Felipe Lizama Silva fue ordenado sacerdote el 2012 y es un asiduo comentarista del acontecer nacional, utilizando recurrentemente su cuenta personal de Facebook para hablar de la contingencia nacional e internacional. Por eso era esperable que emitiera alguna opinión respecto a la comentada destrucción del crucifijo de Jesucristo de la Iglesia de la Gratitud Nacional ocurrida ayer en el centro de Santiago durante la marcha estudiantil.

Lo que sí sorprendió a sus conocidos fueron las enardecidas palabras que Lizama dedicó a los autores del acto. “¿Dónde está nuestra gratitud?”, se preguntó con rabia, afirmando estar de acuerdo con las justas demandas del movimiento estudiantil, pero repudiando profundamente la destrucción de la imagen de Cristo. Así, el cura blasfemó contra los encapuchados con una serie de garabatos típicos del repertorio nacional.

“Perdón por las palabras, ojalá me entienda… En el año de la misericordia siento que Dios me llama a más… A amar al CTM que hiere y destruye, que se mete a un templo de paz, saquea, destruye y celebra su actuar… ¿Qué pasa con los DDHH? ¿Quién responde? ¿Quién hace una autocrítica? ¿Qué viene después?”, apuntó.

El sacerdote además dejó entrever que, si fuera por él, castigaría a los manifestantes con la pena de muerte, tal como ocurría en las páginas del Antiguo Testamento: “En tiempos de Moisés la sentencia era clara… Los pasamos AL FILO DE LA ESPADA: que se haga como ellos hicieron, que se mueran, que Dios los maldiga. Esos sentimientos se me vienen, y son los primeros. Están ahí”.

Finalmente, remató con una furiosa frase en mayúscula contra los encapuchados: “QUE DIOS HAGA JUSTICIA CON ESTOS CTM”.

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Cabe mencionar que después él mismo resignificó el “CTM”