Chile vive una crisis de rectitud, no una crisis de confianza. La diferencia entre una y otra es el lugar donde se buscan las responsabilidades y las correcciones. No se trata de pedir que el público confíe, sino de que las autoridades actúen con honestidad, transparencia y sentido del bien común. Ese ‘sentido común’ está en construcción. A diferencia de los sitios web, aquí el espacio está abierto, funcionando y construyéndose a la vez, de modo que todo sucede ahora y nada puede ser enviado al futuro.

Lagos pide crear instituciones que permitan escuchar a los ciudadanos. Pero los chilenos ya no se conforman con ser escuchados por paredes. Ya no les basta el derecho a petición, los silencios interminables que siguen, ni los rechazos sin fundamento. Piden ser acogidos con respeto real y no con escuchas vacías.

No se trata de crear instituciones de escucha, extensiones de los servicios de inteligencia que agregarían a la vigilancia un protocolo de cortesías. No hay escucha de la que no sea parte el escuchado. Las escuchas políticas son necesariamente parte de un diálogo; lo otro es paternalismo y demagogia. Se trata de que el Estado ceda espacios que ocupa indebidamente. Se trata, como dijo hace unos días la Presidenta Bachelet, de asumir la dificultad de ceder espacios a la ciudadanía desde el Estado.

El mismo estadista plantea ver cuáles van a ser las instituciones políticas del futuro. Pero ya no se trata del futuro mecánico que nunca llega a tiempo para la cita. Se trata de descubrir los vínculos que emergen, ahora, en el modo de relacionarse de las instituciones actuales. Se trata de constatar la diversidad del Estado y de hacerla congruente con la diversidad ciudadana.

El futuro no le pertenece a un chip más rápido sino a una urgencia ética más apremiante. El Estado necesario es el que crea las condiciones para acoger –más que para escuchar- a los más postergados y proporcionarles las plataformas para su propia defensa y promoción social. Esto quiere decir que, tal vez, las instituciones que necesitamos deban transferir todo asistencialismo a organizaciones propias de la sociedad civil.

La inadecuación de los dispositivos de escucha y de debate político se refleja en los formularios de los cabildos locales. Ellos están pensados para ser tabulados. El concepto de la consulta no es recoger la opinión ciudadana, sino encuadrar la opinión en un dispositivo de contabilidad. Las cuentas son lo primero y lo que se cuenta queda relegado. Lo digo para marcar la diferencia, no para criticar el proceso de debates. La relación entre tecnología y ciudadanía debe ser re-jerarquizada a favor de la ciudadanía. Esto es lo que no entienden los hombres del pasado que gustan de hablar en nombre del futuro.


Director Fundación Chile Ciudadano