2016 es un año clave por dos motivos. El primero, porque es un año electoral municipal (y nuevamente veremos campañas que promueven ideas de antaño, con rostros de siempre y futuros inciertos); y segundo, porque estamos transitando una coyuntura social y política de grandes proporciones -a nivel local y nacional- respecto al cuestionamiento de la actividad pública, el funcionamiento de las instituciones, el financiamiento a la política y el actuar ético de quienes pertenecen a una tienda partidista u otra. Este contexto es en el cual los/as ciudadanos/as claman por respuestas concretas a sus necesidades y -junto a ello- marcos mínimos de coherencia entre lo que se dice y lo que efectivamente se lleva a cabo en los diversos niveles del Estado; desde el nivel central, el aparato regional y, con mayor razón, desde el primer nivel territorial que se supedita al funcionamiento de los municipios.

El escenario actual de amplias manifestaciones sociales en favor de demandas históricas desde la ciudadanía, el rechazo a gestiones unipersonales autoritarias derechamente corruptas y el descontento producto del engaño orquestado entre la relación dinero y política, ha permitido la aparición de nuevas fuerzas que se constituyen como alternativa a la alicaída institucionalidad que gobierna los diversos espacios en disputa. Así, podemos ver cómo en el último año y medio se ha avanzado -con más fuerza que antes- en la conformación de nuevos partidos políticos y colectivos que logren encabezar un giro a la realidad que conocemos y, por tanto, a la historia que nos aprestamos a presenciar. El cambio y la renovación aparecen como grandes eslóganes que no son nuevos para quienes participamos de la actividad sociopolítica hace unos años. La diferencia es que hoy se ha logrado dar el salto desde la denuncia a la propuesta y desde la manifestación a la construcción de plataformas que logren llevar a cabo esos anhelos de cambio. En consecuencia, hemos apreciado el surgimiento de agrupaciones como Evópoli, Amplitud, Ciudadanos, Fuerza Pública, Todos, Poder, Izquierda Autónoma, Izquierda Libertaria, Emerge y Revolución Democrática, entre otras.

En Revolución Democrática hemos manifestado lo necesario que es colaborar con el proceso constituyente, la construcción de una democracia participativa que se vincule con los debates y las discusiones que se están desarrollando en los marcos institucionales locales y nacionales, junto al fortalecimiento de un sistema de financiamiento a la actividad política y a los partidos, que tenga como estándares mínimos la transparencia, la probidad, la rendición de cuentas periódicas y la recuperación de la confianza de las y los ciudadanos en los proyectos políticos colectivos surgidos en el último tiempo. Buena parte de ello es poder incidir en el debate municipal actual que, conforme avancen los meses, será cada vez más trascendental a la hora de definir el gobierno local de una comuna.

Hace un par de semanas, y como colectivo, hemos definido participar de la disputa electoral de las alcaldías de Antofagasta, Taltal, La Serena, La Granja, San Miguel y Castro. Desde Revolución Democrática nos parece ineludible instalar como foco de acción territorial la construcción de una nueva lógica de gobierno comunal, donde las y los vecinos puedan participar más abiertamente, recuperando la articulación entre las demandas y necesidades barriales, con mecanismos que propicien una gestión de mayorías y un vínculo permanente entre lo que se diseña (desde la política pública) y lo que se ejecuta en el marco institucional de un municipio. Desde allí innovar con plataformas de presupuestos participativos, iniciativas populares de ordenanzas municipales y reformas a la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades (integrando las figuras de mandato revocatorio y asamblea reguladora de la gestión del concejo municipal, entre otras), con el fin de democratizar el espacio comunal y, junto a ello, fortalecer la gestión local en torno a los principios de la participación y la inclusión de los diversos actores sociales y políticos que componen el contexto territorial.

Entender las lógicas del poder desde un cambio de paradigma del mismo es cambiar la historia. Abrir la democracia comunal a la promoción de iniciativas ciudadanas, la elaboración y presentación de proyectos comunitarios es cambiar la historia. Llamar a la participación a esas y esos que nunca han votado en una elección, que se han abstenido de manifestar una opción a la hora de enfrentarse a una papeleta cada cuatro años y siguen sumando al altísimo porcentaje de abstención electoral municipal (cercana al 60% a nivel nacional), es cambiar la historia. Porque creemos que podemos cambiar la realidad a la que nos enfrentamos, haciendo de la política una actividad digna, transparente, que construya de cara a la ciudadanía y que sea un instrumento para servir a las necesidades de las y los ciudadanos, este 2016 ponemos el énfasis en levantar los liderazgos comunales que colaboren con este proyecto colectivo que se construye desde los barrios y territorios para cambiar la historia del país.

Comprender que las elecciones cada cuatro años son una instancia particular de nuestro débil modelo democrático y que debe afrontarse desde la acumulación de fuerza, trabajo sostenido y articulación entre diferentes actores sociales y políticos que construyen desde los intereses locales, es una de las tareas primigenias del partido de la Revolución Democrática. Impulsar una democracia nueva que dinamice los procesos sociales a nivel territorial y comunal para aumentar el interés de las y los chilenos por su espacio local, se torna una responsabilidad que va más allá de la denuncia y que plantea la necesidad de avanzar en la socialización de las problemáticas y la búsqueda de soluciones, situando la disputa municipal como el primer paso para fijar nuestra posición ante esta realidad que debemos cambiar; por el bien de los barrios, su gente y el futuro de todo Chile.


Candidato a Alcalde por San Miguel. Consejero Político de RD