Kate tiene 55 años, viste de monja y desde 2008 vive en una granja en el Valle Central de California, Estados Unidos. En 2013 creó su propia orden para dedicarse a cultivar marihuana con el objetivo de aliviar los dolores causados por enfermedades como el cáncer y la artitris.

Pero la verdad es que Kate no pertenece a una orden oficial ni tampoco profesa la religión católica. Es vegetariana, feminista y activista social. Pero aún así, hizo votos, viste hábito y bendice a sus plantas. Estos, son parte de los rituales con los que tanto Kate como su compañera de labores, Darcy de 24 años, practican día a día en su proyecto.

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Según indicó un artículo de BBC Mundo, la “hermana” Kate se ganó su rol de monjita cuando en 2011 activistas del movimiento Occupy, la bautizaron “Sister Occupy” luego que comenzara a participar de las protestas vistiendo atuendos religiosos.

En 2013, y tras cerrar la cooperativa en la que aprendió los efectos curativos de la marihuana, Kate, cuyo nombre de nacimiento es Christine Meeusen, decidió emprender este proyecto de cultivo de marihuana con fines medicinales, en el marco de una orden feminista que empoderara a las mujeres y volviera la mirada hacia la sabiduría de las comunidades nativas.

Tanto Kate como Darcy utilizan aceite de cocos y otros ingredientes naturales con los que elaboran un ungüento con base en el componente no psicoactivo de la cannabis, el cannabidiol (CBD), que distribuyen por correo postal a clientes de todo el mundo. Kate, quien es analista de sistemas como profesión, asegura que sus productos no contienen THC (tetrahidrocannabinol) el principal constituyente psicoativo de la cannabis, responsable de las alucinaciones. “Busqué el consejo de médicos, indígenas y herbalistas. De aquello salieron tres ingredientes comunes. Me deshice de algunos de los demás componentes, de otros modifiqué las cantidades”, asegura Kate.

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La vida de las Hermanas del Valle está tremendamente conectada con la naturaleza. Son veganas y célibes durante las dos semanas que distancian la Luna nueva de la Luna llena. Es sólo en este período, en el que elaboran su aceite. “Hay meditación, sanación, tenemos el corazón y el alma puestos en la elaboración de un producto que cura”, dice Darcy. Si hay exceso de pedidos, no tienen otra salida que producir también fuera del ciclo lunar, pero en esos ofrecen un descuento; tal es la importancia que le dan a la influencia de la Luna.