Estar hoy aquí en Conchalí para presentar “El Diario del Che Gay en Chile” no es hablar solo del libro de Víctor Hugo Robles, el libro habla por sí solo. Leyéndolo uno descubre los por qué de un personaje que ha tenido el coraje y la patudez de enfrentarse con su humanidad, con su sencillez, a un sistema, a una estructura férreamente pensada y construida por los poderosos y privilegiados de siempre, a los que hoy se han ido sumando, sin ningún pudor, sin ninguna ética, líderes que nos hicieron pensar que caminábamos juntos por el sendero de la justicia social, por los caminos por donde transita la gente sencilla como usted, como yo, como Víctor Hugo, caminos por donde transitó Andrés Pérez Araya. Pero no, nos engañaron una vez más. Hoy día estamos ante una clase política; empezando por la señora Presidenta, la mayoría de los parlamentarios, alcaldes, algunos dirigentes sindicalistas, en fin, autoridades, representantes elegidos por nosotros, nosotras mismas y que la codicia, la ambición por pertenecer al mundo de los dominadores los ha trasformados en los más feroces y despiadados enemigos de nuestro bienestar, defendiendo a empresarios, capitalistas y depredadores de nuestro presente, de nuestro futuro.

“El Diario del Che Gay en Chile” nos habla de un poblador que hace su propia búsqueda, contra moros y cristianos, para ser una persona íntegra, feliz. Si hasta hace unos años reconocerse homosexual, hueco, colita o maricón debía ser para callado, entre los pares. Hubo épocas en que se les persiguió y fondeó en el mar como sucedió durante el primer gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo, allá por los años 1927-1931. Carlos Ibáñez del Campo, candidato que luego fue elegido Presidente de la República de Chile en votación popular por nuestro pueblo. Nuestra memoria histórica es frágil.

Por eso hay que leer, prepararse. Por eso se le agradece a Víctor Hugo desnudar su historia y ponerla en nuestras manos a través de este significativo libro. Esto es una audacia, porque si bien es cierto, hoy esta democracia protegida nos han dado permiso para asumirnos como queramos y nos ha dado permiso para compartir nuestras vida con quien queramos a través de las uniones civiles, en verdad esos son permisos de los poderosos al perraje, ser maricón y ser poblador, pertenecer a la clase trabajadora, asumir un compromiso con la clase trabajadora sigue siendo peligroso, muchas veces nos cuesta la vida, otras veces nos avergüenza. Sí, nos da vergüenza asumir nuestra pobreza, nuestra marginalidad. Obvio, si todos los días, la hegemonía cultural emanada desde el poder político y económico dominante, lo único que nos remarcan es que hay que ser exitoso, hay que triunfar a costa de nuestros vecinos y vecinas, a costa de nuestra familia, a costa de nuestros valores. Y si no triunfas te hacen sentir un fracasado, una fracasada.

¿Ustedes creen que este sistema capitalista, instalado en nuestro país desde que los expansionistas españoles pisaron nuestra geografía, asesinando y evangelizando a todos los hombres y mujeres de los pueblos originarios, han respetado nuestra cosmovisión originaria? ¿Ustedes creen que esta casta quiere nuestro bienestar, nuestra libertad? ¿Realmente ellos quieren que cada uno, cada una de nosotros y nosotras seamos seres íntegros?

No nos equivoquemos. Aquí no se persigue el mariconerío, el puterío, la drogadicción, la delincuencia. Aquí se persigue a los que olemos a humedad, a libertad, a desorden.

Los Correa, las Bolocco, las Bachelet, los Don Franciscos, los Piñera, los Lagos, los Girardi. Ellos y ellas pueden vivir su libre albedrio sin ser castigados por el sistema. Ellos y ellas pueden disfrutar de sus sueños por pérfidos que ellos sean.

Yo no vengo aquí solo a hablar de un libro que cada uno de ustedes tiene la obligación de conocer. Si pues, si ser rebelde, querer cambiar las cosas, nos obliga a cada uno a ser intachales en lo ético, debemos prepararnos, estar alertas, leer, informarnos, conocernos, querernos y respetarnos como clase trabajadora.

Tenemos que conocer este libro porque Victor Hugo, a través de su vida, está hablando de nosotros y nosotras, que nos levantamos todos los días con la incertidumbre de no saber si nosotros, nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros hombres van a ser abusados, acosados por el Estado. Todo, todo lo que ocurre en nuestro país; falta de trabajo, falta de perspectivas, salud miserable, educación domesticadora, políticos corruptos, materias primas saqueadas por las trasnacionales donde están los Angelini, los Luksic, los Matte, los Cruz, huevones que ni siquiera conocen nuestras localidades, muchas de las cuales están sobresaturadas de minerales, con sus aguas envenenadas, donde hay consultorios sin ningún especialista en su interior, donde las escuelas son reductos para domesticarnos, nos preparan para mantenernos en la ignorancia, sometidos, sostenedores de este sistema, donde la mayoría de la población ha perdido todo, hasta su identidad. Todo lo que ocurre y deja de ocurrir en nuestro país está legitimado por esta Constitución Política escrita a espaldas de nosotros, escrita por los esbirros vendidos a los grandes capitales. A la fecha no hay ni un solo capítulo de la Constitución escrito por usted, por mí, por nuestros abuelos, por nuestras abuelas.

Por eso estoy aquí, por la libertad de todas las personas. Estoy aquí para hablar del libro y recordarles que deben leerlo y que cada uno de ustedes tendrá su propia visión y opinión de su contenido. Ustedes tienen la sensibilidad y la inteligencia para comprenderlo y sacar su propia opinión. Estoy aquí también para hacerles llegar mis inquietudes.

Don Luis Emilio Recabarren dio su vida por construir un país digno donde las traiciones entre nosotros no existieran. ¿Se han preguntado alguna vez cómo murió este sindicalista? Don Luis y todos los sindicalistas honestos de su época, le robaron tiempo a su familia para organizarse y trabajar por una mejor calidad de vida, un mejor trato para los trabajadores y su familia. Entre sus reivindicaciones estaba el eliminar las fichas pues el obrero al no recibir su dinero no podía distribuirlos según sus necesidades. En aquella época los obreros no conocían el dinero ni por casualidad y hoy por hoy muchos de ustedes están felices porque pagan hasta el pan con las tarjetas inventadas por el capitalismo. Los capitalistas no nos dejan tocar ni por un minuto ese dinero que nos lo presta por algunos instantes haciéndonos creer que el consumo es signo de bienestar.

Basta, rebelémonos, no aceptemos la prepotencia de nuestros gobernantes, gritémosles en su cara que no los queremos, que se vayan, que abandonen nuestro pueblo que ha sido testigo de miles de atropellos a los más desposeídos, que se vayan a sus paraísos terrenales, no queremos enterrar a más trabajadores asesinados, masacrados en nuestra pampa nortina, en nuestra Patagonia Magallánica.

Queremos ser felices con los hombres y mujeres que elegimos para amar intensamente, con los seres que queremos construir patria, una patria sencilla, donde El Che de los Gays pueda caminar por su barrio sin que nadie se burle de él, donde hombres, mujeres, homosexuales, lesbianas y trans puedan besar a su amor a plena luz del día.

Que los Cuevas, los Pérez, los Gutiérrez, los Jerez, los Ramírez, los Ríos dejemos de estar en desventaja. De nosotros y nosotras dependerá construir una patria libre. Por esto luchó y murió entre muchos y muchas otras Ernesto Che Guevara.

Por todo esto Víctor Hugo escribe su libro lleno de ímpetu, de rebeldía. Por esto el Che de los Gays se merece mi respeto, mi cariño.

Gracias compañero por tu compromiso con la justicia, con la libertad, con tus orígenes.

*Texto leído por Rosa Ramírez Ríos, teatrista profesional independiente y directora de la Compañía Gran Circo Teatro, durante la presentación de “El Diario del Che Gay en Chile”. Santiago de Chile, Biblioteca Pública Municipal de Conchalí, 22 de abril de 2016.


Teatrista profesional independiente y directora de la Compañía Gran Circo Teatro