“Presidenta de funcionarios del Sename dice: Históricamente el servicio ha sido de la DC

Leí este titular en un medio digital y pensé en Lissette, la niña que murió recientemente ahí, en dependencias del Servicio Nacional de Menores, y en las tantas niñas, niños y adolescentes que allí han muerto o que han sido abusados de distintas maneras, abuso físico, psicológico, sexual, entre tantas formas de morir por obra y gracia de gente como esta, hombres y mujeres de carne y hueso que se apropian y usufructúan de los recursos del Estado para sus intereses personales y corporativos. Obviando que el Estado está para respetar y garantizar los derechos de las personas y el bienestar de la ciudadanía.

Estando todo esto denunciado hasta por militantes DC que hoy renuncian, transparentando lo que hace rato saben, ¿cómo se hace justicia?, ¿qué corresponde hacer? Hace poco otros militantes renunciaron a sus partidos por otras razones, como si eso les ayudara en la credibilidad. ¿Acaso solo ahora existen los problemas por los cuales se van?, quizás renuncian porque sus barcos hacen agua por el peso de sus propias malas prácticas (el peso de su propia caca, quise decir, y me censuré), barcos que obligan a compartir consecuencias indeseadas, dolorosas.

Estas son formas de violencia para las cuales no hay un nombre preciso, de tan naturalizada esa forma de actuar, sin importar los costos. Y con costos decimos personas, vidas, como ocurre en el Sename, entre otras instituciones del Estado que dicen proteger a las personas, promover sus derechos. ¿Acaso no es insano esto?

‘Parcelas’, cuotas de poder, cuoteos políticos, historia vieja y rancia que percibí a medias cuando adolescente. Y que me fue dicha directamente hace años por una militante DC: tú siempre vas a tener problemas de trabajo porque no eres categoría A, B o C, o sea, no eres DC, PPD o PS (así hablamos en el país de las siglas). Con esta militante DC hacíamos talleres de género para funcionarias y funcionarios públicos en los años 90, como parte de un programa nacional de seminarios de capacitación del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), licitación ganada por dos ONG que a su vez necesitaban preparar a sus integrantes (a “nuestros cuadros”, como dijo un directivo del CED). Hubo que llamar a algunas feministas a conformar este equipo (entre ellas yo, licenciada en antropología, sin militancia). Era un desafío “transversalizar la perspectiva de género”, es decir, que en el aparato del Estado se considerara esta dimensión estructural de la desigualdad. En esos seminarios distribuí por iniciativa propia –lo que fue aceptado- el artículo “La nobleza perdida” leído hacía poco y referido al quehacer de las y los funcionarios públicos, reconociendo y enalteciendo la actividad de este segmento importante de la población. Mi padre fue funcionario público (“el Estado somos todos” me dijo una vez, ante una pregunta). Estuve a punto de renunciar a participar en esos talleres porque en el material didáctico que me tocó preparar usé los términos “macho” y “hembra”; la funcionaria DC del Sernam que coordinaba la actividad exigió que fuesen reemplazados por “hombre” y “mujer”, lo que no acepté, era entender poco y nada del asunto. En ese servicio cumplían mandatos internacionales, sin saber cómo (incorporar la cuestión de género no es precisamente “incorporar a las mujeres al desarrollo” o “al trabajo” como su equivalente, en las condiciones que conocemos, con los costos que sabemos).

La conversación con la militante DC ocurrió en uno de los viajes por el país haciendo seminarios, siendo ella funcionaria de un ministerio público donde ganaba un alto sueldo, percibiendo a la vez honorarios y viáticos por este trabajo que compartíamos. En una de las ciudades donde estuvimos, la militante se alojó en las dependencias que allí había para funcionarios del ministerio donde trabajaba, no tenía que pagar. Yo pagué por mi alojamiento en un hotel, junto con recordar que mi padre había trabajado 40 años en el mismo servicio que ofrecía dichas dependencias. Creo que se lo conté, quizás dónde estará trabajando ella ahora.

Esta clase de asociaciones me produjo leer este titular y el artículo sobre la gravedad de lo que ocurre en el Servicio Nacional de Menores, “históricamente al servicio de la DC”, según denuncia la presidenta de la Asociación Nacional de Funcionarios del Sename (AFUSE). Así también otras instituciones públicas como el Sename, donde “se privilegió la militancia”, “no la experticia”, “gente que aporte en estos temas”, en palabras de dicha presidenta, Alicia del Basto, una práctica que “antes era mesurada” y que se fue extendiendo cada vez más, con los costos de todo tipo a la vista, partiendo por los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes, literalmente violados sus cuerpos, sus vidas.

Aparte de la pena, un asco por donde se mire.

Y luego se espantan y arman gran revuelo por la rotura de un Jesucristo de yeso. No supe si el ministro del Interior u otro fueron a ver el cuerpo de la niña Lissette.

 


Feminista, Licenciada en Antropología