Hay documentales que fueron hechos para poner de forma manifiesta una opinión o punto de vista, algunos hechos para hacer un juicio sobre nuestra sociedad, e incluso hay algunos que tratan de provocar el cambio de actitud en la audiencia que lo está viendo. A mí me gustan algunos de esos documentales.

Lo que quiero decir, es que al menos cuando partieron eran piezas bien construidas, ya que representaban el punto de vista de alguien. Eran piezas eminentemente autorales, como las películas de Michael Moore, y sin importar la posición desde la cual uno era testigo de lo que pasaba, aplaudías lo que producía el talento técnico a la hora de construir y editar una pieza que buscaba tu convencimiento.

Pero, personalmente, creo que ha habido un abuso de este tipo de narrativa y estilo visual, instalado por directores como Moore o Spurlock, ya que ahora cada documentalista busca hacer un “importante descubrimiento”, o emitir una “frase demoledora”, o simplemente entrar en el ámbito de un “tema importante”. Hay una predisposición a una mirada ecológica o social y, aunque positiva por su existencia en tanto la necesidad de un punto de vista, cada vez resulta más “bruto” a la hora de presentarla.

Entra entonces Los Castores, una película sobre una crisis ambiental: los castores se están apoderando de la Patagonia chilena, haciendo represas, desviando ríos, destruyendo árboles milenarios, volviendo el suelo completamente inutilizable para siembra, árboles o siquiera para el pastoreo. Incluso el documental hace la salvedad de que el daño que realizan estos animales es de tres a cinco veces más grande que el que podría llegar a hacer el ser humano mediante represas artificiales o con las operaciones mineras que han sido tan bulladas en los últimos años.

El gobierno no está tomando en cuenta el riesgo de lo que sucede, así es como irrumpen nuestros protagonistas: una pareja de biólogos que hace todo lo posible para investigar lo que sucede y lo que podría llegar a hacerse para frenar la plaga, llegando al límite de ellos mismos tener que matar a todo castor que encuentran. Con esa premisa, alejada de lo que podría ser un típico documental sobre una crisis  natural, podemos apreciar el punto de vista de los realizadores: se ponen del lado de los biólogos y la gente que está siendo profundamente afectada por los animales, sin importar los posibles derechos (inexistentes) que podrían tener.

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Sin embargo, al mismo tiempo, los directores no se esconden de los elementos que podrían poner en duda la meta de estos biólogos, que parecen ser el único ejército que combate la plaga. Podemos ver como la mayor parte de la gente que se queja contra los castores es de clase alta, patrones latifundistas que sólo ven la pérdida de ganancia como principal consecuencia de todo el incidente. Luego está también la larga secuencia en la que encuentran a un castor muerto y empiezan a disecarlo. O las constantes escenas en que uno de los biólogos trata de dispararle a un grupo de castores con un rifle.

Así es como cuando se presenta un buen argumento a favor de la desaparición de los castores, sobre todo en un ecosistema tan frágil como es en el que se encuentran, nos vemos confrontados con el horror de algunas de las acciones que los personajes realizan para reducir esa comunidad animal. Incluso vemos a la pareja matar y luego cocinar a uno de los castores, sólo para saber a qué sabe (y luego encuentran que sabe bastante bien). El documental se queda en estos momentos, y es ahí donde aparece la oportunidad de la discusión e incluso la controversia.

Este documental ganó el premio a Mejor Película en la competencia chilena del Festival de Cine de Valdivia, y debo decir que para el año de su estreno original (el 2014), no creo que haya mejor película chilena. Es una cinta completa, que hace muchas preguntas y genera discusiones más que entregar el punto de vista de los realizadores como respuesta final. Aunque uno termine entendiendo que los castores son una plaga que debería desaparecer, acaba preguntándose si tal vez no habrá formas mejores de hacerlo.

Título: Los Castores. Dirección: Nicolás Molina, Antonio Luco. Guión: Pablo Núñez, Nicolás Molina, Antonio Luco. Fotografía: Nicolás Molina. Montaje: Camila Mercadal, Valeria Hernández. Sonido: Roberto Espinoza, Roberto Collío. País: Chile. Año: 2014. Duración: 68 mins.


Jaime Grijalba