Es difícil para algunos creer que una universidad con el nombre de quién reivindicó el derecho a la rebelión o derecho a resistencia a la opresión como Santo Tomás, y que tiene un carácter públicamente religioso, pueda cometer abusos contra trabajadores como los que paso a relatar.

Hace dos años, el 2014, comienza un maltrato sistemático sobre cuatro funcionarios de la institución, más precisamente sobre la Dirección Nacional de Bibliotecas Santo Tomás, cuyo trabajo centralizado en estas cuatro personas entre compras, ingreso a base de datos, procesos técnicos y embalaje constaba de entre 15 a 30 mil volúmenes y afectaba a 8 bibliotecas sin personal mas las otras a lo largo de Chile, lo cual representa un evidente exceso de carga laboral.

Amenazas como “te voy a reventar”, “no hables con esta persona”, “cuídense que este es el mes de los despidos”, “no hacen nada bien, son todos flojos”, “no me gustan los idiotas creativos”, “a ti no te van a contratar”, “menos mal que nunca he trabajado en eso, es para gente tonta” son algunas muestras de este difícil camino. A esto se suman cadenas con más de 60 correos, reuniones extensas con “encerrona”, burlas y gritos; y el cambio por más de un año de multirut en boletas de honorarios para una trabajadora, esto comprobado por la Inspección del Trabajo.

Y lo peor estaba por venir, comenzó un menoscabo por situaciones personales y familiares: un libro sobre “adulterio” arrojado en reiteradas ocasiones al escritorio de la trabajadora con la posterior burla “es para ti parece”, la insinuación de daño hacia su hija “si se acerca a mi hija la mato”; la discriminación hacia un funcionario “para lo único que le alcanzaron las neuronas es para embalar cajas”; alusión al abuso sexual sufrido por una funcionaria “tú no eres nadie; entiende, eres poca cosa nadie, se va a fijar en ti”; la duda sobre la condición sexual de otro funcionario “este es un maricón, usa más cremas que yo”, “ya va al baño a encresparse las pestañas”, “es el artefacto de lujo de la oficina, no hace nada”; “estos son comunistas”, “su mamá es una india”, “pobre weón que tiene una neurona para no cagarse parado”, “la Teletón vale callampa”. Todo esto amparado por una jefatura e institución indolente que contrata, mantiene y defiende a personas que se alejan del razonamiento de Tomás de Aquino que dicen defender.

Como trabajadores ante este escenario acudimos al Sindicato UST y pusimos una denuncia por vulneración de derechos en la Inspección del Trabajo inscrita con el N° 1350.2015.136, la cual demostró todo lo anteriormente descrito.

El hostigamiento siguió y empeoró, frases reiterativas y despectivas como “gente que se hace la víctima”, “tengo tantos problemas”, “pobrecitos tuvieron una vida difícil, yo no sé lo que es eso”, “andan llorando”, “fueron al sindicato de vagos”, “que se haga cachirulos si cree que le van a pagar el honorario”.

Ante este escenario, nuevamente, junto a nuestro Sindicato, pusimos una demanda por vulneración de derechos fundamentales en el 2º Juzgado de Letras del Trabajo de Santiago, ya que no veíamos la voluntad real de la empresa de solucionar, ni reconocer nada.

Sufrimos la censura y dejamos de existir prácticamente para UST. Trataron de “deshacerse del problema”, cambiándonos de sede a un subterráneo sin luz del sol y teniendo a un funcionario una semana trabajando sin oficina en un baño.

Decidimos hacer público esto, pues esta empresa privada que es de las que más fondos reciben del Estado, según estudio de Contraloría a través del CAE, y tiene a sus estudiantes hoy hacinados y en paro, también maltrata y abusa flagrantemente de sus trabajadores, lo peor de todo no se hace cargo del daño psicológico y psiquiátrico provocado por estas malas prácticas, que ha sido comprobado por profesionales de área.

“Y no es raro, pues el hombre, despojado de la razón; se deja arrastrar por el instinto, como la bestia, cuando gobierna” –Santo Tomás de Aquino (“Gobierno de los Príncipes” México, Ed. Porrúa 1996, Pág. 262)

Firman la denuncia:

María Angélica Rojas Lizama
Loreto Millar Valle
Felipe Troncoso Seguel
Herbert Golle Clark