En el documento de origen estadounidense sobre libertad de prensa,(no libertad de empresa, Freedom of Press, 1947), autores como William Hocking, Harold Laswell, Reinhold Niebuhr, Arthur Schesinger- reconocen que los medios expresados en el concepto de prensa ya abarcativo de medios gráficos y electrónicos estaban adquiriendo un significado mucho más allá de sus primeras apreciaciones amplificadoras propias de las tecnologías. Pero, por sobre todo, connotando las partes interesadas en la libertad de prensa.

“Siempre que hay dos partes en el seno de una comunidad, existe también una tercera parte: la comunidad misma. Como totalidad social que incluye a todas las parejas de productores y consumidores nacionales, la comunidad participa en el impacto de toda conversación; pero especialmente en las expresiones dirigidas a grandes colectividades. Toda comunicación, aparte de su significado directo, tiene efectos sobre los comunicadores, sobre el conjunto social y sobre las normas comunes que miden la libre cohesión del grupo”.

Este documento fue el que dio origen al concepto de responsabilidad social, frente a los modelos autoritarios del siglo XVI y XVII de corte monárquico y vertical, o al libertario de Milton, Locke, Mill y la filosofía general del racionalismo y los derechos naturales, o al modelo soviético totalitario.

Lo fundamental para estos autores, con la concepción de la prensa como responsabilidad social, era por sobre todo llevar los conflictos al plano de la discusión. Se valorará la opinión de la comunidad, es decir, de todos los actores sociales con capacidad de opinión en el contexto de una ética profesional.

“Pero lo que una mente hace con el hecho o con una opinión es ampliamente diferente cuando esa mente está serena o cuando está intranquila; cuando está infectada de desconfianza y resentimiento; cuando es crédula o cuando está abastecida con los recursos de la crítica: cuando hay en ella esperanza o cuando hay desesperación.

Más aún, el consumidor es un hombre diferente cuando tiene que juzgar solo a la prensa, o cuando su juicio se equilibra por el de otros factores sociales. La expresión de ideas libres y diversas puede resultar en confusión, a menos que disponga de medios- a través del hogar, de grupos de referencia y de normas y valores de consenso colectivo, para interpretar los diversos modelos de pensamiento y sentimiento.

No existe nada que pueda llamarse “objetividad” de la prensa, a menos que el lector pueda identificar los objetos de los que se le habla.

Que un momento y lugar determinados existan las condiciones psicológicas bajo las cuales una prensa libre tiene significación e importancia social siempre cuestión de hecho, no de teoría.

Estas condiciones mentales pueden perderse. Y pueden también crearse. La prensa misma es siempre uno de los principales vehículos en la destrucción, o la construcción de las bases de su propia importancia.