Una beca lo llevo a la tierra de Gabriela Mistral y del pueblo mapuche sin tal vez imaginarse que luego estaría llevando una intensa vida artística en la nación suramericana. Poeta, ensayista y artista del performance, Johan Mijail (Santo Domingo, República Dominicana, 1990) actualmente vive en Chile donde trabaja su arte rodeado de un extraordinario grupo de amigos y colaboradores. Mucho antes que él, ya habían pisado suelo chileno escritores dominicanos tan disimiles como Juan Bosch y Manuel Rueda a quienes les unía la práctica artística desde la disidencia. Desde la capital chilena, Johan Mijail continúa construyendo una obra que se ubica –o que quizás se desubica-  en el deseo de construir nuevos imaginarios estético-políticos y que dio sus primeros pasos en Santo Domingo, República Dominicana.

Empecemos desde cero. No hay que inventar la máquina del tiempo: la llevamos dentro. Háblame de tus orígenes, de tus inicios en el arte y la literatura.

Siempre he sido inquieto, muchas veces insoportable. Muchas, te digo. Recuerdo a mami dándome té de hojas de guanábana que nos regalaba una vecina que vivía tres casas más abajo en el lugar donde crecí: una casa grande, amarilla, con plantas. Esa inquietud después la transformé en una forma de relacionarme con la vida: mediante el arte y la escritura. Vivo en la inquietud y en la incertidumbre, en un estado constante de cambio, me gusta sentir, experimentar-me. Una necesidad muy mía de siempre estar imaginándome caminando y ahí dejando algo que me gusta ver. No creo en los orígenes, no sé qué responder al respecto.  Pero creo que esos orígenes están en ver fugas en esas maneras de hacer para sobrevivir en este mundo, tan heterosexual y violento.

¿Qué significa para ti el barrio y cual es el rol de la cultura popular en tus investigaciones y ejecuciones artísticas?

Me gusta mucho identificarme con la calle, las ciudades. Siempre recordar la importancia de Villa Juana (allá), San Bernardo (acá) en mi vida. Construir una memoria particular que me conecte con la clase trabajadora, con toda esa dignidad. Siempre me sueño en esos lugares, soy feliz ahí y en mis proyectos siempre están presentes porque trabajo conmigo y desde ahí genero diálogos: mi desobediencia, mi marginalidad, mi pordiosería. Se me nota que no nací y crecí en un contexto burgués y acomodado. Uno no llega a la política simplemente por convicción, sino porque, entre otras cosas, uno sabe que todo está atravesado por la clase y que te han dañado.

pordioseros del caribe

La temática de tu trabajo hiere muchas sensibilidades y presenta desafíos a la sociedad conservadora que van desde la ruptura ideológica al cuestionamiento de tabúes sexuales y socio-culturales de cierta raigambre colonialista en nuestra América. ¿Cuál ha sido la reacción del mundo cultural dominicano a esa labor y de forma más concreta, a tu último libro Pordioseros del Caribe?

No creo que les interese, quizás por ello no vivo allí. Pero le escribo a una isla que nunca me ha escrito a mí. Con ese texto, el año pasado me invitaron a la feria internacional del libro de Santo Domingo y ha sido la peor presentación que hice del mismo hasta el momento, me robaron cuando entré al salón a leer. No logré construir una atmosfera afectiva que siento genero cuando lo leo: el libro está escrito para leerse en voz alta, para ponerse a bailar en su constitución de bachata mal escrita, en su constitución de performance textual y sexual. Pero mis amigos estaban ahí, que siempre han sido la contención, como dicen en Chile, el apañamiento. Pero a la vez fue lúdico y hermoso: chapeamos muchísimo y volví a ver algunos amores que siempre vivo extrañando.

Vives en Chile desde 2012 ¿Cómo ha sido la acogida de los artistas, escritores y lectores en tu nuevo hogar?

Me gusta siempre cuando hablan de mi proceso migratorio mencionar a Samuel Ibarra Covarrubias, él es para mí ese ser que todos alguna vez tienen que conocer porque te actualizan el espíritu, porque te ayudan con esta inseguridad y entender todo esto como un compromiso político. Además de mis amigas del feminismo, con las que estamos constantemente construyendo nuestras biografías dañadas mediante la escritura y los activismos de la disidencia sexual.  Conocer por ejemplo, las poéticas de Daniela Catrileo y María Paz Valdebenito, la poesía travesti de Claudia Rodríguez, las aspiraciones escultóricas de Fabiola Burgos, los tejidos de Fabiola Hernández, el drag de Sebastián González (Dígase Selva), la gestión en la Galería Estudio Privado Arte de Enrique Lowe, al imaginativo Enrique Flores, los trabajos autobiográficos de Victoria Allende, el colectivo trans-escénico FuriaBarroka, entre muchxs otrxs que están haciendo eso: lo que no se espera. ¿Acogida? No sé, pero siempre estoy haciendo algo.

La época convulsa en que vivimos nos empuja a pasar revista al viejo debate del compromiso político y los artistas. ¿Consideras que los escritores y artistas deben intervenir en la cotidianidad? ¿Deben los creadores alzar sus voces ante la injusticia?

Pienso que el artista hoy, más que nunca,  debería de estar proponiendo siempre nuevas maneras de vivir y de relacionarse con la vida. Encuentro ahí una radicalidad inmensa: en ofrecer a estos contextos tan heterosexuales y aburridos nuevas maneras de producción de conciencia. Ello con el fin, de generar transformaciones en el devenir molecular de la política. Habitar el gesto creativo.

Cuéntame de tu experiencia migratoria y como ese nuevo capítulo en tu vida enriquece o altera tu visión. 

Siempre me he sentido extranjero. Incluso mucho más extranjero en la isla dominicana que en los otros países donde me ha tocado estar. Siempre me he sentido un extranjero, un paria del género entre una contradicción genital que a pesar de todo me dio una claridad: Hombre nunca he sido. Pero este “nuevo capítulo”, como dices, me está permitiendo trans-formarme mucho. Seguir entendiendo que no existe la identidad, fuera de las ficciones hegemónicas y masculinas que nos oprimen, que todo es siempre relación. Y en eso estoy: estableciendo una relación con un mundo extranjero que a su vez me está enseñando la importancia de potenciar las diferencias diferentes.

Quisiera por un momento volver la mirada al Caribe. En los últimos años, el racismo y la xenofobia han recobrado fuerza en dominicana. El caso más paradigmático de este hecho ha sido la implementación de una ley de corte racista que tiene como fin la eliminación de derechos ciudadanos y civiles a través de la desnacionalización de  miles de dominicanos de origen haitiano. ¿Cuál es tu parecer en cuanto a esta situación que se está viviendo no sólo en RD sino que en otros lugares del mundo?

Todo esto es la consecuencia de una amnesia histórica. El racismo está instalado con tanta fuerza en las mentes y cuerpos de las personas y los gobiernos que producen decisiones tan ignorantes como estas. Eso da rabia y vergüenza, ver como todavía continuemos reproduciendo esa violencia occidentalizadora donde queremos que los demás sean iguales a nosotros para poder vivir juntos. También la ignorancia de entender al migrante como productor de crisis cuando lo que está, realmente, en crisis es el capitalismo porque a pesar de que está en todas partes no funciona.

Foto: Jeff Lebowsky

Foto: Jeff Lebowsky

El cuerpo ocupa un lugar primordial en tu obra. Me sorprendería si fuera todo lo contrario: ese ha sido un tema milenario entre artistas, escritores, filósofos y científicos. En el ámbito político, la irrupción del feminismo ha contribuido a la  estructuración de una teoría y programa libertario del cuerpo femenino. Me gustaría que elabores un poco acerca de la influencia feminista en tu trabajo.

Recogiendo una cita de Itziar Ziga, sin el feminismo yo estuviese muerta. Sin el feminismo yo no había podido sobrevivir hasta ahora. En mi formación de no haber tenido –el privilegio, quizás- de toparme con tantas mujeres locas, mujeres malas yo estuviese muerto. En lo concerniente a mi trabajo encuentro en los feminismos la potencialidad de construir genealogías de resistencia y radicalidad política. Un lenguaje que habitar. En el último tiempo he estado trabajando con mi culo, por ejemplo, y todo el discurso de la contra-sexualidad. Emancipé mi culo con el feminismo, lo abrí para sentir las energías del universo en ese gesto de apertura, lo volví activo, lo puse a hablar de todo el desconocimiento que heredamos de esta cultura binaria y hetero-normativa. Inventé todo un ejercicio de amor vegetal que se sigue construyendo, descubrí mi propio proceso de trans-identidad.

¿Cuáles son algunos de los proyectos que te mantienen ocupado?

Estoy pronto a publicar un nuevo libro intitulado Inflamadas de retóricas: escrituras promiscuas para una tecnodecolonialidad que saldrá por Editorial Desbordes donde también se publicó Pordioseros del Caribe en 2014, el mismo es en co-autoría con un amigo científico y activista del Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS) llamado Jorge Díaz a quien admiro mucho. Este proyecto está bien intenso y hay muchas señoras involucradas [jajaja]. A su vez ocupo mucho tiempo en organizar unos ciclos de lecturas mensuales que se llaman Poéticas del Subsuelo gracias a la confianza de Álvaro Muñoz propietario de una librería llamada Subsuelo en el Centro de Santiago y todas las personas que se motivan a participar con sus poemas, ensayos, crónicas, performances. También escribiendo reseñas, comentarios y recibiendo invitaciones para presentar libros en diferentes contextos. Preparo performances, el amor vegetal. Además escribo una columna mensual en el Desconcierto

Terminemos con un  juego. Inventa una frase o una palabra para acompañar estos nombres: Aida Cartagena Portalatín , Josefina Báez, Pedro Lemebel, Mama Tingo, Walter Benjamin, Radio Guarachita, Villa Juana. 

Aída Cartagena Portalatín

-Soy la Aída de este tiempo.

Josefina Báez

-La Mayimba, una gran influencia. La dominicanyork sin diplomas

Pedro Lemebel

-Adiós mariquita linda

Mamá Tingó

-“No me arrepiento de ser mujer y negra, tanto como haber sido históricamente objeto sexual y de cambio”

Walter Benjamin

-Venme a buscar

Radio Guarachita

-Jajjajajaja

Villa Juana

-Mi abuelita fue la mejor