededor del planeta, por ejemplo los acaecidos recientemente en las costas de Estados Unidos, Vietnam o Chile. Dichos eventos, asociados posiblemente a una aceleración temporal de la caída en los niveles de oxígeno marino como resultado de un ENSO particularmente agudo, podrían producir en los próximos años importantes crisis de subsistencia en amplias regiones del globo. Esto último en la medida en que la intensidad de dichos eventos aumente como producto del calentamiento global y la progresiva acidificación de los mares.

En el caso de que consideremos ahora un aumento de tres o cuatro grados centígrados de calentamiento global (escenario altamente probable durante este siglo), nos estaríamos refiriendo aquí a una situación de stress ecológico y posible crisis terminal de la mayoría de los ecosistemas del planeta. De acuerdo a la ONU, por ejemplo, un calentamiento global que alcance los 3.5 grados centígrados alcanzaría para producir la muerte de una gran parte de las especies marinas, aquello al ocasionar una drástica disminución de la base alimentaria de la cadena trófica oceánica. Esto podría decantar, a su vez, en importantes reducciones en los niveles de oxígeno atmosférico:

“El programa medioambiental de las Naciones Unidas predice un incremento de 3.5 grados centígrados para el 2100. Un incremento de este tipo podría remover el hábitat de los seres humanos de este planeta, aquello tan pronto como la casi totalidad del plancton en los océanos sea destruido, asociándose además estos cambios de temperatura a la muerte de una gran cantidad de plantas terrestres. La especie humana jamás ha vivido en un planeta 3.5 grados centígrados por encima de la actual línea de base”[1].

¿Y qué efectos podría tener un aumento de 5 o 6 grados centígrados de la temperatura mundial en la producción del oxígeno terrestre? En este caso, estaríamos hablando nada menos que del colapso casi total de la producción de oxígeno oceánico, responsable como dijimos de suministrar más del 50% del volumen total del oxígeno en la atmósfera. Esto último de acuerdo a un reciente artículo de los investigadores Yadigar Sekerci y Sergei Petrovskii de la Universidad de Leicester en Bulletin of Mathematical Biology. Dicho de otra manera, una reducción de los niveles de oxígeno terrestre comparable a las ocurridas en algunos de los eventos de extinción masiva más importantes del pasado geológico. Tal como plantea Sergei Petrovskii, líder del equipo de investigadores de dicho estudio:

“Cerca de dos tercios de la totalidad del oxígeno atmosférico es producido por el fitoplancton de los océanos y, por lo tanto, la cesación de su producción podría resultar en el agotamiento del oxígeno atmosférico en una escala global. Esto podría provocar una mortalidad en masa tanto de animales como de humanos”[2].

Cabe recordar en este punto que los niveles de oxígeno en la atmosfera ya vienen cayendo desde tiempos pre-industriales a valores cercanos al 20%, constituyendo toda cifra por debajo de un 14% un nivel inviable para la vida humana. Lo anterior debido a que dichos niveles implicarían porcentajes iguales o menores al 10% (limite biológico que puede soportar un individuo) en amplias regiones del planeta.

¡El fin del oxígeno! Este podría ser uno de los regalos póstumos de esta banda de maniáticos que hoy controlan los destinos del mundo: los capitalistas. ¿Puede alguien dudar así que, en su furia destructiva, el sistema capitalista ha abierto de par en par los portales del mismo infierno? ¡Bestias enloquecidas! Luego de intentarlo durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría con aquella verdadera espada de Damocles que significó la amenaza nuclear, hoy la burguesía lo ha logrado. Aquella ha convocado nada menos que al Apocalipsis: el enemigo principal, al fin descubierto, de la Revolución Socialista.

El Capitalismo y el Armagedón son ya uno en la dialéctica histórica, asumiendo la burguesía su último papel en la tragedia final de la lucha de clases: el de discípulo siniestro del fin del mundo. Trinidad maligna, oscura, cuyo objetivo es la aniquilación total de nuestra especie.

[1] Link artículo: http://www.tomdispatch.com/blog/175785/ (Traducción nuestra).

[2] “Failing phytoplankton, failing oxygen: Global warming disaster could suffocate life on planet Earth” (Science Daily). Traducción nuestra.

[1] Lic. y Master en Arqueología, Historiador. Coordinador Grupo de Seguimiento de la Crisis Climática Mundial (www.facebook.com/seguimientocrisisclimatica).

[2] Link artículo: http://www.tomdispatch.com/blog/175785/ (Traducción nuestra).

[3] “Failing phytoplankton, failing oxygen: Global warming disaster could suffocate life on planet Earth” (Science Daily). Traducción nuestra.


Master en Arqueología e historiador, coordinador del Grupo de Seguimiento de la Crisis Climática Mundial