Polémica causaron los dichos del exministro del gobierno de Piñera y actual presidente de la Asociación de AFP, Rodrigo Pérez, reveladas hoy en La Tercera. “La jubilación de las mujeres es un gesto de galantería que nos cuesta caro”, señaló, en referencia a la opción de jubilación anticipada que permite que las mujeres adelanten el proceso a los 60 años versus su alta expectativa de vida. En El Desconcierto te mostramos las cifras reales de la “galantería”:

La justificación tradicional para la jubilación anticipada tiene que ver con un reconocimiento a la doble jornada laboral que enfrentan. En un estudio de 2013, la OCDE señaló las mujeres chilenas se retiran efectivamente -pensionadas o no- a los 70,4 años en promedio, la mayor edad entre los 34 países integrantes de esa organización. Según la Fundación Sol, además, el 49% de las mujeres que trabajan habiendo cumplido la edad de pensionarse tienen 65 años o más.

Las pensiones de las mujeres chilenas, además, son un 34% más bajas que las de los hombres. Según la Superintendencia de Pensiones, en mayo de 2015 la pensión de vejez promedio por la vía del retiro programado alcanzaba $152.929 en el caso de los hombres, mientras que para las mujeres el monto mensual es de $98.585. ¿A qué se debe esta diferencia? Según informes como el de la Comisión Bravo el 2014, la OCDE el 2013 y Comunidad Mujer el 2015, esto se debe a la discriminación salarial que sufren las mujeres, el reparto desigual de las tareas domésticas y de cuidado y los mayores costos que tiene el sistema previsional para ellas.

Los tres factores se cruzan entre sí. De acuerdo al Centro de Estudios Longitudinales de la UC, el 80% de los hombres chilenos no cumplen roles domésticos ni de cuidados, por lo que las mujeres de sus familias son quienes tienen una doble jornada laboral. Esta, además de incidir en su salud física y mental, perpetúa el prejuicio cultural que las asocia exclusivamente a estas tareas, lo que redunda en que está socialmente aceptado que ganen, en promedio, un 21% menos que sus pares hombres. Además, los mayores costos del sistema previsional tienen que ver con que las entidades proveedoras de salud “castigan” la capacidad de gestación de las mujeres, subiendo sus planes de cotización cuando están en edad fértil. El reparto desigual de las tareas incide también en que suba su costo de contratación, ya que, según el informe 2015 de la Comunidad Mujer, los empleadores reducen sus sueldos “como anticipo del posible costo que deberá enfrentar con el pre y post natal, fuero maternal, derecho de alimentación, sala cuna y/o ausencias en caso de enfermedades u otros, de los hijos pequeños, o por la presunción estereotipada sobre la carga que representa la familia sobre el tiempo y la energía de las trabajadoras y su presunto efecto en la productividad y eficiencia de ellas.”

Otro factor es la alta tasa de inactividad laboral de las mujeres. Mientras que Chile ofrece una de las tasas de participación laboral femenina más bajas del mundo, con un 48,2%, el 74,3% de las mujeres que está fuera de la fuerza laboral lo hace por “razones familiares permanentes” (NENE, Mar-Abr-May 2015). Es decir, un millón 364 mil mujeres no están acumulando recursos en sus cuentas individuales de previsión social por trabajo doméstico y de cuidados que no es reconocido, valorado socialmente ni remunerado.

La “galantería”, además, anticipa una crisis no sólo previsional, sino que de condiciones de vida de las mujeres mayores, ya que con $98.585 promedio -y en muchos casos, mucho menos- apenas superan la línea de la pobreza. El aumento de la expectativa de vida redunda en más trabajo para ellas, ya que al jubilar deben hacerse cargo casi exclusivamente de las tareas de cuidado a parientes enfermos o de mayor edad.