Entre los días 08 y 10 de junio, la sede de Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, acogerá a las/os representantes de gobiernos y estados, de la sociedad civil organizada en torno a la respuesta al VIH y de la cooperación internacional, quienes se reunirán a ratificar el compromiso de terminar con el SIDA al 2030. Pero, la ofensiva conservadora está ganando espacios y el documento final puede ser un retroceso respecto de lo que la región de las Américas ha comprometido; las/os activistas están alerta e incidiendo frente a sus gobiernos para mantener un lenguaje inclusivo y los recursos necesarios para lograr las metas.

UNGASS (2001) y la Reunión de Alto Nivel (2011) han marcado la pauta en la respuesta al VIH y Sida, convirtiendo estos eventos en instrumentos políticos para la exigibilidad de los compromisos por parte de la sociedad civil a los gobiernos y comunidad internacional.

Este año, el Secretario General de las Naciones Unidas ha dado a conocer el Informe “Acción acelerada para poner fin a la epidemia del SIDA” en donde revisa los avances de los compromisos contraídos en la Declaración Política sobre el VIH y el Sida firmada en 2011 y convoca a un nuevo compromiso para alcanzar un 2030 sin SIDA. ¿Será posible esto?
Hay logros que se deben resaltar sin dudas: El acceso a tratamientos antirretrovirales se ha incrementado, alcanzando las 15 millones de personas viviendo con VIH antes de terminar el 2015 , lo que ha permitido reducir en un 42% el número de muertes relacionadas con el SIDA, aumentando la esperanza de vida de las PVVIH. Otra meta alcanzada es la reducción de un 50% de nuevas infecciones en niñas/os (en América Latina en 2014, menos de 2.000 niñas/os contrajeron el VIH) y las muertes de mujeres entre 15 y 49 años se redujo en un 35% desde 2010. Aunque las nuevas infecciones en adultos y jóvenes se han desacelerado en un 8%, todavía es insuficiente, se requiere seguir trabajando en promover un conocimiento exacto de la epidemia junto a la promoción de preservativos, principalmente en gran parte de África Subsahariana.

La región de América Latina y el Caribe, en los últimos años, ha tenido un fuerte compromiso con la respuesta al VIH, estableciendo las metas 90-90-90 en el Primer Foro Latinoamericano y del Caribe sobre el Continuo de la Atención del VIH y Sida realizado en Ciudad de México (2014) que fueron revisadas en el Segundo Foro Latinoamericano (2015) realizado en Rio de Janeiro, Brasil, en donde además se acordó un “Llamado a la Acción” que incluye metas de prevención y cero discriminación para 2020.

La esperanza de un mundo sin SIDA para el 2030 está fundada, especialmente, en la evidencia que ha presentado la iniciativa Tratamiento 2.0 impulsada por ONUSIDA y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La reciente reunión de OPS realizada en Bogotá avanzó en evidencia del inicio temprano del tratamiento antirretrovírico (TAR) que llegan a reducir sustancialmente el riesgo de transmisión del virus en un 97%. Y además de debatir acerca de las estrategias de testeo en poblaciones claves y la profilaxis pre-exposición (PreP) en el marco del paquete de prevención combinada.

Las críticas a esta propuesta son dos principalmente: La primera es que el condón ha perdido terreno en la prevención, medicalizando la prevención, incluso con el Prep que es acceso a medicamentos ante un riesgo posible. Lo segundo es el costo de los tratamientos. De acuerdo a una investigación realizada en 2013 , en los países de América Latina , el 70% del gasto en VIH se asigna a tratamiento y atención y 18% a prevención, los cuales, en su mayoría son cubiertos con fondos nacionales. Si bien las cifras son positivas hay que mirar dos elementos que hacen cambiar la evaluación. Hay una desigualdad entre países, algunos de ellos financian gran parte de los tratamientos gracias a la cooperación internacional; y que el estudio analiza el escenario cuando las Guías Nacionales recomendaban inicio de tratamiento bajo 250 cd4.

En el caso de Chile, el mismo estudio revela que nuestro país alcanza una cobertura de tratamiento de 86%, una de las más alta de la región, pero que el costo de un medicamento puede ser 25 veces mayor que el costo en El Salvador, siendo el país que cancela los más altos precios junto a México.

La Reunión de Alto Nivel traerá debates y proposiciones respecto de la estrategia Tratamiento 2.0, lo más probable para consolidarla a nivel mundial. Pero un aire homofóbico liderado por Rusia y países árabes ha impugnado la inclusión de las poblaciones claves en el documento final. Desde el primer borrador (Zero Draft) conocido en abril hasta la revisión de la semana pasada y que se mantiene bajo embargo, el lenguaje ha cambiado, eliminando las poblaciones claves, como es el caso de hombres que tienen sexo con hombres, personas transgéneras, usuarios de drogas, trabajadoras sexuales y personas privadas de libertad. Esto sería obviar la evidencia existente, más en nuestra región que tiene una epidemia focalizada. La ofensiva conservadora puede dañar las estrategias dirigidas a la población más afectada por la epidemia.